Sábado 9 de Junio – Solemnidad del Inmaculado Corazón de María

 

 

Jesús enseñaba a la multitud: “Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y en los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad”.

Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba como la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.

Palabra del Señor

Resumen de la semana

Es bueno, en este sábado, pedirle al Señor que nos regale tener su mirada. Mirar como Él miró a la pobre viuda. La mirada que tiene Jesús en algo del evangelio de hoy, nos ayuda a mirar bien, nuestra vida y la de los demás, porque “el hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón”. Jesús ve lo que nadie ve y valora lo que nadie valora. Él ve nuestros verdaderos esfuerzos y entregas, esos que nadie ve. Él ve también nuestros egoísmos y lo que nos guardamos, esos que nadie se da cuenta. Él vio en esta semana todo nuestro esfuerzo para hacer el bien, aunque nadie lo haya visto. Él vio todo lo que intentamos escuchar en estos días, se dio cuenta que intentamos oír escuchando. Es lindo saber eso. Es maravilloso y al mismo tiempo nos debería dar cierto temor, el que Jesús juzgue lo que nadie sabe y, además, juzgue de un modo muy difícil de entender para nosotros… la que puso menos en realidad puso más que todos y los que pusieron mucho en realidad, no pusieron nada. ¿Nosotros seguimos midiendo por la cantidad? ¿Cuándo aprenderemos a no medir tanto por eso, sino más bien, por la intención del corazón?

Recapitulando sobre la semana, el lunes decíamos que: Dios, que nos ha dado todo, ha plantado una viña, para que podamos vivir y alimentarnos de ella; la ha “cercado” de alguna manera, con las normas que nos quieren conducir a vivir la vida entre nosotros en paz; ha dejado también “una torre de vigilancia”, porque también se ha quedado Él, para poder custodiarnos, como Padre que ama. ¿Y nosotros, qué hacemos? Sin querer; matamos a los enviados de Él que vienen a buscar lo que es suyo, y no nos damos cuenta de que Él se hizo presente en muchísimos momentos de la historia.

El martes, veíamos que claramente Jesús no era tonto, fue muy bueno, pero no fue ingenuo. Muchas veces ante los engaños de los otros nos conviene responder con preguntas, como lo hacía Él. La manera más fácil de desenmascarar un engaño, una hipocresía y saber qué es lo que realmente busca el otro, es “redoblar”, redoblar la apuesta. Jesús no se dejó engañar por los soberbios de este mundo, que querían que pise el palito y se equivoque para acusarlo de algo.

El miércoles decíamos que la actitud de los saduceos es muchas veces la nuestra ante las cosas de Dios y de muchas cosas que nos rodean. Vamos con nuestros preconceptos, pretendiendo que los demás nos respondan lo que yo quiero escuchar.  Cuando en realidad debería ser al revés. No comprendemos a Jesús, porque no lo dejamos hablar o porque lo escuchamos con un “filtro” a nuestra medida. No comprendemos la Palabra de Dios y por eso cuestionamos; ¡Cuidado con esa actitud!, ¡Cuidado porque es falta de humildad!

El jueves te proponía que pienses en esas palabras de Jesús, esos mandamientos, no como un mandato impuesto desde afuera, sino como una promesa que él mismo nos hace si aprendemos a escuchar. Amarás… Amarás. Si escuchás vas a poder amar, si escuchás, vas a empezar a encontrar motivos para amar, si escuchás a ese que no querés escuchar lo vas a empezar a conocer y conociéndolo, lo amarás. La escucha sincera conduce al amor. Es imposible escuchar a Dios y no amarlo. Por eso te habrá pasado y te estará pasando que la Palabra de Dios te va enamorando, te va atrapando, te va generando una linda “adicción”.

Y ayer viernes, celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón… en la que Jesús, nos deja de regalo su Corazón traspasado de amor por nosotros. Te proponía que busques una imagen del Sagrado Corazón, tan conocida por nosotros, buscala, mirala, contemplala. Y terminamos con una oración en la que intentamos ponerlo a Él como el centro de nuestras vidas.

Solo Jesús nos anima a empezar a caminar…

Solo Jesús nos sostiene mientras caminamos…

Solo Jesús nos hace caminar juntos…

Solo Jesús nos ayuda a no perdernos…

Solo Jesús nos hace salir ahí, donde se necesita…

Solo Jesús nos conduce al mismo fin…

Solo Jesús nos levanta cuando nos caemos…

Solo Jesús nos consuela en el desánimo…

Solo Jesús nos da la paz del perdón…

Solo Jesús nos libera de nuestras esclavitudes…

Solo Jesús nos libra del olor a muerte que nos rodea…

Solo Jesús nos salva de nuestras locuras…

Solo Jesús nos recibe cuando pecamos…

Solo Jesús nos aplacará el dolor…

Solo Jesús nos recibirá cuando atentemos contra nuestros hermanos…

Solo Jesús nos abrazará cuando seamos despreciados…

Solo Jesús nos hará doblar la rodilla frente a Él cuando nos toque estar cara a cara.

Todo lo demás… Todo lo demás pasará y finalmente quedará… solo Jesús.

Que este resumen de la semana te ayude a repasar en tu corazón lo que escuchaste, y que puedas empezar este fin de semana en paz.

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