Mateo 13, 24-30 – XVI Sábado durante el año

 

 

Jesús propuso a la gente otra parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”

El les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”

Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”

“No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero.”»

Palabra del Señor

Resumen de la semana

Durante esta semana pudimos reflexionar, dejándonos iluminar por el evangelio del domingo, sobre la necesidad del descanso en Jesús para ser verdaderos discípulos. San Juan Bosco decía: “Descansaremos en el cielo”, y es verdad, nuestro verdadero y eterno descanso será cuando nos toque partir de este mundo para estar eternamente con Jesús, María, los santos y nuestros seres queridos, sin embargo, mientras tanto debemos aprender a frenar y nos ser esclavos del activismo que nos lleva a perder el “alma de todo apostolado”, la íntima unión con Jesús que se logra cuando nos dejamos atraer por Él, en el silencio de la oración. Intentemos hacer algo así este sábado, repasando algunas de las cosas que pudimos decir en estos días.

El lunes ante el pedido de un signo a Jesús, decíamos que el signo de nuestra fe es la Resurrección y eso no se trata de probarlo científicamente; sino probarlo en tu vida, experimentándolo en tu vida: ¿Cómo que Jesús no resucitó? fijate alrededor, fijate lo que te fue pasando en tu vida, fijate en la presencia de Dios en tantos momentos que se te manifestó de diferentes maneras…; si te cerrás nunca vas a percibir a Jesús, si buscás pruebas científicas nunca la vas a encontrar; más bien buscá pruebas del corazón, buscá experiencias de fe, buscá conversiones a tu alrededor, vidas de santos, mirá la admirable propagación de la Iglesia, la Eucaristía, los sacramentos y tanto que recibimos gracias a ella.

El martes no teníamos miedo de decir que Jesús de alguna manera “distingue”, “discrimina”. No discrimina porque es malo; Jesús distingue, no es lo mismo la multitud, que sus discípulos. Para Jesús todos somos hermanos, no quiere decir que está rechazando a los otros; sin embargo, unos se comportan como hermanos y otros no, no todos los que estaban cerca de Jesús cumplían la voluntad del Padre, sino los discípulos a los que Jesús señala. No todos los que hoy están cerca de Jesús cumplen la voluntad del Padre, no todos los que “decirnos” que somos cristianos cumplimos la voluntad del Padre, ¡no!; de hecho, nos comportamos muchas veces como anti testimonio, no siempre cumplimos la voluntad del Padre. Entonces Jesús hoy distingue, no para que te asustes; sino para invitarte a algo más, para invitarte a ser hermano, a hacerte hermano no por un vínculo de sangre lejano; sino por tus actitudes, hacerte hermano por lo que hacés, hacerte hermano porque querés vivir eso.

En la fiesta de Santiago, el miércoles, te decía que me resulta genial el modo de obrar de Jesús, el modo que tiene de lograr “sacar lo mejor de lo peor”, “para que se vea bien que la fuerza no procede de nosotros sino de Él”. Es claro que Él necesita “vasijas de barro” para que el tesoro reluzca, para que se vea que la fuerza procede de él. ¿Cuántos “sí” y “podemos” inconscientes o mezclados con un poco de ambición, dijiste en tu vida? Por mi parte varios, incluso la misma vocación a veces puede surgir así. Pero lo lindo es saber que Jesús va purificando, va conduciendo a buen puerto nuestras intenciones torcidas. Qué esperanzador es saber que Jesús puede hacer de alguien, deseoso de reconocimiento, de popularidad, de búsqueda de poder y de tanto más, un enamorado del servicio y del amor. Puede tomar todo eso para hacerlo un mártir, alguien que dé la vida sin importarle el puesto.

El jueves, reflexionábamos de algún modo el porqué de las parábolas. Decíamos que nos enseña por medio de las parábolas porque nos quiere revelar las cosas de a poco, no de golpe. No quiere darnos todo “masticado”, y por eso, no explica todo; más bien nos anima a que nosotros “mastiquemos” la Palabra, a hacer nuestro propio trabajo, quiere que nos animemos a recorrer nuestro propio camino, porque hay que “hacerse pequeño” para empezar a comprender las cosas del Reino de Dios. Y así a través de la escucha de la Palabra y de ir asimilándola vamos viendo como sus enseñanzas chocan contra nuestra mentalidad, contra nuestra cultura, contra las cosas que pensamos o nos enseñaron, y así, la Palabra de Dios va metiéndose en nuestras vidas de a poquito; esa es la idea para que así surjan en nosotros sentimientos y pensamientos que antes no imaginábamos.

Y el viernes, terminábamos afirmando que tenemos que reconocer que la falta de frutos en nuestra vida se debe principalmente a nuestra debilidad, nuestra inconstancia, a nuestros pecados, a nuestras malas decisiones y dejar de mirar para otro lado buscando fantasmas por todos lados. Las malezas están y estarán. Las preocupaciones del mundo nunca nos abandonarán. Las riquezas de este mundo, que toman diferentes colores, siempre nos atraerán. Esos no son los principales problemas. Nosotros somos los que podemos elegir ser siempre buena tierra-corazón. Nosotros somos los que podemos evitar que el maligno se lleve rápidamente lo que Dios sembró. Nosotros somos los que debemos intentar que las cosas de Dios echen raíces en nuestro corazón siendo profundos, constantes y perseverantes. Nosotros somos los que podemos evitar dejarnos atraer por tantas superficialidades de este mundo que nos hacen creer que la vida es fácil, sin esfuerzo. Somos nosotros los que debemos jugarnos por el bien, la bondad y ser constantes en escuchar y luchar, todos los días.

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