Mt 19, 16-22 – 21 de agosto – XX Lunes durante el año

 

 

Se le acercó un hombre y le preguntó: «Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?»

Jesús le dijo: « ¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos.»

«¿Cuáles?», preguntó el hombre. Jesús le respondió: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

El joven dijo: «Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?» «Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.»

Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.

Palabra del Señor

Comentario

Que bueno empezar una nueva semana. Además empezar escuchando. No dejemos de valorar este regalo. Seguro que estás escuchando con tu mujer, con tu marido, ahora se estarán mirando. Seguro que estás escuchando mientras vas a trabajar, en el auto, en el colectivo, o en la cama porque estás con alguna enfermedad. Algunos me cuentan que la escuchan en el tren, otros en los trabajos, algunos incluso cuentan que en algún avión se filtró un audio. La palabra de Dios es así, anda por todos lados, no tiene límites, no hace diferencias sociales, no distingue países ni culturas, no distingue edades, porque hasta los niños la pueden escuchar aunque no comprendan después algunos comentarios. Ella quiere ser escuchada, Dios quiere ser escuchado. La palabra de Dios es para todos, para todo lugar. ¿Y si agradecemos? ¿Y si empezamos estos días agradeciendo tantas cosas, como por ejemplo este regalo de poder escuchar y tener fe?            

La fe es un gran don, y muchas veces no nos damos cuenta. Y los ejemplos de otros, como la gran fe de la mujer  ayer, los ejemplos de tantas personas de fe, nos tienen que ayudar a no bajar los brazos, a no desanimarnos: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Hay personas que la luchan día a día mucho más que vos y yo. ¿Cómo quejarse? Hay cientos de miles de personas que no escuchan la Palabra de Dios, ni les interesa. Hay millones de cristianos bautizados que abandonaron la fe e incluso ahora la atacan. Hay cientos de personas que no piensan en otra cosa que en hacer el mal. Hay personas, que como en el evangelio de ayer, sufren dolores muy profundos en sus familias, por injusticias, por los ataques del demonio, por el pecado, por la falta de amor y tantas cosas más. ¿Y vos y yo? Acá estamos, dispuestos a agradecer tantos dones de Dios.

En algo del evangelio de hoy, escuchamos este diálogo tan profundo entre un hombre y Jesús, un hombre que no se dice quién es y que nos puede representar también todos nosotros –a vos y a mí–, este hombre que le pregunta a Jesús qué tiene que hacer para ganar la vida eterna, qué tiene que hacer –diríamos nosotros– para ir al Cielo. ¿Qué tenemos que hacer para llegar a donde todos quisiéramos llegar? Va… pregunto… ¿Vos querés estar algún día con Dios? Me imagino que sí. ¿Querés ir al cielo?

El hombre pregunta qué debe hacer para alcanzar una vida feliz después de la muerte; y Jesús le propone un camino para que su vida desde ahora empiece a ser más plena y así pueda llegar algún día al cielo. ¡Qué diferencia! ¡Qué distinta la propuesta de Jesús a nuestras mezquindades y negociados!

Este hombre quiere saber qué tiene que hacer, qué obras buenas tiene que hacer; y Jesús termina invitándolo a seguirlo dejando algo por amor. El hombre pide una receta, Jesús le propone un camino. Este hombre dice “haber cumplido con todos los mandamientos” y Jesús lo invita a “vivir” las cosas, no a cumplirlas. El hombre se fue triste porque no quiso dejar nada, no fue capaz de animarse a salir de sus “esquemas”. Se fue triste como muchas veces nosotros que por no terminar de entregarnos “arrastramos” la fe y la vida.

Bueno… ¿Y nosotros?, nosotros también queremos tener “tesoros” en la tierra, tener y dejar cosas, “acumular”, que nos reconozcan, “asegurarnos” el futuro –un futuro del cual en realidad no tenemos control–; y sin embargo Jesús “el más libre de todos”, nos invita a no acumular tesoros en la tierra sino acumular tesoros en el cielo por medio de  nuestro amor y especialmente mediante él amor hacia los más pobres, a los que no les tocó lo mismo que a nosotros.

Vos y yo muchas veces nos conformamos con “cumplir” y creemos que con eso alcanza, ya está; Jesús nos propone seguirlo para alcanzarlo a Él, no para alcanzar cosas sino alcanzarlo a Él.  Muchas veces queremos todo en la vida sin dejar nada, queremos una felicidad desde nuestra seguridad y recetitas. Jesús nos propone dejar cosas pero para ganar todo, nos propone una felicidad abandonando nuestra seguridad.

Ser cristiano es seguir a Jesús –la persona más amada por los hombres de todos los tiempos– no es solamente “cumplir” los mandamientos, eso lo hacen incluso los no cristianos, no es “andar” negociando la salvación. Ser cristiano es seguir a una Persona, no a una moral; ser cristiano es amar a los más pobres dejando algo para aquellos que les tocó algo peor y difícil que a nosotros; ser cristiano es ser libre para elegir que nuestra voluntad se corresponda con el deseo de Dios, de que amemos más allá de nuestras posibilidades.

Pidámosle hoy todos juntos al Señor que nos ayude a querer encontrar esta felicidad; dejar algo, para encontrar a Jesús.

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