Mt 3, 13-17 – 8 de enero – Fiesta del Bautismo del Señor

 

 

Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!»

Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió.

Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».

Palabra del Señor

Comentario

Dios quiso cambiar; Dios quiso dejar de ser un Dios “lejano” que no tenga nada que ver con nosotros; y por eso se hizo hombre por nosotros, es así como podemos llamarle Dios con nosotros. Eso es lo que hemos estado celebrando durante este tiempo de Navidad; Dios se hace hombre por nosotros, “cambia” por amor, se hace niño en el vientre de una Virgen humilde y sencilla, vive en una familia, se deja visitar por la gente sencilla, por los pastores, y se deja descubrir también por los paganos, por aquellos que también desean y buscan a Dios.

Eso celebramos en estos días; y hoy empezamos el tiempo ordinario, el tiempo común, el tiempo durante el año –le llamamos–, con esta linda fiesta del Bautismo del Señor.

Empieza la vida pública de Jesús. Jesús deja de estar “escondido” como estuvo durante 30 años, viviendo sencillamente y pobremente, trabajando con su familia; para empezar a ser “escuchado”, para empezar a ser visto por todos, para ayudar a cambiar a otros. Jesús no sólo cambió Él mismo al dejar de ser aquel Dios inaccesible para hacerse amor por nosotros; sino que también con su ejemplo nos quiere ayudar a nosotros a cambiar. Esa es la misión de Jesús: llevarnos al Padre por amor. Y por eso se deja bautizar, por eso se mete en el río Jordán y se deja bautizar por su predecesor Juan el Bautista; aquel que no se sentía digno de desatarle la correa de sus sandalias, aquel que reconoce que primero tiene que ser bautizado él, él no puede darle el bautismo a Aquel que no tiene pecado; sin embargo Jesús otra vez cambia por amor a nosotros.

¿Y por qué? ¿Porqué se deja bautizar Jesús? Para “ahogar” en y con su amor todos los pecados de la humanidad.

Jesús carga en su corazón –aunque esto no le correspondía–  todos  los pecados del mundo, todos los pecados de aquellos que no nos reconocemos pecadores, todos los pecados de aquellos que queremos amar pero sin embargo día a día nos cuesta, todos los pecados de aquellos que hacen el mal, los pecados de todo el mundo.

Jesús al sumergirse en el río Jordán empieza su camino hacia la Cruz; empieza su camino de humildad, de sencillez, empieza el camino de “cambiar” para poder amar. Jesús siendo Dios también cambia y nos enseña a cambiar.

Al bautizarse en el río Jordán quiere ahogar todo el orgullo y la soberbia de este mundo que no reconoce ser hijo de Dios y quiere vivir al margen de Dios, independiente de Dios.

Jesús también al bautizarse; quiere que nosotros aprendamos a “ahogar”, a desaparecer de nuestro corazón él orgullo y la soberbia que nos impiden cambiar. Es el orgullo y la soberbia de nuestro corazón lo que nos inmoviliza y obstaculiza para que podamos cambiar por amor. Por eso nosotros al recibir el bautismo comenzamos también una vida nueva. También nos sumergimos y queremos sumergirnos en un cambio; queremos cambiar por amor a otros, no podemos ser verdaderos hijos de Dios si no aprendemos a seguir el camino de Jesús, si no aprendemos a “ahogar” nuestros caprichos, nuestra soberbia, nuestro orgullo…

Cómo es posible que Dios haya cambiado tanto por nosotros, cómo es posible que Dios no sólo se haya hecho hombre, sino se haya hecho pasar por “uno de tantos”, aunque no tenía pecado. Sólo es posible por el amor. Porque el amor es cambiar, el amor es estar continuamente atento a lo que necesitan los demás; y Dios es el primero que da el paso en ese sentido, y es el primero que quiere que también nosotros hagamos lo mismo. Por eso ser bautizado, ser hijo de Dios, ser miembro de la Iglesia es vivir cada día esto; es dejar que nuestros pecados se sumerjan en el amor de Jesús que nos perdona siempre pero que al mismo tiempo quiere que nosotros dejemos ahogar por su amor tanto orgullo, tanta soberbia, tanta pereza, tanta avaricia, tanta búsqueda de nosotros mismos y olvido de lo que necesitan los demás.

Sigamos en este camino; sigamos en el camino de dejarnos abrazar y empapar por el amor de Jesús en esta fiesta de su Bautismo que es una muestra más de su amor por nosotros. Y así con ese amor por nosotros comienza su vida pública y terminará también en la Cruz dejando que le claven los pecados de todo el mundo por amor a nosotros.

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