Mt 15, 21-28 – 20 de agosto – XX Domingo durante el año

 

 

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero Él no le respondió nada.

Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».

Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».

Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»

Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».

Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»

Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana.

Palabra del Señor

Comentario

¿Cuántas madres como la algo del evangelio de hoy, hubo, hay y habrá en la historia de este mundo hasta que Jesús vuelva? ¿Cuántas madres en este momento están sufriendo por algunos de sus hijos? ¿Cuántas madres desesperadas día a día acuden a Jesús para rogarle que haga algo por sus hijos? ¿Cuántas veces por día se repetirá esta escena del evangelio en tantos rincones de este mundo que no cuida lo más preciado de la vida que son los hijos? ¿Cuántas veces vos que sos mamá, y porqué no si sos papá, te arrojaste a los pies de Jesús para suplicarle que haga algo? Solo Dios puede contestar todas estas preguntas que me hago. Solo Él sabe lo que sufre una madre y un padre por sus hijos. Solo Él sabe lo que nosotros no sabemos y por no saber, juzgamos. Solo Él sabe de amor, aunque parezca que no le importa.

En este domingo quisiera ser por un momento esta mujer del evangelio de hoy, o por lo menos tener su actitud, su fe. Ser como esta mujer anónima, sin nombre, pero con un corazón grande como una casa, tan grande como para que entre tanta fe. Una mujer cananea, una mujer pagana, que no pertenecía al pueblo de Israel… ¿hace falta explicar lo que significaba eso para los judíos de ese tiempo? Si a nosotros hoy nos cuesta “no discriminar”, si al mundo de hoy con todos sus grandes avances en post de la igualdad, le cuesta aceptar lo distinto… imaginá lo que era en esa época. Esta mujer rompe con todos los prejuicios que puedas imaginarte. Esta mujer, en realidad es una gran mujer, como tantas otras que andan luchando la vida por ahí, en este momento, seguramente como vos.

Lo duro del evangelio de hoy y de la relación de Jesús con nosotros, es que a veces “Él no nos responde nada”. Ante nuestros pedidos parece callar, parece desinteresarse, esconderse, no hacerse cargo. Lo duro del evangelio de hoy y de tantas situaciones de la vida, que ni siquiera ante la intercesión de otros, como los discípulos, parece darnos lo que deseamos. Lo duro del evangelio de hoy y de lo que nos pasa a veces en momentos límites, es que aún cuando nos “arrojamos” a los pies de Jesús para suplicarle que nos socorra, que nos salve, Él nos puede responder que “el vino para otra cosa” y no para eso. Durísimo, tristísimo. No parece ser el Dios, el Jesús en el cual creemos. ¿Cómo salir de esta situación? ¿Cómo salir de este aparente callejón sin salida? Seguro que estarás pensando para donde va a disparar el padre con esta explicación. Es verdad, está complicada. Pero en realidad hay que seguir leyendo para entender cuál es la salida. No hay que desesperar, no hay que tenerle miedo a la palabra de Dios, siempre nos da la respuesta si esperamos pacientes a lo que viene.

¿Sabés cuál es la salida ante esta aparente respuesta dura de Jesús? La humildad, la respuesta humilde de esta gran mujer que los deja “boquiabiertos” a los discípulos y le arranca el mejor elogio que salió de los labios de Jesús a una pagana. «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!»  Jesús muchas veces en los evangelios tiene actitudes y palabras duras, o frías, pero que en el fondo son para llegar a algo distinto, a algo mejor. ¿No lo hiciste alguna vez? ¿No te hiciste el duro o la dura con algún hijo o con alguien a cargo, para enseñarle algo más profundo o para sacar lo mejor de él? Eso hace Jesús con nosotros. Calla para que hablemos nosotros. Habla Él para que aprendamos a responder otra cosa. Responde con dureza para que sigamos buscando. Nos niega lo que buscamos para hacernos humildes y que jamás nos olvidemos que somos creaturas. Sé que es difícil pensar así y que además todo esto que digo,  no deja de ser un lenguaje muy humano sobre lo que hace y piensa Jesús, pero esto también nos pasa a nosotros. Pensemos si alguna vez no lo sentimos así, y sí justamente por no ser humildes, por no haber sabido esperar e interpretar lo que nos decía, al final nunca alcanzamos lo que en realidad deseábamos.     

Ya quisiéramos tener toda la fe de esta gran mujer, como para arrancarle al corazón de Jesús un verdadero milagro. Ya quisiera tener la fe de tantas mujeres que no se cansan de pedirle a Jesús lo mejor para sus hijos, aún cuando parece que nadie las escucha. Pedir para otros creo que debe “enternecer” al corazón de Jesús, y las madres saben pedir por otros, esta mujer pidió por su hija, no para ella. Eso también es un signo de humildad, esa humildad que todos necesitamos para alcanzar lo que deseamos.

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