Mt 22, 15-21 – 22 de octubre – XXVIII Domingo durante el año

 

 

Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque Tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?»

Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto».

Ellos le presentaron un denario. Y Él les preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?»

Le respondieron: «Del César».

Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».

Palabra del Señor

Comentario

El domingo no es solo ir a Misa, aunque siempre es bueno que vayas, pase lo que pase, estés como estés, sientas lo que sientas y pienses lo que pienses. Porque en realidad, no es que vamos a misa solo por ir nomás, sino que vamos: a celebrar, a disfrutar, a recordar, a dar gracias, a instruirnos, a descansar, a escuchar, a aprender, a ver, a gustar, a alegrarnos, a alimentarnos, a recibir consuelo, y a muchas cosas más que ni siquiera nosotros podremos terminar de descubrirlo. ¿Qué te enseñaron sobre la misa? ¿Por qué vas? ¿Por qué no vas? O ¿Cómo vas? El domingo no es solo la misa, aunque es el alma del día, sino que es además imagen de lo que será el domingo eterno, como se reza en la misma misa, “el domingo sin ocaso en el que la humanidad entrará en tu descanso”. La vida eterna será algo así como es nuestro domingo. Y es por eso, que el domingo tenemos que disfrutarlo como anticipo de lo que será la vida futura, la vida que Dios Padre nos tiene preparada desde siempre. ¡Qué lindo que vivamos el domingo así! Y que feo cuando transformamos este día en un día más con nosotros mismos, en donde no hay espacio para el compartir, para estar con otros, para entrar en comunión, para comer juntos.

No importa de quien es la culpa sobre el porqué y el cómo hoy, no vivimos el domingo como un verdadero día del Señor. Sé que es difícil transmitir la fe con el sano equilibrio que Jesús nos enseñó en el evangelio, como para no caer en un extremo o el otro, en el extremo de la obligación vacía que tarde o temprano se desintegra o en el extremo de reducir nuestro deber al sentimiento, al porque no lo siento no lo hago, como si el amor se tratara siempre de una cuestión de sensibilidad. Es difícil si sos padre o madre, es difícil si sos catequista, es difícil si sos sacerdote. Hay que reconocerlo. Pero es lindo el desafío también. Estamos viviendo un tiempo lindo, aunque no lo parezca, en donde la libertad de cada uno se pone más en juego y eso, puede ayudar a hacer relucir más la pureza de la fe, el descubrimiento de la necesidad profunda, el valor de lo que realmente vale, pero que vale por decisión propia. ¿Qué preferimos templos llenos de cuerpos sin almas, o templos con celebraciones llenas de corazones y cuerpos? ¿Qué Iglesia queremos? ¿La de las masas o la de la fidelidad y sencillez?

Algo del evangelio de hoy, nos viene como anillo al dedo. Jesús da una respuesta magistral ante el intento de los fariseos por encontrarle algo en que acusarlo y condenarlo. Los fariseos venían enojadísimos con las parábolas de los domingos anteriores, ¿te acordás?  El enojo a veces nos hace hacer cosas malísimas. Nunca debemos actuar dominados por el enojo, porque saca lo peor de nosotros, que siempre está latente, ahí, escondido y dormido.  Estaban enojadísimos porque Jesús les decía las cosas en la cara sin ningún problema, les mostraba la hipocresía de su corazón. Pero lo que hoy nos interesa es la reacción de Jesús acompañada de esa respuesta que quedó para siempre en la historia; «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios». Es una frase llena de verdad y llena de malas interpretaciones. A veces la verdad es tan evidente, pero al mismo tiempo tan difícil de interpretar que produce grandes desviaciones y caricaturas.

Está muy mal usada tanto como para los que pretenden separar absolutamente lo espiritual y religioso, de lo mundano y profano, como para los que lo unen tanto, que ya no distinguen las diferencias y terminan confundiéndose. Ni una cosa ni la otra. Es complejo. Por eso te propongo que hoy no nos metamos en eso, y mucho menos con el clima político en el que vivimos, no solo en la Argentina, sino en el mundo entero, cosa que en realidad de un modo o de otro se dio siempre en la historia de múltiples maneras. Eso podemos verlo en la semana.

Lo importante de hoy es algo más profundo. Lo importante de la respuesta magistral de Jesús es algo más profundo de lo que imaginamos y no tanto lo que tenemos que hacer como ciudadanos de este mundo. ¿Qué es lo importante? “A Dios lo que es de Dios” ¿Qué es de Dios? ¿Qué es de Dios? pregunté en la misa de ayer. ¿Quién me respondió? Sí, me respondió Jony, pensaste bien. ¿Qué me respondió? “La fe” me dijo. Con su sencillez de niño me respondió todo. ¿Y qué es la fe? Podríamos preguntarnos nosotros. Nuestra absoluta confianza en su amor, nuestra adhesión total a lo que Él es y nos enseña.  ¿En quién confías y a quién le das tu corazón? Esa es la pregunta que debemos hacernos todos. ¿Qué le damos a Dios y que le damos a las cosas y personas de este mundo? ¿Qué le damos en este domingo a Dios y que le damos a este mundo que al fin y al cabo es pasajero y muchas veces nos engaña? ¿En qué urna depositás tu voto de confianza, pero no solo hoy, sino todos los días? ¿En la de los supuestos líderes de este mundo o en la urna del corazón de Jesús que jamás te miente y te abandona?

Si le diéramos realmente cada día a “Dios lo que es de Dios”, le daríamos a los Césares de este mundo, lo que realmente les corresponde, ni más ni menos, o sea poco, muy poco. En cambio, cuando no le damos a Dios lo que en realidad es de Él, toda nuestra vida, nuestra fe, nuestra confianza… terminamos dándole nuestra vida a cualquier cosa, a cualquier causa, a cualquier ideología, a cualquier corazón. ¿Qué le querés dar a Dios?

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