Mt 6, 1-6. 16-18 – 1 de marzo – VIII Miércoles durante el año

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor

Comentario

Son muchísimas las cosas que se pueden decir en este día en el que empezamos el tiempo de cuaresma, un tiempo especial que nos encamina a la Semana Santa, a la celebración central del misterio más grande de nuestra fe,  la Muerte y Resurrección de Jesús nuestro Salvador. Te digo la verdad, prefiero no decirte lo de siempre, lo que ya muchos de nosotros sabemos por estar de alguna manera cerca de la Iglesia. Prefiero que si no sabes bien que es la cuaresma y qué sentido tiene, puedas buscarlo e interiorizarte. Hoy en día no es difícil, solo con un clic. Elijo hoy, y como intento siempre ir al evangelio, a algo del evangelio que nos orienta mucho mejor de lo que puedo hacer yo. Porque en definitiva el texto de hoy está puesto por algo, para algo, para enseñarnos algo.

Hoy prefiero ir a algo más profundo de lo que habla Jesús y que une de alguna manera los tres clásicos consejos que mencionamos siempre en la Iglesia, en cada comienzo de cuaresma, en cada miércoles de ceniza.

Es muy peligroso y fácil en este día para nosotros los sacerdotes – por eso estate atento–, caer en la “recetita”, en la clásica receta para solucionar las cosas o para ser mejores. ¡Qué tentación es hacer del evangelio una receta única para todos! ¡Qué alejadas de la boca de Jesús son las recetas! Jesús va al corazón, no a lo exterior.

Por eso cuidado con estas frases que podemos escuchar en estos días: “Tenemos cuarenta días para ayunar, rezar más y dar limosna”. Es muy fácil caer en esto, los sacerdotes también nos equivocamos muchas veces y tendemos a simplificar y conformar dando recetas, no aceptemos recetas; La cuaresma no es una receta espiritual. Es bueno rezar el Evangelio también por nuestra cuenta, es necesario escuchar a Dios por nosotros mismos y saber lo que nos dice a cada uno, más allá de las explicaciones.

Es muy fácil decir desde un audio, desde un púlpito: “Hay que rezar más, hay que ayunar y dar limosna”; pero eso no es lo profundo del Evangelio de hoy, ni de la Cuaresma; aunque es obvio e importante.

Podemos hacer muchas cosas pero si las hacemos sin alma, si hacemos del Evangelio y de la Cuaresma una receta para cumplir unos mandatos; justamente caeremos en lo que Jesús quiere evitar y terminaremos honrando a Dios con los labios, pero no con el corazón. Prestá atención a esto, simplemente te marco esto hoy; lo mejor es escuchar el Evangelio, volvé a escucharlo. Jesús dice así: “Cuando des…, cuando ores…, cuando reces…, cuando ayunes…”; Jesús no dice: “Tenés”, tenemos que hacer esto o tenemos que hacer lo otro. Él presupone que un hijo de Dios lo hace, está hablándole a los discípulos, a vos y a mí. Jesús presupone que estas tres prácticas son parte de nuestra vida, son los tres pilares de cualquier cristiano que buscar amar y que por eso, se comunica con su Padre y consigo mismo en la ORACIÓN, quiere darse a los demás por medio de la LIMOSNA, y por eso es capaz de no devorar todo lo que lo rodea y así poder darle algo a quien no tiene todo, por medio del AYUNO.

Jesús le está hablando a quienes quieren amar y nos advierte del peligro de “amar sin alma”, que en el fondo no es amar. Del peligro de amar porque nos lo piden desde afuera y no porque brota desde adentro; ahí está el centro del Evangelio de hoy: “amar desde adentro o amar sin alma”. ¿Quién de nosotros no pretende ser amado y amar? Seguro que todos. Por eso nos tenemos que cuidar de practicar la santidad, la justicia, de amar; mirando la respuesta o esperando el ser recompensado, ser visto por los demás. ¿Querés que te amen? Bueno, tenemos que aprender a amar, tenemos que aprender a amar sin buscar ser “vistos” por los demás, sin buscar ser vistos incluso por nosotros mismos, por nuestro propio corazón que nos juzga muchas veces. Eso no quiere decir que no esperemos nada a cambio; sino que sí debemos esperar algo a cambio será esperar la recompensa de Aquel que nos puede dar lo mejor. Si sólo esperamos recibir algo de los demás, estamos haciendo un mal negocio porque recibiremos lo que el otro puede darnos, o sea muy poco, casi como lo que yo puedo dar. En cambio si esperamos recibir algo del Padre que está en el cielo y Él nos ha dado la vida, recibiremos lo mejor que puede recibir un hijo: el amor de su Padre.

¿Te das cuenta de que Jesús no da una receta sino que nos quiere enseñar a vivir de manera profunda y verdadera lo que en realidad necesitamos para vivir: amar y ser amados?

En estos cuarenta días alejate de las “recetas” y empezá a vivir la verdadera vida de los hijos de Dios, que tiene un rumbo seguro pero al mismo tiempo, nos sorprende cada día si no nos atamos a recetas.

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