Mt 4, 25 — 5, 12 – 1 de noviembre – Solemnidad de todos los santos

 

 

Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de Transjordania.

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices los afligidos, porque serán consolados.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».

Palabra del Señor

Comentario

¿Pensaste en ser santo alguna vez? ¿Pensaste en ser feliz haciendo el bien a tu alrededor, intentando hacer lo que Dios desea para vos? Si alguna vez lo pensaste y fue tu deseo por algún tiempo, pero ahora se apagó por diferentes razones, es un día para volver a refrescar lo mejor que puede desear una persona, la santidad. Si nunca lo pensaste porque te parece una pregunta media ridícula o porque en realidad pensás que es como una especie de privilegio para algunos locos que se animaron a hacer cosas muy heroicas y raras, también hoy es un buen día para animarse y preguntarse ¿qué es la santidad, ¿qué es ser santo?

Hoy es el día de todos los santos, el día en el que en la Iglesia celebramos que el amor de Dios es más grande y más fuerte que cualquier otro intento para destruir el bien. Hoy celebramos y agradecemos que, en el cielo, junto a Dios Padre, hay muchas más personas de las que imaginamos. Junto a Dios en este momento, no solo están los grandes santos que descollaron por sus grandes obras (los santos a los que les tenemos una devoción especial), sino que también están los santos sencillos, los ocultos, los silenciosos que nadie conoció, los anónimos, los santos sin propaganda, sin marketing, sin fundaciones, sin grandes obras. Podríamos llamarles los santos comunes, los normales, comunes y corrientes. Esos santos que podríamos y deberíamos ser vos y yo.

Hoy la Iglesia nos dice a todos, la santidad es universal, es para todos, es posible, es para cualquier cristiano, todos podemos y debemos ser santos si queremos estar con nuestro buen Dios, porque “solo los puros de corazón verán a Dios” solo los que se dejan purificar por su amor y aprenden a amar como Él nos amó, solo ellos podrán disfrutar de ese amor eterno.

Ahora en el cielo hay muchos más santos de los que imaginamos, seguramente algún familiar nuestro, esa viejecita que murió en soledad y abandonada, ese hombre que luchó hasta el final con su enfermedad y agonizó solo en un hospital, esa madre que vivió toda la vida para sus hijos y su marido, ese joven que no pudo vivir muchos años pero que mientras estuvo buscó hacer el bien, esos millones de niños que no pudieron nacer y así podríamos seguir interminablemente. Incluso en el cielo puede estar ese que no quisiste tanto y que jamás querrías que esté en el cielo. Menos mal que es Jesús el que nos hace santos.

Por eso, hoy, preguntate si alguna vez te planteaste ser santo. No es de locos, no es de raros, es de gente normal que necesita ser feliz al modo de Dios. Querer ser santo es querer vivir feliz haciendo la voluntad de Dios, así decía San Juan Pablo II, “la santidad es la alegría de hacer la voluntad de Dios”, tan simple y difícil como eso.

Creo que es bueno que hoy todos, laicos, sacerdotes, religiosos, nos preguntemos seriamente ¿queremos ser santos? Que en realidad es casi como preguntarnos ¿queremos ser felices? A la pregunta sobre la felicidad digamos que nadie se animaría a responder que no, bueno entonces tenemos que convencernos que querer ser felices es querer ser santos, porque eso es lo que viene a proponernos Jesús, felices, felices, felices, 9 veces diciendo y proponiéndonos el camino de la felicidad, que se nos regala cuando nos abrimos a su amor.

Ahora la pregunta que queda picando es … ¿Qué es la felicidad? ¿Cómo la alcanzo?

Te propongo que en este día vuelvas a leer y escuchar las bienaventuranzas, porque en ellas se resumen todo lo que Dios soñó para cada uno de nosotros, en ellas se resume la santidad. ¿Querés ser santo? Tenés que vivir en el día a día, aunque nadie se dé cuenta, las bienaventuranzas, tenés que ser feliz haciendo la voluntad de Dios, aunque todo alrededor parezca que se viene abajo, que no funciona. Si hoy alguien más se decide a ser santo, a ser feliz haciendo la voluntad de Dios viviendo las bienaventuranzas, hoy el bien habrá ganado una batalla más, hoy la Palabra de Dios habrá derrotado otra vez a la maldad y egoísmo que a veces quiere copar nuestro corazón y el de los demás.

Que en este día se vuelva a encender en nuestro corazón ese deseo de ser santos; y si nunca lo tuviste, pedicelo a Dios: “dame la gracia y la alegría de querer ser santo”. Levante la mano quién quiere ser santo.

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