Mt 24, 42-51 – 31 de agosto – XXI Jueves durante el año

 

 

Jesús habló diciendo:

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: “Mi señor tardará”, y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Palabra del Señor

Comentario

¡No te canses! ¡No llores! ¡No te pongas triste!, decimos muchas veces, o nos decimos entre nosotros. ¡No te bajonees! ¡Sonreí un poco más! ¡Ponete las pilas! y así muchas frases más que usamos cotidianamente, seguro  con muy buena intención, pero que se pueden transformar en especies de “decretos” para generar sentimientos o eliminarlos. Y la verdad, es que los sentimientos no se generan ni se eliminan por “decreto”, sino que los sentimientos se sienten, van y vienen, son pasajeros, no siempre depende de nosotros, y lo que hay que hacer es reconocerlos, aceptarlos y saber qué hacer con ellos. Es lindo que nos quieran levantar el ánimo, que nos quieran ayudar. Es lindo que busquemos que los demás estén bien y los ayudemos, los consolemos… pero también es lindo saber esperar a los otros, reconocer que no todos sienten y viven lo mismo, y que cada uno vive y experimenta las cosas, la vida, la fe, como puede, con las herramientas que tiene a mano.  Es imposible no “sentir” cosas, es parte de la vida. No somos robots, somos de carne y hueso, y tener fe no quiere decir “no sentir” nada, sino al contrario, aprender a sentir y aceptar lo que nos pasa, superarlo si es posible, ofrecerlo si no hay salida. Como lo hizo Jesús, que rió, se alegró, se entristeció, se enojó, se angustió, lloró y tantas cosas más.

El domingo escuchábamos que Pedro reconocía quién era Jesús: “Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».” En definitiva eso es tener fe, saber y experimentar quien es Jesús. Reconocerlo como Dios hecho hombre. Tener fe no es “saber” muchas cosas; tener fe no es “hacer” muchas cosas; tener fe no es “ser” perfecto; tener fe no es “no sentir” nada. No, nada de eso. Tener fe es reconocer a Jesús como nuestro Salvador, como Dios que se hizo hombre para amarnos y salvarnos. Eso es la esencia de la fe. Después se pueden decir miles de cosas más, pero al final de nuestra vida lo que querrá Jesús es que lo “reconozcamos” como lo que Es, y no que le presentemos un “inventario” de todo lo que hicimos.

Ser prevenidos no es ser temerosos. Ser prevenidos no es estar ansiosos por lo que vendrá. Ser prevenidos no es ser desconfiados y dudar de todo. Ser prevenidos es estar preparados para la venida, pre-venidos, de ahí viene, esperar la venida. Algo del evangelio de hoy nos previene. Nos previene para que seamos prevenidos, valga la redundancia.

Son muchísimas las cosas que nos preocupan y nos quitan el sueño y los pensamientos todos los días. Son muchísimas las situaciones que cada día nos hacen perder la paz y la tranquilidad de la fe. ¿Por qué será? ¿Por qué perdemos “los estribos” con tanta facilidad? ¿Por qué se nos nubla el horizonte que hasta ayer teníamos tan claro y de golpe vemos todo negro? Bueno, pueden haber muchas las respuestas. Una de ellas puede tener que ver con lo que hablamos al principio sobre los sentimientos. Somos humanos, somos débiles y no siempre estamos como queremos estar o somos lo que queremos ser. Muchas cosas también se deben a situaciones que están ajenas a nosotros y nos perturban, pero también muchas tienen que ver con nosotros mismos, tienen que ver con nuestra falta de fidelidad y previsión. ¿Cómo? ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Somos servidores de los demás, dice el Evangelio, y cuando nos olvidamos de eso, perdemos el eje, perdemos el centro, y no experimentamos de que a Jesús se lo encuentra en el amor concreto de cada día y Él nos vendrá a buscar a la hora menos pensada y quiere encontrarnos sirviendo, amando. De ahí esa frase tan linda de la Madre Teresa: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir” En definitiva, estar prevenidos quiere decir  estar listo para amar, amar ahora, no esperar otra cosa. “Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo.” Ese es nuestro trabajo, esa es nuestra ocupación. Encontrar la felicidad haciendo algo concreto y silencioso por los demás. El que vive así vive sin temor y puede encontrar a Jesús desde ahora, anhelando encontrarlo algún día cuando venga, no sabemos cuándo, pero cuando venga.

¿Estás prevenido? ¿Estás pre-viendo su venida? ¿La deseas? o mejor dicho… ¿Estás amando? ¿Estás haciendo algo por alguien? ¿Estás viviendo para servir o para que los otros te sirvan? ¿Estás aprovechando tu vida en algo que vale la pena o vivís distraído en las cosas que vos te armaste creyendo que valen la pena?

Seamos previsores. Trabajemos por los demás, que Jesús nos encuentre trabajando, haciendo algo y no esperando que las cosas “caigan” del cielo, Dios no hace “asistencialismo”, sino que nos da la fuerza y el amor para que hagamos lo que nosotros tenemos que hacer.

Share
Etiquetas: