Mt 28, 16-20 – 28 de Mayo – Solemnidad de la Ascensión del Señor

 

 

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.

Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»

Palabra del Señor

Comentario

“¿Por qué siguen mirando al cielo?  Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir”dice la primera lectura de hoy. Los discípulos hicieron lo que cualquiera de nosotros hubiera hecho, siguieron mirando a Jesús mientras partía. ¿Será que Jesús también los miraba mientras se iba? Seguro. Creo que sí.

¿Recordás en tu vida alguna despedida que te hizo quedarte mirando al que se iba? En las despedidas, tanto el que se va como el que se queda se siguen mirando. Cuando no se mira es porque no se quiere sufrir demasiado, pero en el fondo se quiere mirar. Es triste ver en las terminales de ómnibus, o en los aeropuertos, las despedidas de los familiares o amigos. En los ómnibus, el que va arriba se queda mirando por la ventana como queriendo abrazar a los que se quedan, y los que se quedan saludan desde abajo como queriendo retener al que se va. En los aeropuertos es distinto, pero existen esas despedidas antes de embarcar al avión, miradas que quieren retener el amor que parece que no vuelve. Podríamos imaginar algo así en este día de la Ascensión de Jesús, una especie de partida despedida, pero sin ómnibus ni aviones,  y con una gran diferencia, una despedida con permanencia asegurada. Algo raro para nuestro entendimiento.

Retomando esto de los discípulos que se quedaron mirando al cielo, podríamos decir que seguir mirando al cielo pensando que Jesús no estará más entre nosotros, es no entender que el cielo en realidad, no es un lugar, es un estado, una forma nueva de estar. Jesús ascendió, Jesús volvió a su “lugar”, pero en realidad su lugar hoy, es todo lugar, es estar en todo lugar. Esta es su promesa: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. Fue una partida necesaria para quedarse siempre con nosotros hasta el final. Esa es la diferencia, esa es la despedida con permanencia asegurada.

¡Señor, que lindo es saber y creer esto! Estás en todo lugar y en todo momento. El cielo está en mi vida no cuando estoy en un lugar en especial, sino cuando creo que Jesús está donde yo estoy. Si Jesús que es la Cabeza y nosotros su  Cuerpo y Él está “en el cielo” junto a su Padre, quiere decir que cada uno de nosotros estamos también un poquito “en el cielo”. Si estamos en el Camino, ya estamos un poco, por lo menos con el corazón, en el final del Camino. El cielo comenzó a estar en la tierra desde que Jesús vino a pisarla, a estar con nosotros y la tierra está “en el cielo” desde que Jesús ascendió y nos llevó a todos con Él. ¿Creemos en esto?

Jesús ascendió a los “cielos” para estar a la derecha del Padre, para ser Señor del Cielo y la Tierra, de todo lo visible e invisible. El Padre lo premió por haber hecho su voluntad. Desde que Él ascendió a los cielos, desde que Él está en todos lados, millones de corazones comprendieron esto y dejaron que Él reine es sus vidas. Jesús reina aunque muchas veces no te des cuenta. Jesús reina en la medida que lo dejás reinar. Jesús reina y reinará plenamente cuando venga glorioso al final de los tiempos.

Mientras tanto tenemos que creer esto: Que Jesús esté en “los cielos” quiere decir que está y estará siempre, en todo tiempo y lugar. Quiere decir que ya estamos con Él de alguna manera junto al Padre, “en el cielo”. Finalmente, también quiere decir que es el Rey y quiere reinar en vos y en mí, quiere que lo ames para que junto al Padre Él pueda vivir en vos.

Hagamos hoy el intento de mirar al cielo, simbólicamente, para cruzarnos las miradas con Jesús, que está en el cielo, pero está con nosotros. Mirémonos, pero sabiendo que no es una despedida total, sino que es despedida a medias. Miremos a Jesús que está en el cielo pero está en cada hombre que lo ama y en cada ser humano que sufre. Jesús en realidad no se fue, se quedó para siempre especialmente en la Eucaristía, especialmente en los corazones de los que sufren, de los que creen y lo aman. ¿Crees en esto? Por eso no te quedes mirando al cielo como llorando, como creyendo que no está, mira el cielo de tu alrededor y confía que Jesús estará siempre con nosotros hasta que vuelva.

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