Mt 4, 1-11 – 5 de marzo – I Domingo de Cuaresma

 

 

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes.»

Jesús le respondió: «Está escrito: “El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:

“Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”».

Jesús le respondió: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme.»

Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: “Adorarás al Señor, Dios, y a Él solo rendirás culto”».

Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

Palabra del Señor

Comentario

Comenzamos el camino cuaresmal, que lleva su propio ritmo, por decirlo así, en las lecturas de los domingos que nos orientan hacia la Pascua. Por eso retomo una palabras del Papa Benedicto que nos pueden ayudar a empezar este tiempo: “Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios?” y otras del Papa Francisco en su mensaje de este año: “la raíz de los males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que nos lleva a no amar  a Dios y por lo tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. (…) la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra” Que lindas palabras de los Papas que nos ayudan a comenzar este tiempo, que nos ayudan como introducción, para tomar conciencia de lo que nos perdemos cuando nos perdemos la Palabra, de lo que nos perdemos cuando no reconocemos los tiempos propios de la Iglesia, esos que nos van educando y formando el corazón, de la misma manera que Jesús se dejó modelar el corazón por su Padre, por la obediencia e incluso por las pruebas y tentaciones que le tocó vivir.

Es necesario ser tentado, aunque te suene raro lo que te diga. Pero la ecuación es sencilla. Si Jesús quiso vivir y pasar la tentación ¿Por qué no a nosotros? ¿Qué nos queda a nosotros? La vivió para hacerse pobre con nosotros y la vivió para vencerla por nosotros. No le tengamos miedo a la tentación, a la prueba. La tentación no es pecado, es tentación: Decía San Agustín: “Nuestra vida, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones” ¡Qué lindo es ver y vivir la prueba así! ¡Qué fuerza da el ver a Jesús hoy venciendo al maligno, ese que siempre nos quiere apartar de la confianza de ser hijos de Dios! ¡Somos hijos de Dios! No nos olvidemos, confiemos en nuestro Padre. Eso es lo que intenta hacer el maligno, que perdamos la confianza en nuestro Padre, eso es lo que logró con nuestros primeros padres, lo que logra con nosotros tantas veces, pero no lo logra con Jesús! ¡Qué alivio!

El tema de hoy da para mucho, pero te dejo algunas cosas que nos pueden servir.

Jesús se dejó tentar para enseñarnos. Para enseñarte como tenemos que ganar en cada prueba, en cada tentación. Hay que contestarle al demonio con la Palabra de Dios, hay que contestarle a nuestro corazón egoísta con la Palabra liberadora que proviene de la boca de Dios. No le tengas miedo. Jesús ya lo venció. No te dejes engañar, siempre te miente y te “pinta” placeres eternos, muy lindos al principio, pero que en realidad son pasajeros.

1° tentación: No vivimos solo de pan material, de cosas. Lo necesitamos. Necesitamos cosas materiales, pero no son la vida eterna. Para eso el ayuno, para que te des cuenta que se puede vivir con menos, que no necesitás tanto. La tentación de pensar que en lo material está la felicidad nos acecha todos los días.

2° tentación: No hay que tentar a Dios. No hay que desafiarlo para que actúe. Él eligió ser así. Es un Dios pobre, sencillo, silencioso. Él es así, actúa como quiere. Nosotros tenemos que adecuarnos a Él. Para eso la limosna, para darte cuenta que Él actúa cuando vos te decidís a amar, a salir de vos mismo. Ahí está Dios, en el amor concreto y buscado. ¿Querés que Dios actúe? Entonces tenés que amar.

3° tentación: No adores otra cosa. No adores las cosas. No te adores a vos mismo. Sólo Él merece ser adorado. El Ego nos ataca siempre y por todos lados. Es la gran tentación. Sólo Él, en la Eucaristía y en cada ser humano, merece nuestra postración, nuestro corazón. Para eso la oración, para salir de nosotros mismos y entrar en comunión con nuestro Creador.

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