Mt 8, 28-34 – 5 de julio – XIII Miércoles durante el año

 

 

Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: « ¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»

A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara.» El les dijo: «Vayan.» Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.

Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

Palabra del Señor

Comentario

Es fácil decir que tenemos que amar “más” a Jesús. Es fácil decir que amamos a Dios sobre todas las cosas, es fácil porque son solo palabras, pero en realidad lo difícil, lo verdadero, es que esto se haga realidad, que no sea solo de la boca para afuera. “No son los que me dicen “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Cuando Jesús nos pide que lo amemos más, obviamente nos está pidiendo un amor efectivo y afectivo, un amor con acciones y de corazón. ¿Cómo debe darse esto en la vida personal de cada uno de nosotros? Bueno, no hay un manual, eso es lo que cada uno de nosotros debe rezar cada día y discernir. El deseo de Jesús es que lo amemos más y ese más, ese plus que nos pide es el que dependerá de la elección de vida de cada uno, de su familia, de su trabajo, de su contexto, pero principalmente de su corazón, que es el motor de todas nuestras acciones.

Se puede amar más a Jesús siendo albañil, carpintero, ama de casa, empresario, deportista, pescador, empleado, estudiante, barrendero, vendedor, obrero, religioso, sacerdote; joven, adulto o anciano. ¿Dónde dice Jesús qué es lo que debemos ser en esta vida, que profesión tener? Nos dijo que lo amemos más, pero no como. Por eso, esta invitación  no es exclusiva para algunos, aunque algunos les guste hacerlo parecer así. Jesús se lo pide a todos los que quieran seguirlo, y la condición necesaria es querer, y querer que sea lo principal en nuestra vida, sabiendo que si está Él, todo lo demás se acomodará, todo lo demás se dará por añadidura.

En algo del evangelio de hoy, se nos da un indicio de lo que muchas veces pasa en este mundo: Dios es muy bueno, Jesús es un lindo y atrayente personaje hasta que “toca” algo que para el mundo tiene valor. Vamos a la escena de hoy en la que hay varios personajes. Por supuesto que Jesús, los endemoniados, los demonios, los cuidadores y finalmente los pobladores de la ciudad.

¿Qué se esperaría ver cuando se escucha una buena noticia sobre el bien que se le hizo a unas personas? Lo lógico sería escuchar alegría y agradecimiento. Sin embargo dice el evangelio de hoy: “Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio” Si lo echaron a Jesús de la ciudad, el sentido común nos indica que muy contentos con lo que había hecho no estaban. ¿Sabés cual fue el problema? Los cerdos. La comida. En el fondo la pérdida económica. Dos personas liberadas de esos demonios no valían tanto como los cerdos que se ahogaron. ¿Te das cuenta? ¿Te parece muy raro? No te creas, es más común de lo que imaginamos. Se da continuamente en las estructuras de este mundo, que privilegian el poder y el tener sobre las personas; se da en tu trabajo cuando eligen echarte por considerarte un número; se da cuando un empresario prefiere pagar menos a sus empleados para ganar más de lo que su vida le da para gastarla; se da cuando se prefiere matar a miles de niños en los vientres en vez de enseñar que somos seres pensantes y hechos para amar; se da cuanto preferís no jugarte por nada y callarte, mientras tu voz podría hacer este mundo más justo; echamos a Jesús de nuestra “ciudad” cuando es incómodo, cuando su amor y su poder nos invitan a jugarnos por los que están fuera de la sociedad, como estos dos endemoniados; echamos a Jesús de nuestro corazón cuando preferimos amarlo menos y amar más unos billetes que nos darán un poquito de felicidad; echamos a Jesús de nuestra vida cuando vemos corrupción y somos cómplices por conservar nuestro lugar, olvidándonos que la corrupción mata a miles de personas; amamos menos a Jesús cuando por no “perder” nuestra posición dejamos que los demás se “ahoguen” en su posición.

Amar más a Jesús es concreto y real. Se juega en las decisiones que tenés que tomar hoy. En las decisiones que te invitan a ser, antes que nada, justo. Estos endemoniados merecían otro lugar, otro trato, mucho más digno. Hay mucha gente en este mundo que merece otra cosa, y antes que ser buenos con ellos, antes que ser caritativos, tenemos que luchar para que reciban lo justo. Es fácil ser bueno y caritativo con lo que nos sobra. Es fácil para el Estado hacer asistencialismo, o inclusión con la plata que no es de ellos. Es fácil dar cosas para parecer “mejor” por dar algo. Lo difícil es ser justo. En este mundo, vos y yo, muchas veces nos sale ser buenos hasta que nos tocan el bolsillo. Y la fe, Jesús, su amor, tarde o temprano nos toca el bolsillo, para aprender a jugarnos por el bien, por la verdad y también por la justicia.

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