Mt 13, 47-53 – 3 de agosto – XVII Jueves durante el año

 

 

Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

¿Comprendieron todo esto?» «Sí», le respondieron.

Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo.» Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

Palabra del Señor

Comentario

“Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo:—y sigue diciendo la Carta a los Hebreos— ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.       

La Palabra de Dios penetra hasta el fondo de nuestra vida, quiere penetrar; corta no por cortar, sino que corta para poder penetrar, no hay otra forma.  Por eso nos podríamos preguntar: ¿Por qué muchas veces escucho la Palabra de Dios y no pasa nada, es como si no leyera nada?

Alguien me dijo en estos días: “A mí me hacen doler mucho muchas cosas que dice padre; ¿porqué a veces Dios es tan duro?”. Me salió decirle: Sí puede ser, a veces la Palabra de Dios es difícil, es dura, es cortante; también me pasa cuando me muestra algo que no va bien en mi vida, pero… estoy seguro de que ese no es su primer fin; la Palabra de Dios quiere penetrar hasta el fondo del alma, para abrazar, para consolar, para sanar lo roto, quiere llegar hasta la raíz para transformar nuestra vida desde adentro —desde lo más profundo—, no desde afuera, no superficialmente. Cuando escuchamos no lo hacemos solamente para pensar en qué tenemos que cambiar o qué tenemos que hacer; si no quiere ser bálsamo para el alma y por eso es un camino más largo, más difícil, pero más lindo.

Entonces, dejá que penetre hasta el fondo del corazón, tenés que escuchar más, tenés que tratar de comprender mejor; si no pasa nada cuando escuchaste, tenés que tratar de volver a leer, escuchar y profundizar. Poné el audio varias veces si es necesario. ¿Qué perdés? Alguien también me dijo estos días: “La verdad que me hace bien escuchar diez minutos, no es nada, si al final los pierdo en ver televisión, en ver cualquier cosa”. Es así, ¿no? ¿Cuánto tiempo dedicamos a que otras cosas penetren en nuestra vida, y no tanto a las cosas lindas de Dios?

En algo del evangelio de hoy escuchamos otra parábola acerca del Reino, una de las últimas parábolas donde Jesús nos quiere explicar qué es el Reino de Dios, y es un poco difícil ¿no?, porque la lógica del Reino de Dios no sigue la lógica humana; escuchamos la otra vez que los peones del campo quieren arrancar la cizaña —como haría cualquiera de nosotros—, sin embargo Dios dice: «No, no arranques, esperemos hasta el final no vaya a ser que arranques sin querer algo que sea bueno».

Hoy también la lógica de esta parábola diría que un pescador mientras va pescando y ve que pesca algo que no sirve lo tira al mar mientras va pescando, ¿porqué?, para no cargar hasta la orilla algo que no será de provecho, algo que le genere basura. Sin embargo hoy la parábola dice: “…los pescadores la sacan a la orilla…”; o sea Dios que está mirando la historia desde arriba con misericordia, está “pescando” continuamente, tira la gran red de su amor al mundo que es el mar para sacar toda clase de peces, toda clase de peces —dice la parábola—, no los que vos pensás que se “merecen” la salvación, los que se merecen ser pescados; la red atrapa todo: los buenos, los malos, los feos, los lindos, los grandes, los chiquitos, los gordos, los flacos, los rubios, los morochos, los de más plata, los de menos, todos los hombres-peces de la historia del mundo.

¡Cuidado!, la red del Reino de Dios quiere salvar a todos, el Señor es el primer gran interesado por salvar a todo hombre, a vos y a mí, en primer lugar, y cuando llegues al final de la historia de tu vida Dios Padre te podrá decir: «Este se merece y quiero que esté conmigo para toda la eternidad». Dios quiere la salvación para vos, empezando desde hoy.

Entonces vos no sos quién para andar mirando quién se merece y quién no se merece; quién es bueno y quién es malo; ¡no!, eso dejalo para Dios, para el final.

¿Comprendiste esto? Es difícil, es una lógica difícil pero tenés que dejar que te transforme, tenés que dejar que la misericordia de Dios te haga ver las cosas de otra manera; sólo al final de la historia se tirará lo que no sirve, mientras tanto misericordia y tirando la red por todos lados. Los peces que menos parecen, a veces son los que más se convierten.

Muchas veces vienen madres muy dolidas a hablar con nosotros los sacerdotes, porque sus hijos están muy lejos de Dios, porque sus maridos no se acercan, porque están enfermos o llegando al final de sus vidas y aún así no abren su corazón… Hay que seguir rezando, hay que dejarlos tranquilos, Dios sabe cómo y cuándo actuar, Dios es el primero que quiere pescar a todos; que a veces no se acerquen a la Iglesia como nosotros quisiéramos no significa que el Reino de Dios no pueda trabajar en sus corazones; hay que mirar la historia como la mira Dios, con paciencia, con misericordia, con un corazón más grande que el nuestro.

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