Mt 15, 21-28 – 9 de agosto – XVIII Miércoles durante el año

 

 

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: « ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio.» Pero él no le respondió nada.

Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos.»

Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.»

Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: « ¡Señor, socórreme!»

Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.»

Ella respondió: « ¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»

Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó curada.

Palabra del Señor

Comentario

¡Qué grande es la fe de tanta gente que parece lejos pero está cerca! esto me maravilla muchísimo, y al mismo tiempo, que poca la fe de tanta gente que parece o cree estar más cerca, pero que en realidad está un poco lejos. Qué grande es la fe de la gente que no sabe mucho de la fe (a los ojos de otros sabiondos) pero que en realidad sabe lo más importante, sabe lo mejor. ¡Que Jesús lo puede todo! Qué bien me hace ir a los santuarios y mientras estoy pensando en que voy a decirle a Jesús o a María en mí oración, veo otro hijo o hija de Dios con mucho menos preparación que yo, rezando con lo que vive y siente, sin mucha vuelta.

Qué grande es la fe de tantas madres que lloran con dolor por sus hijos, por sus familias, al verlos lejos de Dios, al ver que está perdidos por tantas cosas, al ver que sufren y no pueden hacer nada; qué grande es la fe de esas madres que mueven cielo y tierra con tal de ver a sus hijos bien; qué grande es la fe de tantas personas marginadas por esta sociedad a las que se les prometen muchas cosas y se las usa para provecho propio; qué grande es la fe de personas enfermas que por ejemplo para recibir un diagnóstico de su enfermedad tienen que circular por 5 o 6 hospitales distintos por no tener obra social; qué grande es la fe de los que se convierten a Jesús de corazón y no tienen la fe contaminada con ideologías y por eso son sencillos, van a lo esencial, mientras en otros niveles se está discutiendo sonseras.

Qué grande es la fe de esta mujer de algo del evangelio de hoy, esa fe que nos enseña a todos. Nos enseña a gritar desde el fondo del alma a los que decimos tener fe y en realidad muchas veces no la tenemos tanto o la tenemos demasiado en la cabeza y poco en el corazón. Y también te enseña a vos que no estás tan cerca pero cuando te acercás a Jesús te acercás en serio, con todo el corazón. Cuánta gente se acerca poco pero cuando se acerca, se acerca en serio, se acerca con fe. Lo importante es acercarse en serio, acercarse bien a Jesús, no así nomás. Eso percibo muchas veces, gente que se acerca poco a Jesús, pero cuando lo hace, lo hace con una intensidad que supera muchísimos encuentros de los míos. A veces el estar siempre cerca de Jesús, nos hace perder la espontaneidad, la intrepidez, la frescura. A los discípulos estando cerca de Jesús les pasó eso, lo que nos puede pasar a nosotros, a tal punto que querían “hacer callar” a la mujer cananea, porque les molestaba sus gritos. Querían que Jesús le conceda la petición, pero solo para que se calle.

Esta mujer era pagana, era alguien que no pertenecía al pueblo de Israel, por lo tanto para ellos no era “digna” de recibir la salvación. Y en la respuesta dura de Jesús, se percibe esta realidad. Sin embargo, Jesús la prueba, y utiliza esta prueba para enseñarles a los discípulos y a nosotros, que alguien que no está cerca puede enseñarnos lo que es tener fe. Alguien que no está “formalmente” en la Iglesia puede mostrarnos lo más puro de la fe, la confianza total en la palabra de Jesús, la humildad de reconocer que sin él no se puede nada.

Tené cuidado si crees que “estás cerca” de Jesús. Estar cerca físicamente de él no te asegura tener el corazón como él. Tengamos cuidado con la “soberbia” de los que “rodeamos” a Jesús pero que sin querer le cortamos el paso a otros que quieren acercarse a él.

Aprendé a admirarte de la gente que parece  lejos pero tiene mucha fe, tiene la fe bien pura. No sabe el catecismo, no saben muchas cosas de la Iglesia, pero saben lo esencial.

Y vos, abrí los ojos del corazón que por ahí aparentemente no estás tan cerca, porque te alejaste, porque te agarraste una bronca, porque no te crees digno o porque alguien te puso una barrera, incluso un sacerdote… y date cuenta que Jesús quiere que dejes todo eso de lado, que te las rebusques y le pidas las cosas a gritos, aunque a muchos les moleste; pedí las cosas a gritos sabiendo que Él te escucha. Todos tenemos que aprender a veces a pedir las cosas a gritos, eso también es tener fe, es parte de la fe.

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