Mt 9, 9-13 – 7 de julio – XIII Viernes durante el año

 

 

Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»

Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra del Señor

Comentario

¡Qué lindo que es cuando la Palabra de Dios, esa palabra escrita en diferentes libros, esa palabra que escuchamos todo los días va impregnando todas las dimensiones de la nuestra vida! ¡Qué lindo que es, cuando la Palabra de Dios no queda como tirada en un “cajón”, como un libro para leer y escuchar cada tanto, como esas Biblias que guardamos en nuestras casas y hasta tienen tierra!

¡Qué lindo que es cuando no nos conformamos con poco, cuando queremos más, cuando queremos conocer y conocer más, lo que Dios es y nos dice. ¡Qué lindo que es, cuando la Palabra de Dios nos hace llegar al final de nuestro día y nos ayuda a poder mirar para atrás, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos y nos damos cuenta de que pudimos vivir y experimentar a Dios en el día, cuando nos damos cuenta de que lo que Dios dice se van cumpliendo en nuestra vida y en la de los demás!! ¡Qué lindo sería que todas las noche podamos decir: “Esto que escuché hoy lo viví en esto otro” “Esta frase de Jesús la pude escuchar en esta situación, en esa persona” “Esa actitud de ese personaje se repitió en una actitud mía, tengo que cambiar” y así podríamos seguir. En definitiva es cristiano es que vive como Cristo, y solo vive como Cristo aquel que vive su Palabra, ya sea activamente o pasivamente.

Las palabras de Jesús, especialmente las de hoy, muchas veces nos corrigen, muchas veces nos pegan un sacudón, es necesario. No te creas que cada tanto no necesitamos un sacudón. Jesús sacudía a los fariseos y escribas. También a nosotros. Trataba de sacudir la soberbia que llevaban impregnada en el corazón, casi como una segunda naturaleza, pero no podía, muchas veces se enojaban más. En realidad, no sabemos qué pasó con estos hombres, no sabemos si finalmente se convirtieron, eso solo lo sabe el Padre, pero lo que si sabemos, es que les encantaba pensar mal, les encantaba mirar mal, les encantaba entender todo mal. Y Jesús le encantaba, le encanta, me gusta decirlo así, ponerlos en “offside” como se dice en el futbol. Jesús los dejaba siempre fuera de juego, con gestos, con silencios, con retos, con miradas. Nunca le pudieron ganar. Porque Jesús supo siempre lo que pensaban y lo que querían hacer. Ellos pensaban que tenían todo bajo control y en realidad Jesús era dueño y Señor de sí mismo y de todas las situaciones. Jesús se hacía el que perdía, pero siempre ganaba, pareció un fracasado, pero fue el único que ganó y nos ganó para el cielo, para la eternidad.

¿Mirá si hoy Jesús nos deja en “offside” a nosotros también? ¿No nos vendría bien darnos cuenta que muchas veces jugamos adelantados y nos creemos los dueños de la pelota? No está mal quedar “adelantado” cada tanto, nos ayuda a no olvidar que somos creaturas y que el juego, por decir así, no es nuestro.

¿No te pasa que a veces te enojás con los que son buenos con otros? ¿No te enojaste alguna vez con tu padre o tu madre porque fue bueno con otro de tus hermanos que vos consideraba que no lo necesitaba? ¿No te creíste alguna vez con derecho a juzgar qué es lo que tiene o debería hacer tu padre o tu madre? ¿No te enojaste en tu trabajo porque tu jefe quiso ser generoso con otro que vos pensaste que no lo merecías? ¿No te pasó que alguna vez juzgaste a Dios? ¿Porqué esto o porque lo otro? ¿No nos pasa eso con Dios a nosotros también, eso de decirle lo que tiene que hacer casi como si fuéramos los jueces del mundo? Vayamos a aprende la lección que nos deja hoy Jesús, es para todos:

“Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”

Casi que podríamos imaginar que al final de la vida Jesús nos preguntará: ¿Aprendiste lo que te deje? ¿Entendiste lo que te dije o seguís creyendo que tenés razón?

Hoy vamos juntos a aprender esta lección. Estemos atentos, se aprende de muchas maneras.

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