Mt 7, 1-5 – 26 de junio – XII Lunes durante el año

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.

¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Deja que te saque la paja de tu ojo», si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Palabra del Señor

Comentario

Un lunes siempre es necesario volver a renovar el deseo de seguir escuchando la palabra de Dios, mientas vamos subiendo a la montaña ¿Te acordás?. Te recuerdo que estamos desde hace dos semanas rezando con el evangelio de San Mateo y particularmente con el sermón de la montaña, los capítulos 5, 6 y 7. Hoy empezamos a escuchar el capítulo 7. No te olvides que la imagen de la montaña es todo un símbolo, por un lado para el mismo Jesús que vino a dar la nueva ley desde el monte, así como Moisés había recibido la ley en un monte. Pero también es un símbolo para nosotros, que debemos subir para poder escuchar a Jesús, debemos salir de nosotros, de nuestra comodidad, para recibir el anuncio del Reino de los hijos de Dios, el Reino de los hijos de un mismo Padre que ama a todos, justos e injustos, malos y buenos. No hace distinción y nos quiere enseñar lo mismo.

En la montaña de la vida, muchas veces experimentamos el miedo. Ayer en el evangelio Jesús nos decía muchas veces: “No teman…” El temor es un tema recurrente en la palabra de Dios y al mismo tiempo es aquello de lo que Jesús ha venido a liberarnos. Esta semana, pienso que nos puede ayudar acompañar las reflexiones con este tema del miedo, de nuestros miedos, esos que nos paralizan y no nos permiten amar como hijos, como Jesús nos enseña. Porque en definitiva, no es que seamos tan malos, sino que somos temerosos. El miedo, dice el diccionario, es una “angustia por un riesgo o daño real o imaginario”. Tenemos miedo cuando vemos peligrar algo que amamos, nuestra propia vida, la de los demás, o nuestros propios deseos, anhelos y proyectos. Cuando algo de todo esto se pone en riesgo, el miedo se apodera de nosotros y hasta nos puede bloquear, la inteligencia y el corazón. El miedo no es buen consejero, e incluso somos capaces de “inventarnos” miedos que en el fondo no existían. Así de débiles somos a veces, que podemos crearnos nuestros propios fantasmas que se nos vuelven en contra. Pero bueno, retomaremos este tema en estos días.

En algo del evangelio de hoy Jesús no da muchas vueltas, en realidad nunca da muchas vueltas, pero si es verdad, que muchas de sus palabras necesitan a veces ser más interpretadas. En cambio ante las palabras de hoy, ¿pudo haber sido más claro y concreto? ¿Son necesarias muchas aclaraciones? Me parece que no. Ahora, otra cosa es que aunque las hemos escuchado por ahí ciento de veces, eso no significa que lo estamos viviendo. Escuchar no asegura el vivir.

Lo que nos asegura el vivir, es escuchar, meditar, asimilar y alegrarse con una enseñanza que descubro como camino de felicidad. La nueva ley de Jesús es ley de gozo, ley que libera de los desordenes de nuestro interior y de la esclavitud del cumplir por cumplir.

No juzgar hace bien, no juzgar nos conduce lentamente hacia la humildad y los humildes son los hijos predilectos del Padre, los humildes son los pobres de espíritu, son los pequeños del Reino, son los más felices. Felices los humildes, felices los que se van haciendo humildes por no juzgar a nadie. Felices los que no se creen con el derecho a andar armando y desamándole la vida a los demás pensando que ellos tienen la casa en orden. Felices los que descubren que las mejores batallas que podemos librar son los nuestras, las de luchar con nuestra propia soberbia que nos ciega y no nos deja ver tanto desorden propio.

¿Qué camino preferís elegir? ¿El de la hipocresía que se alimenta continuamente del error ajeno, el de la hipocresía que se deleita al ver tropezar a los otros; el de la hipocresía que además se cree que no es hipócrita y que siempre tiene una excusa para juzgar; el de la hipocresía que no es capaz de mirar en su interior para darse cuenta que el primero que tiene que cambiar es uno mismo? Mientras sigamos el camino de la hipocresía, consciente o inconscientemente, jamás seremos hijos de corazón. Un hermano no juzga a otro hermano porque respeta al Padre, que es el único que sabe que pasa en el corazón de cada hijo. El Padre ve en lo secreto y por eso solo el Padre puede distinguir, puede comprender todo y perdonar todo. ¿Juzgás? Pensalo en serio, pensalo con responsabilidad. Respondete esta pregunta con profundidad. Se juzga con todo el ser; con la mirada, con el pensamiento, con el corazón, con la palabra, con la indiferencia, con el rencor, con el olvido. Se juzga con el modo de vivir.

Elijamos ser hijos, elijamos vivir como hermanos, aborreciendo el mal y el pecado, pero amando y abrazando al que lo hace, al que se equivoca, al que tropieza. Ayer fue tu prójimo, hoy puedo ser yo, pero mañana podés ser vos. Elijamos mejor corregirnos a nosotros mismos para poder algún día tener el corazón limpio y así poder  ayudar a otros.

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