Mt 18, 15-20 – 16 de agosto – XIX Miércoles durante el año

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.»

Palabra del Señor

Comentario

Continuamos intentando profundizar el lindo evangelio de este domingo que pasó, no tenía desperdicio, como ninguna palabra de Dios. Todo es alimento, a todo se le puede “sacar el jugo”, una y otra vez.

Decíamos, que Jesús a veces nos “obliga” a navegar solos, junto con otros, pero sin Él en la barca y pareciera que se esconde, que no le interesa, que no se hace cargo de nuestra vida y la vida de la Iglesia, pareciera que le gusta que andemos con mucho “viento en contra”. Pero sabemos por la fe que no es así, que en el fondo de este relato tan maravilloso se refleja de algún modo la “pedagogía” divina, el modo que tiene Dios como Padre, junto con su Hijo y el Espíritu Santo, de conducirnos, de guiarnos, de enseñarnos, de corregirnos, en definitiva, de amarnos. Dios es amor, y el amor es libre, el amor es camino de libertad y la libertad se aprende “navegando”, “remando” como decimos en criollo, se aprende con el esfuerzo de cada día  y junto a otros. No se ama verdaderamente si no es, en libertad, si no es, con libertad, por decisión propia. Eso quiere Jesús de nosotros, pero a veces parece que se aparta, para que aprendamos este camino.

Continuando con los detalles de esa escena, claramente el mar, la noche y el viento en contra que genera olas, simboliza este mundo con todos sus “condimentos” que muchas veces no elegimos, pero que nos hacen las cosas más difíciles aunque no nos gusten. La vida es linda, pero especialmente cuando el mar está calmo, cuando es de día y cuando tenemos viento a “favor”. Pero tu vida y la mía, tiene también noches, tiene movimientos, viento en contra y eso nos “obliga” a remar. Tenemos que remar, esa es la imagen que te propongo hoy. El que no rema, vuelve para atrás, lo lleva el viento. En la vida espiritual, en la fe, casi que no hay término medio, o remamos por lo menos para mantenernos o avanzar, o dejamos de remar y nos lleva el viento y la corriente de este mundo “cómodo” y superficial que prefiere “tomar sol” y “hacer la plancha” antes que esforzarse y luchar la vida. No dejes de remar, no dejemos de remar. Este remar es símbolo de un montón de cosas. Pensá en las tuyas, pensemos cada uno en que cosas “aflojamos” y largamos los remos, hay que agarrarlos otra vez. No dejes, volvé a luchar por lo que vale la pena, por las causas justas, por el amor, por lo que menos tienen, por tu fe, por tu estudio, por tu familia, por ese enfermo que te necesita. En esa barca no estamos solos, no creas que estás solo.

Uno de los “vientos” en contra de esta vida, según algo del evangelio de hoy, es el pecado. El pecado personal, el ajeno y el que finalmente a veces, se hace comunitario.

Me parece bueno decir algunas aclaraciones a este evangelio para no interpretarlo mal. Esta actitud que nos enseña Jesús hoy se la llama “tradicionalmente” corrección fraterna  y es algo que hacemos poco en la Iglesia, o lo hacemos mal. Seguro que por miedo, por no querer comprometernos, por no quedar mal, o por muchas otras razones. Pero tenemos que animarnos a aprender lo que nos enseña Jesús para vivir verdaderamente como hermanos y no como desconocidos.

Una aclaración importante, es que Jesús está hablando de una comunidad que tiene fe, no de cualquier otra cosa. Por eso la corrección fraterna supone entre otras cosas, que debe darse en un contexto de fe, en una comunidad cristiana. No es cuestión de andar “corrigiendo” a todo el mundo que peca, en ese caso no nos alcanzaría el tiempo ni la vida y además también nos estarían corrigiendo a nosotros continuamente.

Por otro lado, Jesús dice: «Si tu hermano peca…» No dice: si tu hermano hace algo que no te gusta, si tu hermano no te cae bien, si tu hermano no es tan simpático. La condición para corregir a otro es que peque, o sea, que transgreda objetivamente algo de la ley de Dios y que eso esté afectando a una comunidad, no a mis gustos personales o chismes de otros.    

Para corregir fraternalmente o ser corregido, se necesita ser humilde y eso no es fácil. Nunca tenemos que corregir enojados, porque en general estaremos más movidos por nuestros intereses personales, que por los del evangelio. Por eso solo alguien que tiene vida de oración y es paciente puede lograrlo. La corrección fraterna debe darse en un ambiente de oración y de amor, buscando el bien del otro y no mi satisfacción.

Finalmente, siempre, siempre se debe empezar en privado. Jamás podemos ir a corregir de entrada a alguien con otros, como en “patota”, porque el otro se sentirá atrapado y rodeado. Por eso Jesús plantea un camino, que va lentamente creciendo en la medida que la otra persona no quiere cambiar o no entra en razón, y después, aunque parezca duro, alguien puede ser “echado” de una comunidad si prefiere el camino de la cerrazón, la soberbia y no quiere cambiar por el bien de los otros.

Sigamos remando juntos, para ganarle al pecado en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros grupos.

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