Mt 5, 20-26 – 15 de junio – X Jueves durante el año

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Palabra del Señor

Comentario

Poco a poco la idea es, que vayamos subiendo a la montaña junto a Jesús para escuchar sus palabras, para escuchar su gran sermón, para dejarnos cautivar por su sabiduría divina que quiere introducirnos en el Reino de los hijos de Dios, en el Reino de los hermanos que se sienten hijos, de los hijos que no se olvidan que tienen hermanos. Porque no es el Reino tuyo o mío, sino que es el Reino de Dios y sus hijos, Dios tiene muchos hijos, es padre de millones y por eso nunca tenemos que olvidar que no somos hijos únicos, no somos hijos exclusivos, sino que somos hijos y hermanos.

Decía ayer Jesús, que no vino a abolir la ley, no vino a borrar con el codo lo que Dios Padre había escrito con su mano en las tablas de la ley. Y la ley fundamental de Dios para con su pueblo fue el amor a Él y al prójimo como a uno mismo. Jesús vino a cumplir hasta el último detalle del mandamiento principal de su Padre. No podía ser de otra manera. Lo nuevo no destroza la antiguo, sino que le da un nuevo sentido. Jesús no destruye lo anterior, sino que enseña a vivirlo desde el corazón. Por eso nos dice hoy: “Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos” Les aseguro que si su manera de obrar no es distinta, no supera a la de los escribas y fariseos no podrán vivir como hijos en esta tierra, se perderán el vivir en este Reino de los hijos de Dios. Sería como que Jesús nos diga: No obren por cumplir, no obren solamente para quedarse en paz consigo mismos, sino que obren con deseos de glorificar la Dios Padre, de amarlo y complacerlo a Él. Los fariseos obraban así, para cumplir, pensando que por cumplir la ley agradaban a Dios. Muchos cristianos obran así. Hacen las cosas para calmar sus conciencias, para no quedar mal, para no pecar, para cumplir con los preceptos de la Iglesia. Todas estas buenas razones, pero no las que nos propone Jesús. Muchos de nosotros, a veces hacemos las cosas así, sin alma, sin corazón, y lo hacemos sin darnos cuenta. No vivimos como hijos, vivimos como esclavos obedientes que obran movidos por otros deseos. Cuando vivimos así es más lo que nos perdemos que el mal que hacemos. Por ahí no hacemos mal, al contrario, podemos hacer bien, pero nos perdemos lo mejor, la libertad de los hijos de Dios.

El que es hijo en serio no se preocupa entonces únicamente en no matar físicamente a su hermano, sino que además no quiere matar a nadie con el corazón, ni tampoco matar el corazón de nadie. El que siente a los demás como hermanos manos, a pesar de cualquier diferencia, jamás querrá herir al otro, jamás estará en paz si alguien lleva una ofensa en el corazón y por eso se sentirá un hipócrita si se presenta frente a Dios sabiendo que alguien tiene una queja contra él. Esto que parece una utopía irrealizable, ¿no te parece lógico? ¿No es lógico que Dios como Padre desee que todos sus hijos se lleven bien y que no se hieran? ¿No pretendés vos lo mismo con tus hijos? ¿O sos feliz s tus hijos se pelean entre ellos? No alcanza con no matar, no podemos ser tan mediocres de conformarnos con no matar a nadie, Jesús vino a enseñarnos algo más. No mates a nadie con tu pensamiento, no mates a nadie con tu corazón, no mates a nadie con tus ojos, no mates a nadie con tus palabras. Así serás un verdadero hijo de Dios en la tierra y empezarás a vivir la alegría de las bienaventuranzas.

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