Mt 5, 43-48 – 11 de marzo – I Sábado de Cuaresma

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.»

Palabra del Señor

Comentario

Terminando la primera semana de este tiempo de cuaresma, en donde hicimos el esfuerzo de meditar sobre la necesidad de no “alimentarnos solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” es lindo hacer una recapitulación, es lindo también dar gracias. Es lindo no estar pensando primeramente qué cosas debemos hacer o cambiar, sino también reconocer tanto don, tanto que Dios nos sigue dando. Es triste ver y escuchar, tanto en Argentina, como en tanto lugares del mundo, continua confrontación, lucha continua, peleas, marchas, paros, problemas y problemas. Incluso dentro de la Iglesia a veces hay que soportar rechazo, broncas, calumnias, pérdida de tiempo, porque en definitiva eso… perdemos el tiempo en tantas cosas y mientras tanto el Señor nos invita a amar, a dejarnos de estupideces y a centrarnos en lo esencial. Qué bueno sería que, por lo menos nosotros, nos concentremos y busquemos lo más importante. Si nosotros, los que decimos creer, no estamos bien, no estamos en paz, ¿Qué podemos pretender de otros? Incluso a veces conocemos y vemos gente que sin creer tiene más paz que nosotros. ¿Qué nos pasa a los cristianos? Por eso este sábado es bueno recapitular, tomar algo de los evangelios de estos días, para serenarnos un poco, para no dejarnos “comer” por la vida, no dejarnos avasallar por la violencia del mundo, para dejar de “devorar” todo y preguntarnos como empezamos estos días de cuaresma y poner las bases para lo que se viene.

El lunes decíamos que el tiempo de cuaresma es tiempo de volver a sentir eso, qué no vivimos solamente de las cosa de este mundo, del pan material de volver a experimentar que muchas veces nos perdemos en tantas cosas y terminamos olvidando lo esencial. Cuaresma es tiempo de purificación de tanta “inmundicia” que nos envuelve, que nos penetra el corazón y nos inmuniza de tanto dolor dando vueltas y de tanto amor perdido.

El martes el tema era la oración: En su esencia rezar es hablar con nuestro Padre del cielo, es escucharlo, es dialogar. Tan simple y complicado como eso. Por eso Jesús nos enseñó a no complicarnos, nos enseñó la simplicidad del Padrenuestro, en donde aprendemos a pedir lo esencial y además a pedirlo en el orden que corresponde, porque no solo es bueno aprender a decir buenas cosas, sino que además decirlas como hay que decirlas. Con el Padrenuestro tenemos asegurado todo esto, porque son las palabras del Hijo enseñadas a los hijos pequeños que somos nosotros.

¿Andamos pidiéndole signos a Jesús para que nos demuestre que está?, decíamos el miércoles. Debe ser porque no estamos aprendiendo a interpretar lo que vivimos y lo que nos pasa. ¿Creemos sin pensar seriamente en lo que nos pasa, sin interpretarlo? Puede ser entonces que nos esté dando miedo  asumir que a Jesús lo conocemos siempre por medio de otros y con otros. Los dos extremos nos hacen mal. Ni lo material sin lo espiritual, ni lo espiritual sin lo material. Vivimos de lo material, pero con lo espiritual. Van las dos cosas de la mano, van juntas y son inseparables.

¿Qué quería decir Jesús con esto de pedir, buscar y llamar? Nos preguntábamos el jueves. Pedirle todo aquello que nos ayude a hacerles a los demás lo que nos gusta que nos hagan. Nuestro Padre del cielo es el primer y gran interesado en que entre todos seamos buenos hermanos y por eso nos enseña por medio de Jesús que tenemos que pedir, buscar y llamar. Pedir ser hijos en serio, pedir ser hermanos de todos, no cansarnos de buscar y llamar para que renazcan en nosotros los sentimientos de Jesús. El Padre jamás niega su Espíritu a quienes se lo piden y es su Espíritu el que nos hace hijos y hermanos.

Y ayer, terminábamos la semana parafraseando las palabras de Jesús: “Les aseguro que si uds. piensan que ser cristianos, ser seguidores míos, es cumplir una regla y con eso quedarse tranquilos, no disfrutarán del amor que vine a traer al mundo, que se desborda, que es abundante y que siempre alimenta. Les aseguro que si uds. viven conformándose únicamente con no hacerle mal a nadie y no ven más allá, y no piensan en cómo hacer el bien a los demás, se estarán perdiendo lo mejor del Reino de Dios. Les aseguro que el Reino de Dios no es solamente el momento en el que llegaremos cuando partamos de este mundo, sino que es también la relación de amor que se puede dar ahora entre Dios Padre, el Hijo Jesús y todos nosotros, y por eso cuando nos olvidamos de esto, nos estamos perdiendo una parte grande.

Qué este comienzo de cuaresma nos encuentre en paz, serenos, queriendo escuchar más y dejar de confrontar o pelear, todos necesitamos otra cosa, el mundo, vos y yo.

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