Topic: Lucas

XXVI Miércoles durante el año

XXVI Miércoles durante el año

By administrador on 28 septiembre, 2022

Lucas 9, 57-62

Mientras Jesús y sus discípulos iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!»

Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».

Y dijo a otro: «Sígueme». El respondió: «Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios».

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».

Palabra del Señor

Comentario

Algunas de las palabras del evangelio de hoy, me las acuerdo como si las hubiese escuchado ayer: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza». Recuerdo que las escuché por primera vez y muchas veces en unos campamentos que hacía cuando era chico, eran parte de la oración de la mañana. No puedo recordar más que eso pero de lo que sí estoy seguro, es que nunca entendí demasiado a qué se referían, pero misteriosamente se quedaron grabadas para siempre en mi alma. Cada vez que las escucho me hacen recordar a esos días en los que, en medio de la naturaleza, vivíamos días de diversión y encuentro con Dios. ¿Te pasó alguna vez esto con algún texto del evangelio? ¿Te pasa con algunas palabras de Dios que escuchaste muchas veces y que ahora, después de mucho tiempo, al volver a escucharlas, empiezan a recobrar sentido? La palabra de Dios es imposible que pase por nuestra vida sin dejar alguna huella o por lo menos, a preparar el «terreno» para que sea otra palabra la que cale hondo en el alma. Todos de una manera u otra vivimos esta experiencia, con la palabra de Dios o bien con palabras que nos dijeron. No comprendemos todo de una vez, no digerimos el misterio de la vida en un instante o en un encuentro.

Por eso y para relacionar lo que te acabo con el texto que escuchamos, podríamos preguntarnos si estos hombres habrán comprendido al acercarse a Jesús con todo entusiasmo para seguirlo lo que les quiso decir ¿Qué habrán hecho después de escuchar estas palabras, lo habrán seguido o no? No sabemos. Lo que sí sabemos, es lo que les respondió Jesús. Y ¿los peros de las respuestas?… los «peros» de sus respuestas son evidencia de que no comprendían todavía muy bien a quien seguían. Cuando uno sabe lo que quiere, cuando uno tiene claro el fin y sus deseos, no hay «pero» que valga, todo es superado por el anhelo de alcanzar ese deseo. Seguir a Jesús o querer seguirlo poniendo «peros», es signo de que todavía no se lo conoce y que por eso, no nos animamos a dar el paso definitivo.

Jesús hoy otra vez es incomprendido. Lo quieren pero no lo quieren completamente. Quieren seguirlo pero a su manera. Jesús no es siempre comprendido y no siempre se hizo comprender perfectamente, dejó la puerta abierta al misterio. Hay que animarse a no comprender todo para empezar a comprender algo. Solo cuando damos el paso, cuando nos animamos, cuando nos arriesgamos empezamos a comprender. En cambio, cuando miramos la vida desde un balcón y no nos animamos a dar el paso, a tirarnos, es cuando en el fondo no comprendemos nada, y esperamos lo mágico para empezar a comprender.

Siempre habrá una «cuota» de incomprensión en nuestra vida, para con nosotros, para con los demás y por supuesto para con los planes de Dios. Cuota que hará, que no todos nos comprendan bien y cuota de incomprensión que hará que no comprendamos todo lo que Jesús es y a lo que nos invita. ¿Pretendés comprenderlo todo? Te estás poniendo en el lugar de Dios. ¿Querés que todos te comprendan? No te estás poniendo en el lugar de los otros. Ni vos, ni yo, ni los demás son perfectos. Solo Dios comprende todo y solo Dios elige a quién quiere hacerle comprender y a quien quiere ayudarle a comprender mejor las cosas.

Jesús invitó a estos hombres y nos invita hoy a todos, a no mirar para atrás, a lanzarnos al futuro sin arrastrar el pasado; a no anteponer nada ante su amor, ni siquiera la propia familia; a no esperar el momento ideal para amar, sino a empezar a amar desde ahora, hoy, sin esperas, sin pereza. Jesús nos anima a no buscar en Él comodidades humanas, sino entrega, amor, acompañados a veces de dolores e incomprensiones. Pero para encontrar la felicidad.

No se puede tener todo calculado, no se puede esperar a resolver todo para entregarse. Lo bueno es entregarse sabiendo que el camino se va aclarando en la medida que avanzamos, pero sabiendo que con Jesús nunca nos podemos perder, aunque a veces nos cueste comprender.

Que tengas un buen día y que la bendición de Dios que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre tu corazón y permanezca para siempre.

XXVI Martes durante el año

XXVI Martes durante el año

By administrador on 27 septiembre, 2022

Lucas 9, 51-56

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.

Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?» Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo.

Palabra del Señor

Comentario

El rico de la parábola del domingo se dio cuenta de lo que había sido, de lo que no había hecho cuando ya se había acabado el tiempo, cuando su vida en la tierra se había terminado. Cuando nos toque partir, ya no habrá tiempo para lamentos y pedidos de ayuda, suena duro y extremista, pero es lo que la enseñanza de Jesús quiere ayudarnos a reflexionar. El momento de abrir el corazón a los más necesitados, a los que la vida golpeó de una manera muy dura, a los que esta sociedad consumista y despiada descarta por amor al dinero, es ahora, no es mañana. El día para ayudar a otro que la está pasando mal, al Lázaro que te vas a cruzar hoy por el camino, el que estará pidiendo una mano, es hoy, no mañana. Probemos hoy, ser receptivos con las situaciones de dolor y sufrimiento que se nos presenten, no esquivemos la posibilidad de ayudar, nos estaremos «ganando amigos con el dinero de la injusticia» como decía también Jesús.

Ayer dijimos que durante esta semana íbamos a contemplar a un Jesús incomprendido, no fue simplemente una metáfora, una forma de decir, sino que es muy real. Generalmente es un aspecto de los evangelios que muchas veces pasamos de largo o no analizamos mucho, incluso nosotros los sacerdotes. Es verdad que es mucho más agradable hablar de las cosas lindas de la vida de Jesús, es más fácil para uno y además es más atractivo. Pero… ¿qué hacemos con lo demás? ¿Por qué los escritores de los evangelios no quisieron ocultar estas incomprensiones «de fondo» que vivió Jesús, tanto con sus discípulos, como con los extraños o los que no creían en Él? ¿No será que enamorarnos de un Jesús así, nos ayuda a conocerlo realmente y a conocernos a nosotros? En realidad, el fondo de la cuestión debería ser preguntarnos esto. ¿Conocemos al Jesús de los evangelios o al Jesús que me «contaron» en la catequesis de niños? ¿Conozco al Jesús real, como está descripto en los cuatro evangelios y en todo el nuevo testamento o conozco al Jesús que me «armaron» para convencerme que todo era lindo o al que me «armé» según mis propios criterios y preferencias para estar más cómodo con mi fe?

Creo que no está mal que nos hagamos estas preguntas en serio, creo que no está de más, que me anime a decirte estas cosas. Es mi deber como sacerdote, si callo no sirve. San Pablo decía: «Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados» (1 Cor, 1, 22-24) Hoy podríamos decir que mientras algunos cristianos o creyentes piden un Jesús «edulcorado», solucionador de problemas personales y ajenos, un Jesús que quite el sufrimiento mágicamente, hecho a medida y de bolsillo, un Jesús sin contradicciones y sin cruz, los que no creen o creen en otras cosas nos exigen un Jesús o un Dios que dé respuesta a todos los misterios de la vida, un Dios idea, un Dios que resuelva los enigmas y el mal de este mundo, y como «aparentemente» no lo puede hacer, en realidad ese Dios no existe, en realidad entonces no hace falta un Dios teniendo la sabiduría de este mundo.

Ni un extremo ni el otro. Nosotros predicamos a un Jesús vivo, que está vivo, cada vez más vivo, dicho simbólicamente, pero un Jesús que con su vida nos enseñó a vivir. Con su vida de contradicción e incomprensiones nos dio luz para vivir y nos marcó el camino a todos. No podemos quedarnos únicamente con que Jesús hoy está vivo y resucitado, no alcanza, tenemos que conocer cómo vivió y qué hizo. Si nos alcanzara con saber que Jesús está ahora vivo y resucitado no hubiese sido necesario escribir los evangelios y conocer su vida y sus palabras.

En Algo del Evangelio de hoy, es rechazado por los samaritanos e incomprendido por Juan y Santiago, sus propios discípulos, tanto que Él mismo los tuvo que reprender, los tuvo que retar, porque no entendían nada. «Se dio vuelta y los reprendió» dice la Palabra. Él estaba decidido a ir a Jerusalén a entregar su vida y sus discípulos le hablan de «mandar fuego» sobre otros. Él estaba siendo rechazado por muchos, pero respondía con amor y sus amigos querían guerra, querían muerte, querían destrucción, querían solucionar los problemas con más problemas.

Así de ciegos andamos muchas veces por la vida. Así de incoherentes somos a veces los cristianos. Sería lindo que Jesús nos mire y nos rete, no nos vendría mal, para que aprendamos de una vez por todas. Los que seguimos a Jesús no tenemos que hacer otra cosa que buscar la paz. Ni siquiera para defenderlo deberíamos usar la violencia, como algunos todavía pretenden. Él nunca hizo eso, ni lo quiere. Acordémonos que cuando Pedro le cortó la oreja al guardia por defender a su amigo, Jesús le pidió que guarde la espada.

Él es tan bueno que ni siquiera sus discípulos lo entendían. «Es demasiado bueno» decimos a veces de algunas personas, como diciendo es «demasiado tonto». Parece que no es bueno ser bueno en este mundo, si sos bueno no te comprenden. Incluso se te burlan. Pero… ¿Qué preferís? ¿Qué preferimos? ¿Pasar por tontos y ser buenos o ser tontos y no ser buenos? Jesús es bueno, solo Dios es Bueno, como Él mismo lo dijo, pero reta a sus discípulos para que entiendan que la violencia no es el camino, no puede ser el camino. Si queremos ser como Jesús, debemos andar como Él andaba.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXVI Lunes durante el año

XXVI Lunes durante el año

By administrador on 26 septiembre, 2022

Lucas 9, 46-50

A los discípulos de Jesús se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande.

Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: «El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande».

Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros».

Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes».

Palabra del Señor

Comentario

Hay que empezar este lunes con todo, con todo el corazón. Miremos para adelante, miremos todo lo que tenemos por delante. Miremos todo lo que podemos hacer en este día, veamos con ojos de fe que planeamos hacer en estos días. Hay que volver a entusiasmarse. Sí, entiendo, por ahí estás empezando este día con cara y cuerpo de cansancio, pero se puede cambiar, se puede decir: «Quiero otra cosa» «Quiero transmitir alegría por donde ande, por donde me toque estar».

Retomando algo de la parábola de ayer, podemos intentar en esta semana también desmenuzarla un poco, porque tiene mucho para aprender. Puede resultar chocante escuchar que el rico se fue al infierno, al lugar de lo muertos y el pobre Lázaro al cielo, al lugar de los santos, de los salvados. Porque una interpretación reductiva y sin profundidad, puede llevar a pensar que los ricos, por ser ricos se irán al infierno, y los pobres por ser pobres irán al cielo. Jesús, es necesario aclararlo, no pregonaba la grieta social, no buscó nunca etiquetar a las personas, o juzgar por lo exterior, por los bienes. Todo lo contrario, fue siempre más al hueso, al meollo de las cuestiones. El pobre fue al cielo, porque vivió dignamente su pobreza, porque aun siendo excluido por el rico, aun sufriendo las injusticias de este mundo, se mantuvo bueno, sin resentimientos, sin odios. El rico se fue al infierno, no por ser rico, no porque tenía muchos bienes, sino porque no tuvo compasión, porque no se hizo cargo del dolor de Lázaro, que deseaba comer lo que caí de su mesa, se fue al infierno por egoísta y avaro. Seguiremos con esto estos días.

La vida de Jesús es una invitación a la alegría y a superar dificultades. Esta semana de audios la dedicaré a que contemplemos a un Jesús incomprendido, por propios y extraños. ¿Vos pensás que sos el único o la única que no te comprenden a veces? ¿Vos pensás que a Jesús se le hizo fácil? Vamos a ver como Jesús habla un «idioma» en el que casi nadie lo entiende, no logran penetrar su corazón. Esto no es para resignarnos, sino para animarnos y sentirnos acompañados. Además, si al mismo Dios le pasó y le pasa ¿Por qué no a nosotros?

En Algo del Evangelio de hoy, a los discípulos se les ocurrió «cualquier cosa», ellos estaban en cualquiera, como se dice, en realidad estaban en la de ellos, estaban en ellos mismos. A vos y a mí se nos hubiera ocurrido lo mismo. Pensar quién es el mejor, el más grande y, además, poner barreras a otros para que se hagan cercanos a Jesús. Las dos grandes tentaciones, el «poder» y el «exclusivismo». Todos de una manera u otra buscamos «ser alguien» en este mundo, y el poder en todas sus dimensiones es un medio para lograrlo, más o menos oculto, pero es la gran debilidad de todos. Por si no te enteraste, así nacemos, así vinimos a este mundo, «fallados de fábrica», con la mancha original de la desobediencia a nuestro Creador, esa imperceptible tentación de creernos dioses, y así, sin «querer, queriendo», disimuladamente, deseamos ponernos en el lugar de Dios, buscamos lugares de poder en el que nos sintamos bien, apreciados y queridos por otros, poniendo nuestra seguridad en opiniones pasajeras y cambiantes. Somos así de raros e ingenuos. Igual que los discípulos que mientras Jesús les hablaba de humildad y entrega, ellos iban pensando por dentro quién sería el más grande.

Lo peor que nos puede pasar hoy, es que nosotros pensemos para adentro: «Ay, ¿cómo se les va a ocurrir semejante cosa a los discípulos?» Como si fuera que a nosotros no nos pasa a veces lo mismo. Pobre Jesús, incomprendido ayer, hoy y siempre. Jesús en vida humilde y sencillo, hoy en cada Eucaristía humilde, sencillo e incomprendido, mientras nosotros nos entristecemos o nos enojamos cuando somos dejados de lado, o cuando no estamos en el lugar que queremos estar, por las luchas de poder que se dan en todos los ámbitos.

El que quiere andar con Jesús tiene que andar como Él anduvo, no hay otro camino. El que quiere ir con Jesús tiene que comprender que no es cuestión de grandeza humana, tiene que comprender que estar con Él no da «poder» mundano, que no es para tener poder y ser reconocido como grande por otros. El que anda con Jesús tiene que aceptar que el verdadero poder es el servicio, que lo lindo es poder servir, no servirnos de los otros. El que ande con Jesús tiene que aceptar que hay «otros» que pueden hacer cosas buenas también en su nombre, que el bien no se reduce a nuestras cuatro paredes. Estar con Él no nos hace exclusivos, sino que nos hace inclusivos, nos debería hacer inclusivos con los demás. Todo lo demás, todo aire de poder mundano, de grandeza pasajera, de creer que tenemos el «monopolio» del bien, de pensar que porque tenemos un lugar de servicio somos más que otros, de pensar que, en nuestros grupos, parroquias, movimientos, congregaciones, hacemos las cosas mejores que en otros lugares, todo eso… no es el Evangelio. Todo eso no es de Jesús. Eso no es el Evangelio. Eso es nuestro corazón herido por el pecado original, inclinado a las cosas que nos dejan finalmente vacíos. Y mientras pensemos así no estaremos todavía completamente convertidos hacia Él.

Que no se nos ocurra preguntar esas cosas que preguntaron los discípulos. Aunque las pensemos. No repitamos errores viejos. No todo lo que pensamos hay que decirlo, pero sí hay que ser sinceros con nosotros mismos y con los demás, reconociendo lo que siente nuestro corazón, para purificarlo. Preguntémonos hoy… ¿Qué busco estando con Jesús? ¿Me busco a mí o lo busco a Él? ¿Quién es verdaderamente el más grande? Deberíamos responder que Jesús, el que se hizo pequeño. Todo lo demás no vale la pena preguntarlo.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXVI Domingo durante el año

XXVI Domingo durante el año

By administrador on 25 septiembre, 2022

Lucas 16, 19-31

Jesús dijo a los fariseos:

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.

El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.

En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: «Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan».

«Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí».

El rico contestó: «Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento».

Abraham respondió: «Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen».
«No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán».

Pero Abraham respondió: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán».

Palabra del Señor

Comentario

¿Cuándo nos vamos a convencer de que estamos hechos, creados para la generosidad, para compartir? ¿Cuándo nos vamos a convencer de que no podemos vivir en paz plena mientras veamos a un hijo de Dios que sufre el hambre y la injusticia de este mundo tan egoísta, del cual también vos y yo somos parte? ¿Qué estamos esperando? ¿Estamos esperando que nos aparezca un muerto para decidirnos lo que tenemos que hacer? ¿Estamos esperando que venga Jesús en persona para que comprendamos que no podemos pasar de largo ante alguien que está sufriendo? ¿Estamos esperando tener un poco más para ser generosos? ¿Estamos esperando sufrir para darnos cuenta lo que significa el sufrimiento? Si somos cristianos, ¿cómo a veces nos da la cara y el corazón para pasar de largo ante tantos Lázaros que nos cruzamos por el camino de la vida, casi todos los días? ¿Nos dimos cuenta de que el pobre de la parábola tiene nombre y el rico no? Será por algo, me parece.

El tiempo es hoy, Algo del Evangelio nos enseña que la generosidad empieza ahora, no hay que esperar a mañana. Desde el momento en que nos decidamos a amar vos y yo, la generosidad empieza a generar en nosotros algo distinto. ¿Qué habrá pensado ese rico que todos los días veía a Lázaro ahí tirado, en la puerta de su casa? ¿Qué pensamos nosotros cada vez que vemos a alguien que anda tirado por la vida? ¿Qué pensarán los que tienen tanto de más en este mundo? ¿Qué piensan y sienten los corruptos y los deshonestos que se enriquecen a costa de los demás? ¿Qué piensan los que explotan y someten a los demás, qué piensan los que buscan con la droga, las armas, el aborto y tantas cosas más, enriquecerse a costa del sufrimiento? ¿Qué les pasará por la cabeza y el corazón? Pero… no miremos a los otros, miremos nuestro propio corazón. ¿Qué nos pasa a nosotros cuando estamos viviendo aferrados a las cosas, a nuestros autos, a nuestras casas, nuestra ropa en exceso, nuestros hobbies tan costosos, mientras hay gente y niños que pasan hambre y no tienen techo ni comida? ¿Pensamos que no es culpa nuestra? Bueno, puedo ser. ¿Pensamos que por algo estarán así? ¿Pensaremos que el sistema es el que los corrompe? ¿Pensaremos que son ellos los que prefieren vivir así y tantas cosas más? ¿Qué pensamos?

Estamos hechos para ser generosos, vos y yo estamos creados y fuimos creados para la generosidad, está en nuestro ADN espiritual, te lo aseguro, somos hijos del mismo Padre. Nos vamos haciendo avaros, calculadores, agarrados, mezquinos, racionalistas de la vida, a medida que crecemos, lamentablemente, y el mundo adulto nos corrompe sin querer el corazón y nosotros también colaboramos con eso.

Quiero recordar algo que me pasó una vez mientras predicaba en una de las capillas de mi parroquia. El Espíritu no soplaba tanto en mi corazón ese día para la prédica, estaba cansado, tratando de explicar esto que estoy diciendo, hasta que me interrumpió un niño de catequesis, con la sencillez y la frescura que tienen ellos. Y me dijo algo así: «Sí, padre, es como usted dice, mi mamá cada vez que me da algo para comer se enoja porque yo lo doy, yo lo comparto con otros y ella me dice: “Te lo di para vos, es para vos”. No me deja compartir. ¿Por qué no me deja? Yo le quiero dar a otros», terminó diciéndome este niño. Fue tan iluminador, como gracioso y al mismo tiempo lapidario. Porque la madre estaba al lado de él y de algún modo se quería esconder por la vergüenza que estaba pasando, ya que el niño la había expuesto, pero el niño tenía razón. Él quería ser generoso y la madre no lo dejaba. Esto daría para mucho más, pero… ¿No será que fuimos creados para la generosidad, pero el egoísmo de nuestra cultura en el mundo adulto que a veces nos rodea nos fue estrechando el corazón hasta llegar a ser lo que somos y que eso se va transmitiendo de algún modo de generación en generación? ¿No será que muchas veces nosotros hacemos lo mismo que hizo la madre de este niño e intervenimos en el corazón de los niños no dejando que ellos sean lo que en realidad ya son, generosos? ¿No será que nosotros de niños, éramos así, generosos en potencia y que el mundo, el entorno y nosotros mismos hicimos todo lo posible para ser ricos, con mucho o pocos bienes, y ricos que miran a tantos Lázaros de este mundo, que pasamos a veces de largo sin compasión? ¿No será que tenemos que dejar que el niño de nuestro corazón salga a la luz?

El tiempo es hoy, tenemos tiempo para convertirnos. Mañana no lo sabemos, no sabremos lo que pasará, lo que sí sabemos es que los pobres, los más sufridos, los que no recibieron nada en esta vida, seguramente serán aquellos que nos abran las puertas del cielo o bien los que nos miren desde arriba, eso dependerá de nuestra generosidad.

Que tengamos un buen domingo y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXV Sábado durante el año

XXV Sábado durante el año

By administrador on 24 septiembre, 2022

Lucas 9, 43b-45

Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».

Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.

Palabra del Señor

Comentario

La escucha de la Palabra de Dios no debe carecer de algo fundamental… la «constancia». La constancia es una de las virtudes humanas que más escasean en los corazones de los que se proponen alcanzar una meta y por supuesto, de los que nos propusimos seguir a Jesús, nuestro Maestro. Son muchas las situaciones, o los textos de la Palabra de Dios en los que se menciona esta virtud. Recuerdo ahora cuando Jesús les dijo a sus discípulos: «Gracias a la constancia salvarán sus vidas» o bien cuando les explicó la parábola del sembrador y les dijo: «…pero no la deja echar raíces, porque es inconstante». No vamos a explicar esos textos, pero me gustaría que nos quedemos con esta idea de fondo en este sábado, en el que intentamos perseverar, ser constantes en la escucha diaria de la maravillosa aventura, de conocer lo que Dios desea de nosotros. Son muchísimos los testimonios de personas, de corazones que gracias a la «constancia» fueron encontrando el camino de Jesús, van descubriendo lo linda que es su propuesta y lo equivocado que estamos a veces por no saber interpretar sus palabras y enseñanzas. En realidad, no necesito contarte testimonios, incluso si te animás podés dejarlos en nuestra página, www.algodelevangelio.org, porque es algo que podés comprobar vos mismo, vos misma con la experiencia de tu vida. ¿Cuántas cosas alcanzaste gracias a tu constancia, gracias a no haber bajado los brazos, a seguir luchando y confiando? Si logramos tantas cosas materiales, o proyectos, o sueños gracias a la constancia, a la tenacidad… ¿Cómo bajar los brazos al escuchar la palabra de Dios? ¿Cómo rendirse cuando vamos descubriendo que solo Él puede darnos la alegría del corazón, el gozo eterno?

Recuerdo que en una caminata que hicimos con mi comunidad en la montaña, una de las mujeres que se animó a desafiar la naturaleza, bastante más grande que los jóvenes que caminaban, en un momento sintió que no podía más, que sus piernas no le respondían, y entonces, con mucho dolor, incluso llorando, decidió quedarse. Sin embargo, seguíamos mirándola mientras subíamos, con la esperanza de que se iba a levantar, que iba a animarse a seguir, a ser constante en sus pasos, en su decisión. Y sabés, fue así… de repente nos dimos vuelta y vimos que agarró su bastón para seguir, y llegó nomás, con lágrimas en los ojos, pero llena de felicidad de haber podido lograr lo que soñaba, llegar a la cumbre. Esa debe ser nuestra actitud para seguir y amar a Jesús, no bajar los brazos, volver a levantarnos si nos caímos, volver a confiar, ser constantes.

Lo mismo hizo Jesús en su vida, en su paso por la tierra, lo mismo sigue haciendo con nosotros, por nosotros; jamás baja los brazos, siempre desea buscarnos, que lo busquemos, no se cansa de esperarnos, es constante, incluso en el dolor.

Algo del Evangelio de hoy es un anticipo de la constancia que tuvo Jesús en su vida, hasta el final, incluso sabiendo lo que le esperaba. Las palabras de Jesús, parecen ser pesimistas, o extrañas, son un anuncio de –pájaro de mal agüero–, como dice el dicho: «Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: “Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”». En medio de la admiración, no se guardó el vaticinio de lo que vendría, todo parecía muy lindo, todos lo elogiaban, los discípulos iban felices y orgullos de ser sus amigos, seguro que con el pecho inflado, pero Él no tuvo problema de decirles la verdad… en algún momento llegaría la cruz.

¿Por qué Jesús actúo de esa manera? podríamos preguntarnos. ¿Porqué en medio de la euforia y la fascinación por los prodigios que hacía les dio tan mala noticia? Bueno, pueden ser varias las respuestas… La más simple y concreta es por la sencilla razón que les dijo la Verdad, quería que sepan la Verdad, no tenía porqué ocultarla.

El espanto ante la cruz hubiese sido mucho peor de lo que fue, si Jesús les hubiera ocultado lo que iba a pasar, lo que las autoridades y el mismo pueblo le iban a hacer. Lo increíble es que, aun sabiendo la verdad, sus amigos, en el momento del dolor huyeron, no pudieron soportar su miedo y se escondieron. Otra respuesta, enlazada con la primera, es que Jesús quiso prepararlos para el momento de dolor, aunque parezca que por los hechos no valió la pena, que no sirvió para nada. Sin embargo, no es así, porque el discípulo amado sí estuvo en la cruz con María y las mujeres, y a pesar de que todos se escaparon, e incluso lo negaron como Pedro, esas palabras quedaron grabadas en sus corazones como enseñanzas para sus propias vidas, la vida de la Iglesia, la tuya y la mía.

No deberíamos tener problema en decir que tarde o temprano a todos nos tocará pasar por la cruz de esta vida, sino la estamos pasando ya. Sería de necios ocultar o pintarrajear la vida de «color de rosas» cuando la experiencia, nos dice que cierto sufrimiento es inevitable, tengamos fe o no, ese es otro cantar. Ver y entender la vida con toda su belleza y crudeza es necesario. Es falsa la espiritualidad cristiana de un optimismo mal entendido, de una alegría sin fin, sin cruces, sin entrega, sin sacrificios, y esto es algo que lamentablemente muchos hoy lo proponen creyendo que será más atractiva la decisión de seguir a Jesús, sin embargo, es un engaño y no da frutos. También es falsa la espiritualidad cristiana casi masoquista, que habla exclusivamente del dolor y el sacrificio, olvidándose de la belleza de la vida, y que, además, la cruz para el que ama, termina siendo gozosa y llena de vida.

Conclusión… como siempre, ambas dimensiones van de la mano y no se pueden separar, lo vivió Jesús, lo anunció, lo anticipó, y por eso quiere que nosotros también lo comprendamos, aunque a veces nuestro entendimiento parezca velado.

Que tengamos un buen sábado y que la bendición de Dios que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXV Viernes durante el año

XXV Viernes durante el año

By administrador on 23 septiembre, 2022

Lucas 9, 18-22

Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado».

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?»

Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».

Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».

Palabra del Señor

Comentario

El que ama nunca se quedará solo, todo lo contrario, siempre estará acompañado de uno modo u otro, siempre tendrá alguien que lo reciba en su casa. Terminando esta linda semana que nos regaló el Señor, me parecía oportuno finalizar con la reflexión que fuimos hilvanando con respecto, a la actitud deshonesta del administrador de la parábola del domingo, pero mostrando, de algún modo, la otra cara de la moneda. Quise mostrarte que, en el fondo, este hombre se equivocó, como nos pasa a todos, porque no supo amar, no supo elegir el verdadero amor ante su temor de quedar solo. Me animo a decir que la mayoría de nuestros errores en la vida tienen que ver con este trasfondo, nuestra necesidad y deseos genuinos de ser amados, de ser sostenidos y tenidos en cuenta. Esto se comprende con la afirmación que hace Jesús luego de contar la parábola: «Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas» ¿Qué quiso decir Jesús con esto? Gánense amigos amando, gánense amigos siendo generosos, no siendo deshonestos, no buscando su propio interés, ahí está la clave. Por eso te decía al comienzo que el que ama jamás se quedará solo, porque siempre encontrará alguien a quien amar, y siempre en mayor o menor medida mtendrá alguien que le corresponda su amor.

Alguna vez te habrás preguntado porqué al empezar digo: Recemos con el evangelio según… y ahí nombro el evangelista que toca cada día. Sé que no es una manera muy «marketinera» de empezar, estoy convencido de eso, lo tengo claro, y justamente por eso sigo haciéndolo así. Pero en realidad, no es la razón principal, no es que lo hago simplemente para ir contra la corriente, sino porque es lo que quiero, es mi finalidad, es la finalidad de la Iglesia cada día. Si quisiera que estos audios lleguen a más gente, podría decir otra cosa, un poco más atractiva. Quiero que «recemos» cada día con la palabra, vos escuchando y meditando, y yo escuchando, meditando y predicando.

Una vez un oyente diario me dijo algo gracioso, pero profundo, a modo de testimonio: «Tengo 25 años y soy católico, la primera vez que me llegó su audio fue de casualidad y de una persona que no esperaba, como prejuicioso que soy pensé ¿Escuchar seis minutos un audio que explica el Evangelio?, ni loco» Me hizo reír, por su sinceridad, porque finalmente por gracia de Dios empezó a escuchar y terminó enamorándose más de Jesús. Muchas personas pensarán lo mismo al recibirlo y por ahí no lo escuchan, pero sé que hay muchísimos más que comprenden el «mensaje» y quieren rezar con la Palabra de Dios. No tengamos miedo de mandarle este audio «por casualidad» como me dijo ese joven, no tengamos miedo de cansar por ahí a alguien. Son muchísimos los que me contaron que los que menos pensaron al enviárselos, se fueron ablandando, Jesús amasa el corazón, casi inevitablemente, Él es muy bueno y nos sorprende cada día.

¿Quién es para vos Jesús? ¿Quién es realmente? No me respondas con la cabeza solamente, respondamos también con el corazón. Tampoco respondamos solo con el corazón, respondamos junto con la cabeza, razón que Dios nos la dio para usarla.

Una vez un profesor nos decía a los alumnos, algo gracioso, pero que es verdad: «Los católicos a veces dejamos el cerebro al entrar al templo, y nos quitamos el corazón para entrar a un aula a estudiar. ¡No! Las dos cosas juntas» Nosotros diríamos, fe y razón, ambas.

En Algo del Evangelio, ayer escuchábamos que Herodes preguntaba por Jesús, por curiosidad, por lo menos lo atraía la curiosidad. Hoy ya no es Herodes el que pregunta qué dice la gente de Jesús, sino que es el mismo Jesús el que quiere saber qué dice la gente de Él y qué dicen sus amigos, sus discípulos. Él no lo pregunta por debilidad, o como algunos comentaristas dicen por ahí, por no saber todavía bien quién era y necesitaba la opinión ajena, nada más alejado del evangelio que eso. Jesús sabía perfectamente quién era y cuál era su misión. Pregunta para ayudar a sus discípulos y a nosotros hoy. Pongámonos en el lugar de los apóstoles y escuchemos que Jesús nos pregunta a cada uno: «¿Quién decís que soy?» No me contestes con una respuesta de catecismo. No me respondas con una afirmación teológica por más verdad que sea. No respondas con una respuesta infantil o con una frase hecha, armada. Contestame con todo el corazón y con toda la razón, no son enemigas. Sentate un rato a rezar y a pensar. Arrodillate un rato para encontrarme hoy en algún sagrario. Arrodillate hoy un momento frente a mi presencia real en la Eucaristía. Estoy en miles y miles de sagrarios abandonados, sin visitas, y en miles de misas celebradas. Arrodillate y escuchá lo que te pregunto hoy: «¿Quién decís que soy? ¿Hablás de mí a los demás? ¿Cómo hablás de mí a los demás?»

Debemos decir que no nos alcanzará la vida para responder a estas preguntas, porque a pesar de que «sepamos» con la cabeza quién fue y que hizo Jesús, en la medida que seguimos buscando y amándolo todos los días, seguiremos descubriendo quién es realmente y qué es lo que quiere de cada uno de nosotros. Eso es lo lindo. Eso es lo que anima a no detenerse. No se termina ni hoy, ni mañana, sino cuando lo tengamos cara a cara y explotemos de gozo. Mientras tanto, sigamos rezando con el evangelio de cada día así no «paramos» de conocerlo y amarlo, para no decir jamás «ni loco» escucho el evangelio durante seis u ocho minutos, sino al contrario, desear con toda el alma escucharlo, desear con toda el alma que sean muchos más los que lo conozcan y sepan realmente quien fue, quien es Jesús y qué es lo que puede hacer en nuestras vidas.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXV Jueves durante el año

XXV Jueves durante el año

By administrador on 22 septiembre, 2022

Lucas 9, 7-9

El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: «Es Juan, que ha resucitado». Otros decían: «Es Elías, que se ha aparecido», y otros: «Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado».

Pero Herodes decía: «A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?» Y trataba de verlo.

Palabra del Señor

Comentario

La necesidad de amor, y la falta de capacidad para reconocerlo, puede jugarnos día a día muy malas «pasadas», como se dice. Eso fue lo que no supo reconocer el administrador deshonesto, sí, muy astuto, pero deshonesto con su propio corazón. Su objetivo fue ganarse el corazón de los deudores para tener alguien que lo reciba cuando perdiera el puesto, sin embargo, buscó «ganarse» ese amor, no a fuerza de amor, sino como un comercio, como una transacción… «te doy algo para que algún día me des». Sin darse cuenta pidió limosna, no para alimentos, sino mendigó el amor, y el amor no se mendiga, sino simplemente se da, y se recibe. ¡Qué paradoja la de este hombre! Le daba vergüenza imaginarse pidiendo limosna al sentirse pobre, pero no le dio vergüenza conseguir amor comprándolo por unos pesos. ¿No hacemos lo mismo nosotros a veces? ¿No nos pasa que por no ser sinceros con nuestras necesidades terminamos mendigando el amor de otros, o pretendiendo que nos den lo que nosotros no estamos dispuestos a dar? El amor es gratuito, se da, simplemente se da, sin buscar recompensa, aunque siempre de un modo u otro, el amor nos terminará colmando.

Es difícil muchas veces ponerse en la piel de aquellos que no creen o les cuesta creer. Nosotros, los que escuchamos día a día la Palabra de Dios y se supone que creemos, que nos hace bien, que nos gusta, estamos habituados a ciertas cosas y entendemos ciertas cosas, por decirlo así, de manera natural, a veces sin mucho esfuerzo. No nos cuestionamos algunos planteamientos porque recibimos la gracia de aceptar por la fe lo que por la razón lleva un largo camino. La fe allana el camino, no lo evita, sino que nos ayuda a tomar un «atajo», por decirlo así, para llegar antes, para llegar más cómodos, con menos esfuerzo. Muchos piensan que la fe se opone a la razón, sin embargo, eso es un gran error. Al leer el Evangelio, nos puede resultar raro que durante la vida de Jesús haya habido personas que les costó creer en Él, aun viéndolo hacer tantos milagros. Pero en realidad, si nos ponemos en su lugar, tenemos que aceptar que no es «evidente» a los ojos, el aceptar que un hombre cualquiera pueda ser realmente Dios, eso le choca bastante a la lógica de nuestra razón. Eso solo se puede saber por la fe, solo se puede aceptar por la fe. Me parece que ya lo dije varias veces, pero es necesario repetirlo. Creer que Dios existe, es un ser único y supremo, en principio, no es difícil, la mayoría de los seres humanos lo acepta, ahora… creer que ese Dios vivió entre nosotros y se hizo uno de nosotros, no es de todos, no todos lo pueden creer, sino solo los que tienen fe.

En Algo del Evangelio de hoy, vemos claramente a Herodes que no sabe bien quién es Jesús, decía así: «¿Quién es este del que oigo decir semejantes cosas?» Escuchaba que era un gran hombre, alguien que hacía muchos milagros. Pero no sabía bien quién era. ¿No es parecido a lo que escuchamos hoy? Muchísima gente, incluso católicos, aceptan que Jesús fue un gran hombre, que hizo grandes cosas y que con sus enseñanzas cambió bastante la historia de la humanidad, pero… ¿Saben realmente quién fue Jesús? ¿Quién es Jesús?

En realidad, Herodes estaba desconcertado porque la misma gente no sabía bien quién era realmente ese hombre llamado Jesús; pensaban que era un resucitado, un antiguo profeta o Juan el Bautista.

Fijémonos como a veces es más fácil pensar en cosas espectaculares o maravillosas, que pensar en lo normal, en lo ordinario. Era más fácil pensar que ese Jesús era alguien que había resucitado; que pensar y saber realmente quién era… Los seres humanos tendemos a hacer las cosas más complicadas de lo que son.

Era un hombre, sí; era un hombre, pero también nosotros sabemos que era Dios encarnado. Creo que a vos y a mí, nos hubiera pasado lo mismo, no es fácil creer que Dios sea tan normal como nosotros mismos; no es fácil creer que Dios se haya hecho hombre; no es fácil pensar que lo trascendente se haya hecho parte de nuestra vida; no es fácil pensar que lo inaccesible se hizo accesible; no es fácil creer que lo divino se haga humano. No es fácil creer, no hay que dar nada por supuesto. Por eso enseñamos, y se ve claramente en los evangelios, que la fe no solo es una respuesta del hombre a Dios, sino que también, y al mismo tiempo, es un don. Por eso, a nosotros nos pasa a veces esto en la vida; nos podemos pasar el día buscando a un Jesús deslumbrante, maravilloso, buscando a un Dios que se manifieste a lo grande, y sin querer, podemos perder el tiempo buscando «señales» o buscando «apariciones» y no nos damos cuenta que Dios al hacerse hombre, vino justamente a dar vuelta ese pensamiento, esa lógica. Vino a hacer de lo ordinario algo extraordinario; de lo sencillo algo grande; vino a divinizar lo humano, a hacer de las cosas ordinarias de nuestra vida algo grande, darles un valor infinito y a manifestarse en lo humano, en definitiva, a estar siempre, presente en todos lados, en todo tiempo, en cada corazón.

¡Cuidado! Puede pasarnos lo mismo: podemos tener a Jesús al lado: en un enfermo, en el pobre que nos pide y que nos cruzamos a veces todos los días, en nuestra madre que nos necesita, en nuestro padre que desde hace mucho que no hablamos, en algún enfermo de la familia, en alguien que está solo, en la Palabra de Dios que escuchamos todos los días y la tenemos en nuestras manos, en la Eucaristía diaria y dominical –en la posibilidad de recibirla–, en la posibilidad de recibir el perdón también en la confesión; en el silencio de nuestro interior; en todas esas circunstancias tenemos la presencia viva de Jesús, pero si no somos capaces de verlo, nos pasamos la vida esperando grandes cosas y nos perdemos la oportunidad de encontrarnos con Él a quien tenemos siempre presente de tantas maneras.

Si estamos todavía detrás de grandes cosas, es porque todavía, como Herodes y algunos de ese tiempo, no sabemos bien quién es Jesús y qué es lo que vino a hacer. Pidamos más fe para creer que Él está en lo humano y que en lo humano encontramos lo divino.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXV Martes durante el año

XXV Martes durante el año

By administrador on 20 septiembre, 2022

Lucas 8, 19-21

Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte». Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».

Palabra del Señor

Comentario

Decíamos ayer que la primera gran deshonestidad con la cual convivimos todos, es para con nosotros mismos, no tenemos bien agudizada esa capacidad de reconocer con sinceridad lo que nos pasa o porqué nos pasó lo que nos pasó. El administrador de la parábola del domingo, antes de ser deshonesto con su patrón, con el hombre rico, y después con los deudores, fue deshonesto consigo mismo, y esa es la raíz de toda deshonestidad posterior, para con los demás. ¿Cuál fue la deshonestidad del administrador para consigo mismo? El no haber reconocido su error, el hecho de malgastar los bienes que no eran de él, y como no supo dar ese paso, terminó justificando su accionar con dos respuestas hacia sí mismo que en el fondo, no eran motivo para tomar el camino de la deshonestidad, porque el fin nunca justifica los medios. Se dijo así mismo: «¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza» No reconoció que el quedarse sin el puesto, no era culpa de su señor, sino de sí mismo, no supo asumir que la pobreza que se le avecinaba sería fruto del mal uso de los bienes que él mismo había hecho, y por eso tomó el camino más fácil, el atajo de quedar bien con otros para después no quedarse en la calle.

La Palabra de Dios, el Evangelio que escuchamos y leemos todos los días, es como un lindo paisaje, el que más te guste. A mí me gustan las montañas, a otros el mar, a otros el llano, no importa, pero de alguna manera debemos pensar que es como tu mejor paisaje, ese al que siempre querés volver apenas terminás de verlo. Siempre al verlo encontrás algo nuevo, siempre al verlo «volvés» a revivirlo. Así nos debemos «comportar» ante la Palabra de cada día. Hay que escuchar dispuestos siempre a más, sabiendo que es una fuente inagotable de riqueza y que siempre nos hará bien.

La escena del Algo del Evangelio de hoy la habrás escuchado alguna vez. Es una escena breve, sencilla, que describe un momento muy concreto, pero lleno de significado. María va en busca de Jesús, con sus parientes –no dice por qué – y no sabemos si finalmente fue recibida. Lo que sí sabemos es que Jesús con sus palabras no solo termina recibiendo a María en su corazón – como siempre lo hizo – sino que además lo agranda mucho más de lo imaginado.

Pero… pongámonos por un momento en el corazón de María: ¿Habrá escuchado María estas palabras? ¿Habrá escuchado que su hijo, el Hijo de Dios, estaba incluyendo a más madres en su corazón? Si lo escuchó, ¿Qué habrá sentido? Qué bueno poder hacer el esfuerzo de ponerse en el corazón de María, aunque nunca podremos hacerlo plenamente, porque Ella es la más humilde y la más pura, la más despojada y la más amada. Ella con sus actitudes y silencios nos señala el verdadero camino del cristiano, el de escuchar y practicar lo escuchado. Algo que nos hace doler el alma muchas veces. No es sencillo vivir lo que escuchamos, no es fácil vivir todo lo que Jesús nos propone.

Si escuchó estas palabras, ¿Qué habrá sentido? ¿Dolor? ¿Tristeza? Si no las escuchó en ese momento, por la multitud, seguro que las escuchó en otro. Seguro que escuchó una y mil veces a su hijo con amor, de eso no podemos dudar. Ella es la única que siempre practicó lo que escuchó. Y es seguro que Ella siempre tuvo claro que su hijo no era solo suyo, sino que sería para todos. Esta escena de hoy es una foto, por decir así, de lo que María supo siempre y estuvo dispuesta a hacer, siempre. Compartir lo suyo con todos. En realidad, nunca se adueñó de lo que no era suyo. Ese es uno de los secretos de María, el haber tenido todo, el haber tenido a Jesús en su vientre y en su corazón, pero al mismo tiempo no poseerlo para ella sola. ¿Te acordás lo de ayer? «Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener» Por eso no podemos imaginar que María se entristeció, ni que se puso celosa de Jesús, su hijo, quien tenía bien claro que Él era hermano de todos los que querían escuchar y vivir como su Padre quiere.

Amar no es poseer, amar es dar libertad. Así nos ama Dios y así quiere que nos amemos entre nosotros, así quiere que lo amemos a Él, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todo lo demás son desviaciones del amor. Todo lo demás se parece más a amor propio que amor de Dios. El amor posesivo, que no incluye, sino que excluye, el amor celoso, el amor que no acepta a otros, en el fondo todavía no es amor, o por lo menos no es reflejo del amor de Dios. Jesús quiere incluir a todos, aunque no todos quieren ser incluidos.

Él no excluyó a María con estas palabras, todo lo contrario, la incluyó para siempre, la guardó en su corazón para siempre, le dio el lugar que le correspondía. Pero al mismo tiempo, abrió las puertas para que sean muchos más. Abrir las puertas no quiere decir que entren unos y salen otros, sino que es: entramos todos. Como decimos a veces: «apretados, pero entramos todos».

Si escuchás y hacés lo que Jesús enseña, tu corazón te va a quedar chico para tantas personas. Tus hermanos y hermanas, tus madres se multiplicarán. Es el secreto del Evangelio, dar todo pensando que no tenemos nada y de golpe te encontrás con todo, Dios te da todo. Los que escuchamos día a día a Jesús nos sentimos hermanos, somos hermanos sin conocernos, va… en realidad ya nos conocemos, porque nos conocemos en Jesús.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXV Lunes durante el año

XXV Lunes durante el año

By administrador on 19 septiembre, 2022

Lucas 8, 16-18

Jesús dijo a la gente:

«No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.

Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener».

Palabra del Señor

Comentario

La deshonestidad más profunda y oculta que todos padecemos, es para con nosotros mismos. Quisiera que esta semana continuemos reflexionando con la parábola del evangelio de ayer, tan profunda como compleja. El administrador astuto, pero deshonesto, termina usando su inteligencia para alcanzar lo que quería, que lo reciba alguien en su casa después de quedarse sin el empleo. Ese fue su fin, y para eso eligió el camino del engaño, de la mentira, de la deshonestidad, sin embargo, la raíz de su modo de actuar está en otro lado, la raíz de nuestras deshonestidades con los otros, con el dinero, con nuestros bienes, radica en una primera falta de sinceridad con nosotros mismos, en el no reconocer nuestras debilidades, nuestras pobrezas interiores. Continuaremos con esto estos días.

Prestemos atención y oigamos bien, dice la Palabra de hoy, por eso es bueno empezar este lunes, seguramente algo cansados o no habiendo descansado plenamente, como quisiéramos. Pero pongamos nuestro corazón, nuestros deseos en prestar nuestra atención a las palabras de Jesús que escucharemos toda esta semana.

No es lo mismo oír que escuchar. Debemos reconocer que nos cuesta mucho escuchar con profundidad, oír prestando atención. Pero es así, es parte de nuestra naturaleza debilitada, y no lo digo para que nos amarguemos. Lo importante es reconocerlo. Por algo creo que Jesús hoy dice claramente, «presten atención y oigan», porque no alcanza con oír. Oír, oímos todos los que tenemos el órgano que nos permite oír, el oído, y lo hacemos sin ejercer mucho nuestra voluntad, oímos por el simple hecho de tener esa capacidad. Sin embargo, escuchar es un paso más, es cuando ponemos en funcionamiento los sentidos internos, esos que nos ayudan a ir más allá de lo que oímos, los que nos ayudan a interpretar los sonidos que intercepta nuestra oreja.

Empecemos esta semana con ganas y ánimo de vivir días de escucha. Tenemos que confiar en nuestra capacidad interior de escuchar para después poder iluminar, ser luz para otros. Qué lindo pensar en esto, en que somos por la fe, lámparas para iluminar y no para andar guardando lo que tenemos. El cristiano, vos y yo, todos los bautizados recibimos algo grande, algo distinto que nos diferencia, no nos hace mejores, sino distintos. El cristiano es el que descubre ese don y se alegra de tenerlo y alegrándose de que lo tiene, naturalmente se expone. Vuelvo a decirlo, ser distintos no nos hace mejores, ni especiales, no estamos discriminando, ser distintos por la fe que recibimos, nos hace «más responsables», nos hace más conscientes y atentos a ciertas cosas que otros no ven. ¿Por qué nosotros y no otros? Esa pregunta mejor te dejo que se la hagas a Jesús, porque yo tampoco la sé con certeza.

Lo que si podemos saber es que tenemos que «prestar atención y oír bien», como dice Algo del Evangelio de hoy: «Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener». A nosotros se nos dio. En realidad, me estoy adelantando un poco. Antes que nada… ¿Creemos que se nos dio algo? ¿Pensaste esto alguna vez? ¿Crees y estás convencido de que se te dio algo y por eso se te va a pedir algo también? Es fundamental rezar esto antes, para que el «iluminar» no se nos transforme en un mandato vacío e impuesto desde afuera. Antes que nada, hay que descubrir que tenemos un regalazo, que vivimos de regalo y con un regalazo. Cristiano es el que descubre un don antes que una tarea. Es el que se maravilla por haber sido elegido, no el que se enoja por lo que tiene que hacer o cumplir. Vamos siendo cristianos en la medida que descubrimos esta verdad. Mientras tanto, sin querer, sin darnos cuenta, escondemos la «lámpara», esa capacidad de iluminar, de dar calor, debajo de una cama. Ahora tenemos que preguntarnos… ¿Por qué al que tiene se le dará?

Porque el que tiene será el que al encontrar esa luz supo darla, o sea que no se guardó nada. A eso se refiere la palabra. Al que Jesús encuentre con más de lo que tenía es porque no se guardó lo que tenía, sino que fue generoso. En cambio, el que «no tiene» es el que tenía y no se dio cuenta, o no quiso y no supo iluminar. A esos, que podemos ser vos y yo, cuando Jesús venga les quitará «hasta lo que creen tener» porque en realidad no tendrán nada, porque sin darse cuenta se habrán guardado todo para sí. Tener algo y no usarlo, es para el evangelio no tener nada.

Vos y yo tenemos un montón de cosas para iluminar, ahora, en tu trabajo, en tu casa, en la facultad, en cada rincón por donde andes. Tenés fe, más o menos, pero tenés, más o menos cansado, pero estás caminando. En una cama con dolores, pero tenés fe. Con algunos sufrimientos, pero tenés fe. ¿Qué podés hacer hoy para no esconder esa lámpara? No es necesario que hablemos directamente de Jesús para iluminar a otros, eso debemos darnos cuenta cada uno en cada situación, con cada persona. Pero lo que, si podemos hacer, en cualquier lugar, quieran o no quieran escuchar hablar sobre Dios, es sonreír, es esparcir amor. Como decía la Madre Teresa, al que no te entienda el lenguaje, sea por lo que sea, sonreíle, que ese es un idioma que entienden todos, creyentes y no creyentes. Sonreí, aunque te cueste, aunque te duela un poco, aunque no tengas tantas ganas. Ayudá a que a otros les llegue un poco de amor a través tuyo. Vos podés, porque tenés esa capacidad. No nos guardemos lo que Dios Padre nos dio.

XXV Domingo durante el año

XXV Domingo durante el año

By administrador on 18 septiembre, 2022

Lucas 16, 1-13

Jesús decía a los discípulos:

«Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le dijo: “¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto”.

El administrador pensó entonces: “¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!”.

Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: “¿Cuánto debes a mi señor?”. “Veinte barriles de aceite”, le respondió. El administrador le dijo: “Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez”.

Después preguntó a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”. “Cuatrocientos quintales de trigo”, le respondió. El administrador le dijo: “Toma tu recibo y anota trescientos”.

Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz.

Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas.

El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?

Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero».

Palabra del Señor

Comentario

Buen día, buen domingo. Espero que este domingo nos encuentre bien unidos al Señor. El domingo es para descansar un poco, para estar en familia y para unirnos más plenamente a nuestro Señor, que siempre está en todo lo que hacemos, especialmente en lo cotidiano, pero también cuando nos apartamos y nos tomamos el tiempo para estar con él.

No pensemos desde Algo del Evangelio de hoy que Jesús alaba esa «viveza» de este hombre a costa de utilizar cualquier medio. Acordémonos que el fin no justifica los medios. Jesús alaba la astucia, la rapidez y, de algún modo, la prudencia con la cual obró este hombre deshonesto —eso no hay que olvidarse—, que no dejó de ser deshonesto por ser alabado por Jesús. En realidad, no olvidemos también que es una parábola. Muchas veces somos así de rápidos para hacer lo que nos conviene, para quedar «bien parados», como decimos, para ejercer esa «viveza» que mira el propio interés, pero somos muy lentos en pensar y ser inteligentes para hacer el bien. «(…) Porque —como dice hoy— los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz (…)».

Imaginémonos cómo cambiaríamos el mundo si pusiéramos tanto empeño todos en hacer el bien. Hay muchos que lo hacen, muchas personas que ponen todo su corazón y sus pensamientos en lograr que el dinero, sus bienes, lleguen a todos los que no tienen, a todos los que sufren injusticias. Es verdad, hay muchos hijos de la luz inteligentes y astutos, tenemos que imitarlos también. Pero también tenemos que reconocer que en la Iglesia a veces, somos medios lentos en hacer el bien o no ponemos toda nuestra inteligencia al servicio del amor y de la caridad.

Al mismo tiempo, Jesús plantea algo fuerte y que se contrapone: Dios o el Dinero (Dinero con mayúscula). El dios Dinero, diríamos nosotros. Las dos cosas juntas no se pueden servir: Dios o el dinero. Ese dinero que en el fondo no es el problema, sino lo que nos permite, lo que queremos hacer con él, todo lo que nos posibilita. Para nosotros el dinero es un medio para hacer cosas; en definitiva, no es malo.

Nos posibilita lo necesario, pero también nos permite tener y tener más cosas, más allá de las necesarias. Por ejemplo, para estar seguros, porque le tenemos miedo a todo lo que vendrá; para estar bien, porque pensamos que el bien pasa por una comodidad y tranquilidad meramente material; para vivir y tener lo necesario, pero también para inventarnos necesidades que en realidad no necesitamos. ¿Cuántas necesidades nos ha inventado el mundo moderno, astuto para que nosotros vivamos convencidos de que sin ellas no podemos vivir? ¿Cuántas cosas materiales tenemos acumuladas en casa y ni siquiera nos da el tiempo para usarlas, y mientras tanto seguimos creyendo que las necesitamos? ¿Cuántas metas andamos persiguiendo que nos quitan todo el tiempo, el sueño y los pensamientos mientras nuestra relación con nuestro Padre queda en segundo plano? Y a Jesús ¿cuánto tiempo le dedicamos?

El dinero ayuda, pero no es todo. En realidad es para vivir y ayudar a vivir a otros, a los que no tienen la misma suerte que nosotros o no recibieron tanto como nosotros. Nosotros somos hijos de la luz, hijos de la fe en Jesús, no podemos vivir con tanto de más mientras otros tienen tan poco, mientras otros subsisten. ¡Cuánto bien haríamos si cada uno de nosotros diera de lo que le sobra por lo menos, ni siquiera de lo que necesita, sino de lo que le sobra!

Los hijos de este mundo fueron muy astutos para crearnos miles de necesidades que desde hace unos años ni siquiera imaginábamos. Nosotros tenemos que ser tan o más astutos como ellos para rechazar lo que no necesitamos y para no caer en esa trampa de la idolatría del dinero, y para ser así de astutos en hacer el bien a tantos que necesitan de nosotros.