Mt 5, 20-26 – 10 de marzo – I Viernes de Cuaresma

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.»

Palabra del Señor

Comentario

Vivir de las “palabras que salen de la boca de Dios” nos asegura poder alimentarnos siempre y en todo lugar. Cuando vamos descubriendo que “no solo nos alimentamos del pan” material, que no solo tenemos que esperar a almorzar o cenar para estar bien, que no solo tenemos que esperar a cobrar el sueldo para estar en paz… vamos siendo capaces de, incluso, postergar un alimento externo para dáselo a otros, o de privarnos de algo superfluo para compartirlo con el que menos tiene. Vivir de las palabras que salen de la boca de Dios nos ayuda a estar siempre atentos a los demás, para no ser como “golosos” de la vida, queriendo devorar todo y a todos en todo lugar.

Hoy, como todos los viernes de cuaresma, también se nos propone hacer algo de  ayuno, pero teniendo en cuenta esto. ¿Para qué ayunar? ¿Con qué sentido? ¿De qué? ¿Cómo? El qué y el cómo lo debe decidir cada uno, con libertad, sin esperar reglas y recetas. Pero… el para qué y el por qué, sí es algo que Jesús nos quiere enseñar a hacerlo, para nuestro bien. Tiene que ver mucho con esto que venimos hablando en estos días, con el experimentar en “carne propia”, por decirlo así, que el alimento es necesario para vivir, pero no debemos olvidarnos del alimento espiritual. Y entonces… cuando por voluntad propia me privo de algún alimento, para dárselo a otro, para compartirlo o simplemente para tener más tiempo y estar más atento para los demás, experimento el gozo de amar y ser amado, experimento que el amor me alimenta también, y que las cosas materiales no son malas pero en la medida que no me alejen de los demás, que son buenas siempre y cuando me pongan en comunión con otros. El ayuno no es una práctica mágica que soluciona los problemas, ni tampoco una práctica meramente externa para cumplir, es algo que cada uno debe ir descubriendo a lo largo de su vida, y cada cuaresma es una nueva oportunidad.

Vamos a algo del evangelio, a la primer frase que es la que abre el corazón a la compresión de lo que sigue que parece imposible: «Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos” ¿Qué significa? Trataré de traducirla a un lenguaje sencillo. Podríamos traducirla imaginando que Jesús nos dice lo mismo de muchas maneras: “Les aseguro que si uds. piensan que ser cristianos, ser seguidores míos, es cumplir una regla y con eso quedarse tranquilos, no disfrutarán del amor que vine a traer al mundo, que se desborda, que es abundante y que siempre alimenta. Les aseguro que si uds. viven conformándose únicamente con no hacerle mal a nadie y no ven más allá, y no piensan en cómo hacer el bien a los demás, se estarán perdiendo lo mejor del Reino de Dios. Les aseguro que el Reino de Dios no es solamente el momento en el que llegaremos cuando partamos de este mundo, sino que es también la relación de amor que se puede dar ahora entre Dios Padre, el Hijo Jesús y todos nosotros, y por eso cuando nos olvidamos de esto, nos estamos perdiendo una parte grande. Les aseguro que el fariseísmo, el vivir la fe como un simple cumplir, como un querer solo vivir para nosotros, es algo mucho más común de lo que uds. creen y que por eso vengo a enseñarles la libertad, vengo a enseñarles que si no “dan un salto” se van a perder lo mejor. Les aseguro que si creen que la santidad, la justicia, es algo que van construyendo uds. mismos al ritmo de su propio esfuerzo, jamás disfrutarán la alegría de ser salvados, de recibir gratis desde lo alto la fuerza para no solo cumplir los mandamientos a secas, sino que además, ir mucho más allá, la alegría de no calcular, la alegría de amar no por obligación, sino con libertad.

Y para terminar, les aseguro que esto hay que pedirlo. Hay que pedir esta gracia si estamos estancados en una fe muerta, sin fuerzas, una fe que se quedó sin respiración porque no comprendió lo que significa ser cristiano, porque nos enseñaron mal o porque nunca lo comprendimos. Les aseguro que si lo pedimos, el Padre nos lo dará. Acordate que tenemos que aprender a pedir lo mejor, ser verdaderos hijos del Padre.

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