Resumen – V semana de Pascua

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.

Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»

Palabra del Señor

Resumen

En este sábado, nos ayudan las palabras de Jesús de algo del evangelio de hoy: “Acuérdense de los que les dije”. Acordémonos de lo que nos dijo en estos días. Alguna palabra que escuchaste seguro que te ayudó, alguna frase la escuchaste por primera vez, alguna la habías escuchado muchas veces, pero te vino bien escucharla otra vez. La clave es, no olvidarse, la clave es, no perder la memoria. Si te olvidás todo queda en el pasado. Si recordás todo se hace presente otra vez. Por eso vamos a recordar algunas cosas y aprovechá para quedarte con la más profunda y necesaria para tu vida. Intentá empezar este día con deseos de escuchar más y mejor. Intentá aprovechar este día para volver al evangelio, tu biblia y poder buscar vos mismo el texto que querés meditar. Acordate de algo de lo que te dijo Jesús.

Tampoco olvidemos el tema que nos acompañó la mayor parte de esta semana, el permanecer, en donde también Jesús nos seguía animando a estar con Él, a no alejarnos jamás de Él, sabiendo que Él está siempre con nosotros. Permanezcamos en su amor, continuemos en su camino, en sus enseñanzas, en sus mandatos. Confiemos en que Él es Camino, Verdad y Vida, nadie puede llegar a Dios Padre si no es por medio de Él.

El lunes: Jesús nos proponía traernos el cielo al corazón, quedarse en nuestro corazón hasta que nos llegue el día de poder gozar de su presencia. «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él» El que ama empieza a vivir el cielo en la tierra, en el corazón, porque el que ama “le hace un lugar” en el corazón al mismísimo Dios, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. ¿Te das cuenta de semejante verdad? ¿Nos damos cuenta de que cuando amamos en realidad estamos siendo lo que debemos ser, estamos abriéndole las puertas al que nos creó para que encuentre un buen lugar en nuestro corazón?

El martes: Decíamos que tenemos que amar lo que viene, amar el cielo, es amar la vida, es amar todo lo creado, pero amar esta vida es también reconocer que acá no está lo definitivo, es darse cuenta que acá se juega nuestra vida, pero lo que vendrá será algo inimaginable, será una paz eterna. Mientras tanto, Jesús nos dejó su paz, nos da su paz, nos quiere en paz, pero no como la paz que nos da este mundo que muchas veces vive en “su mundo”.

El miércoles, aparecía de nuevo la imagen de la vid y los sarmientos, haciéndonos entender que este “permanecer” en Jesús, es algo vital, algo dinámico que se desarrolla y cambia progresivamente a lo largo de nuestra vida. Sólo permaneciendo unidos a Jesús es cómo podemos dar frutos. El permanecer nos asegura la fecundidad, esa fecundidad que perdura y que transforma vidas.

El amor nos mantiene unidos, el amor es el que nos asegura la permanencia, el estar siempre hasta el final. No te olvides de que Él permanece en nosotros siempre, pase lo que pase, hagamos lo que hagamos.

El jueves en el marco de la Fiesta de Felipe y Santiago, nos dábamos cuenta como incluso a ellos –sus apóstoles– les tentaba ese deseo de “querer siempre más”. Jesús les acababa de decir que Él era el Camino, la Verdad y la Vida; todo lo que un hombre podría desear, pero ellos pretendían algo más.

Eso queda al descubierto cuando Felipe dice: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.» ¿Necesitamos algo más que a Jesús? No; sin embargo, queremos y pedimos más.

¿Crees que Jesús es el camino para llegar al Padre que te creó, la Verdad que marca el sentido de tus pasos para llegar a Él, y la Vida que te da vida y te permite respirar hasta que te abraces eternamente con Él?

Y ayer, viernes, caíamos en la cuenta de que amar con el amor de Jesús es –para empezar-, no considerar a nadie como enemigo; porque Jesús no tiene enemigos y los “amigos de mi Amigo son mis amigos o por lo menos nunca enemigos”. ¿Por qué nos empeñamos a veces en hacer bandos si para Jesús todos son amigos? Terminemos con esta linda oración de San Felipe: “¿Oh Señor que eres tan adorable y me has mandado a amarte, por qué me diste tan solo un corazón y este tan pequeño?”.

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