Topic: Lucas

XXII Sábado durante el año

XXII Sábado durante el año

By administrador on 4 septiembre, 2021

Lucas 6, 1-5

Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.

Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?»

Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?»

Después les dijo: «El Hijo del hombre es dueño del sábado.»

Palabra del Señor

Comentario

Cuando concebimos la vida cristiana como un camino para ir conociendo plenamente a Jesús como nuestro salvador, como hombre de Dios, todo Dios y todo hombre. Cuando vamos despegándonos de esa vida de fe que por ahí sin querer nos han inculcado y, a veces, a nosotros nos cayó cómoda, al pensar que es cumplir unas normas de ser moralmente bueno; o incluso saber muchas cosas, saber mucha doctrina, saber de las cosas que enseña la Iglesia- cosa que es importante, por supuesto-, pero vamos saliendo de ese esquema que a veces nos hace rígidos, tanto para un lado, como para el otro. Porque la rigidez no es solamente el moralismo o ser doctrinario, sino también a veces algunos con muchas luces y con muchos deseos de libertad, de progresar, terminan cayendo en lo mismo porque al final hacen su propia ley.

Bueno, cuando salimos de ese esquema de fe vivido así y vamos descubriendo que a Jesús hay que conocerlo. Y a lo que nos invita él es a eso, a conocerlo. «Padre que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo, que tengan vida eterna» dice Jesús. No estaba diciendo que hagamos esto o lo otro solamente, sino que conozcamos al Padre. Y enamorándonos de tanto amor que nos tiene, de a poquito nos vamos haciendo verdaderamente cristianos. Cristo habita en nosotros y nos va transformando desde adentro. Y no solamente somos buenos y cumplimos una ley y la vivimos, y no solamente sabemos de la fe, sino que gozamos de ser cristianos. Es un gozo. Nos levantamos cada día llenos de alegría por ser hijos de Dios y devolvemos amor con amor.

Con respecto a Algo del Evangelio de hoy es lindo ver cuando Jesús aprovecha incluso situaciones muy difíciles -como estas controversias con los fariseos-, situaciones donde lo juzgan o juzgan a sus amigos, a sus discípulos, para enseñarnos, para que aprendamos a tener una mirada diferente de la vida; para que aprendamos a mirar en lo profundo de las cosas, en lo esencial; para que nos demos cuenta de que la ley suprema que está escrita en nuestro corazón, dada por él- por nuestro Padre-, es la ley, en definitiva, del amor. Y todo debe regirse por eso.

Y es por eso que san Pablo llega a decir en una de sus cartas: «Amar es cumplir la ley entera». Debemos aprender que el amor es finalmente la medida de todas las cosas y el cumplimiento de la ley, de todas las leyes y normas que podamos tener como Iglesia, como personas religiosas. No estamos hablando de leyes civiles, ese sería otro tema. Porque cuando no descubrimos que la ley de Dios es la ley del amor y que eso está por encima de todas las leyes – que incluso la propia Iglesia ha ido forjando a lo largo de la historia-, o que estas están al servicio del amor, es cuando perdemos el rumbo y absolutizamos las leyes, las pequeñas normas que tenemos; y que regulan la vida de la comunidad de la Iglesia en las comunidades, en la liturgia, en la catequesis, en la predicación, en todo lo que tiene que ver con la vida de aquellos que creen. Cuando nos olvidamos de que esas normas están para regular y para enseñarnos a amar, hacemos justamente de esas normas leyes absolutas y nos olvidamos del objetivo final al que nos quieren orientar, que es siempre el amor: la entrega cotidiana y sincera hacia los demás.

Por eso el amor siempre tiene que ser la guía. Y entonces nos deberíamos preguntar qué es el amor, el bien del otro, en definitiva. El amor es buscar siempre el bien de los demás. Cuando olvidamos ese principio fundamental, nos pasa así. Como les pasaba a los fariseos que eran capaces incluso de no hacer el bien en un sábado, porque la ley decía que en sábado no había que hacer esto o lo otro y no había que hacer ciertas cosas.
Jesús nos quiere llevar justamente a un nuevo enfoque en el cumplimiento de la ley. ¿No será que el pueblo judío se había puesto muchas leyes y se había olvidado del amor?

Incluso Jesús en un momento lo dice: «Ustedes se olvidan del mandamiento de Dios por llenarse de costumbres, de tradiciones humanas». ¿No será que nosotros también en la Iglesia a veces nos llenamos de normas, de reglas y requisitos para un montón de cosas que no están mal, pero las usamos mal y nos olvidamos a veces del amor? ¿No será que tenemos que aprender a aplicar las leyes y las normas a situaciones concretas, viendo siempre a las personas, comprendiendo sus condiciones particulares de las personas que el Señor pone en nuestro camino? Porque ese es nuestro problema. Las leyes universales las aplicamos a situaciones concretas a veces olvidándonos de la particularidad del sujeto que las tiene que observar.

Y eso también nos pasa a nosotros cuando nos juzgamos, cuando no nos perdonamos ante situaciones que vivimos, porque había que hacer tal o cual cosa y no la pudimos hacer. Y somos muy duros con nosotros, personalmente – digo – y no comprendemos que ciertas circunstancias nos llevaron a veces a caer en lo que caímos, valga la redundancia. Ciertas circunstancias no nos permitieron hacer lo que deberíamos haber hecho y entonces hay que perdonar y mirar para adelante.

Esta nueva visión, de la que estoy hablando, no anula la ley. Ese sería otro error, como les pasa a algunos, no quieren leyes. Por eso el otro peligro siempre es caer en rechazar tanto las normas, de habernos cansado tanto de que se usen mal; pensando incluso que parece que no sirven, que las despreciamos. Entonces caemos en el otro extremo del fariseísmo, que sería «mi propia norma», la norma de mi capricho, la norma de que finalmente es un desorden y hago lo que me parezca a cada momento. Y eso tampoco conduce siempre al amor. El amor tiene que ver y tiene que ser el que regule todas mis actitudes, mis sentimientos, mis pensamientos.

Bueno, Dios quiera que estas palabras de Jesús nos ayuden a ver que la ley está hecha para el hombre y no el hombre para la ley. Nosotros tenemos que ser libres, ir aprendiendo la libertad de los hijos de Dios siempre. Descubrir día a día, en cada circunstancia concreta de la vida, qué es lo mejor que podemos hacer. Eso implica siempre un esfuerzo, implica oración, silencio, autoconocimiento e interiorización, para poder descubrir qué es lo que Dios Padre nos pide en cada circunstancia particular de nuestra existencia.

XXII Viernes durante el año

XXII Viernes durante el año

By administrador on 3 septiembre, 2021

Lucas 5, 33-39

En aquel tiempo, los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben.»

Jesús les contestó: «¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar.»

Les hizo además esta comparación: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. ¡A vino nuevo, odres nuevos! Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor.»

Palabra del Señor

Comentario

Cuando no somos capaces de detenernos, de mirarnos en el espejo, con sinceridad, sin vanidad, simplemente para ver lo que somos, es porque en el fondo algo nos pasa, no somos capaces de mirarnos a nosotros mismos. Detenerse frente al espejo para mirarse, no siempre es signo de vanidad, puede ser por la sencilla razón de reconocernos amados, por Dios, por nosotros mismos. Es por eso que el apóstol Santiago decía que el que no pone por obra la palabra, es como el que se mira al espejo, se contempla, y yéndose se olvida de cómo es. No vivir la palabra de Dios es olvidarse lo que uno es, porque Dios nos habla de lo fuimos, de lo que somos y de lo que quiere que seamos, por lo tanto, no poner por obra lo que nos dice, es en el fondo no saber quiénes somos, olvidarnos de dónde venimos y hacia dónde vamos. Intentemos no ser hoy oyentes olvidadizos, busquemos reflejarnos en Jesús y animarnos a contemplarnos.

Tomando Algo del Evangelio de hoy podríamos preguntarnos ¿Qué valor y qué sentido tiene para nosotros –los cristianos– privarnos de algo que en sí mismo es bueno y útil para nuestro sustento, como el alimento?

Jesús dice que cuando Él les sea quitado –o sea cuando Él ya no esté más en este mundo, con nosotros físicamente– los discípulos tendrán que ayunar; y podríamos decir que en esa etapa estamos nosotros. Jesús habla directamente de que el ayuno tenemos que hacerlo y es bueno hacerlo, Él lo hizo.

La misma Sagrada Escritura y toda la tTadición de la Iglesia a lo largo de los siglos, nos muestran que el ayuno es de gran ayuda para luchar contra el pecado y todo lo que nos induce a él, con nuestras debilidades.

Jesús en el Nuevo Testamento nos da una razón profunda del ayuno, porque esto es lo que tenemos que encontrar, la razón profunda. ¿Por qué es bueno ayunar?

Dice: «A vino nuevo; odres nuevos» no podemos hacer algo nuevo con el mismo corazón de antes, tenemos que buscar tener un corazón nuevo.cOdres es el recipiente en donde se guarda el vino; bueno, a vino nuevo –a esta nueva noticia que nos viene a traer Jesús– hay que encontrar una nueva manera de guardarlo.

Por eso Jesús nos enseña que el verdadero ayuno consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre que ve en lo secreto y nos recompensa.

El ayuno está orientado a que nos alimentemos del verdadero alimento que es hacer la voluntad de Dios. Por eso, la finalidad del verdadero ayuno es alimentarnos de este alimento verdadero. Incluso hay un santo que dice algo muy interesante que creo que nos puede ayudar, dice así: “El ayuno es el alma de la oración y la misericordia es la vida del ayuno, por tanto, quien reza; que ayune, quien ayune; que se compadezca, que preste oídos a quien le suplica a aquel que al suplicar desea que se le oiga; pues Dios presta oídos a quien no cierra los suyos al que le suplica”.

El ayuno está orientado hacia la caridad, al amor, a la misericordia. Está orientado a que tengamos la voluntad dispuesta para estar pensando más en los demás; para no estar encerrados en nosotros mismos.

En nuestros días parece que el ayuno es una práctica que perdió su valor espiritual, por eso a vino nuevo; odres nuevos, corazón nuevo. No es cuestión de hacer algo por hacerlo. Lo extraño es que incluso fuera de la Iglesia el ayuno es reconocido, valorado por médicos, por un montón de personas que dicen que el ayuno les hace bien, pero para buscar un bienestar material, un bienestar del cuerpo, incluso para terapias del cuerpo; para los que creemos en Jesús, en primer lugar, el ayuno es para conformarnos con la voluntad de Dios.

La práctica del ayuno nos ayuda a unificar nuestro cuerpo y nuestra alma, a poder refrenar, orientar nuestras tendencias y pasiones que a veces se desordenan, para un bien más grande que es el amor a Dios y el de los demás. Y al mismo tiempo, ayunar nos ayuda a tomar conciencia del mal en que viven muchos de nuestros hermanos; san Juan dice en su primera carta: “Si alguno posee bienes en el mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?”

Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar un estilo de caridad, de buen samaritano, inclinándonos y preocupándonos por nuestros hermanos.

Que estas palabras nos ayuden hoy a poder ayunar de alguna manera, con alguna comida, con algo que tiendas a buscar mucho, ya sea en cantidad o en calidad. Cada uno tiene que buscar qué cosas puede ofrecer a Dios con un “corazón nuevo”, por amor a Dios y a los más necesitados.

XXII Jueves durante el año

XXII Jueves durante el año

By administrador on 2 septiembre, 2021

 

Lucas 5, 1-11

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes.»

Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes.» Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador.» El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.

Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres.»

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor

Comentario

Ayer citábamos al apóstol Santiago cuando decía: “si alguno se contenta con oír la palabra sin ponerla por obra, ese se parece al que contempla su imagen en un espejo, se contempla, pero yéndose se olvida de cómo es”. Esto es lo que nos pasa tantas veces al escuchar la palabra de Dios, parece que hacemos como cuando antes de salir a trabajar, después de levantarnos y prepararnos, nos paramos frente al espejo, nos lavamos la cara, nos peinamos y salimos medio corriendo, como no queriendo detenernos mucho para ver realmente cómo estamos, cómo “nos vemos”, cómo está nuestro rostro. Así hacemos con la Palabra, la escuchamos, pero no sabemos siempre frenarnos, dejar que eso que escuchamos nos refleje algo de la voluntad de Dios, algo de lo que somos, algo sobre cómo estamos. Cuando no ponemos por obra la palabra, es porque no le damos tiempo, en el fondo no la contemplamos, sino que la escuchamos a las “corridas”, queriendo hacer lo que queríamos hacer y no tanto lo que Dios quiere o nos está pidiendo.

Es necesario tomarse más tiempo, es necesario hacer momentos de silencio, es necesario hacer retiros espirituales, es necesario mirarse al espejo de la palabra por más tiempo. Intentemos hoy un poco más, hagamos el esfuerzo.
Algo del Evangelio de hoy es uno de esos días para contemplar con todo el corazón, por eso te digo esto; hacé el intento de imaginarte esta escena maravillosa del Evangelio, metete como si estuvieras ahí… para enamorarte de un Jesús que sorprende, que descoloca, que llama, que se mete en la barca, que enseña, que perdona, que calma, que invita a la confianza, que convierte a un simple pescador bastante cabeza dura y pecador, en un “pescador de hombres”, en un hombre que cambió la historia de miles.

Es uno de esos días en los que me gustaría callar un poco, no decir mucho, por eso simplemente remarco algunas pinceladas de lo que ya dice la palabra.

Jesús se mete en la barca de Pedro, se mete en su vida, en su lugar de trabajo; como se metió en la mía, en la tuya, como se quiere meter en tu vida si estás escuchando; te pide que le des un lugar, que le abras tu lugar, que le abras tu casa, tu corazón.

Jesús invita a Pedro a confiar en su Palabra; nos invita a creer, a abandonarnos, a no creer tanto en nosotros mismos, en nuestras capacidades o formas de hacer las cosas, sino más en Él, en su estilo, en su modo de amar.

Pedro confía, le responde: «Si tú lo dices…», a partir de ahí, todo se transforma y pasa lo inexplicable: se llenan las dos barcas de peces, su vida se llena de otras cosas, lo mismo pasa con la tuya y la mía, se llena de un montón de cosas que Dios nos va regalando, de personas, de oportunidades de amar.

Pedro descubre la grandeza, se maravilla, y por eso se tira a los pies de Jesús; no solo porque se sintió un miserable, un pecador, sino también porque ante algo tan grande se descubrió poco; vos y yo también somos pecadores como Pedro, pero no significa que somos nada, somos algo, algo, pero muy chiquitos ante Jesús.

Solo vemos lo poco que somos cuando descubrimos lo grande que es Dios, lo grande que es Jesús; y no podemos reconocer quién es Jesús, si no reconocemos que nosotros somos pequeños, no miserables, pero pequeños.

Y, por último, Jesús le dijo a Pedro: «No temas», no tengas miedo por ser pecador, tranquilo eso ya lo sé, no hace falta castigarte. Jesús sabe que somos pecadores, Jesús ya sabe todo eso y no le importa tanto, porque Él transforma lo que parece que no sirve, lo que es descartable y termina convirtiéndolo en algo grande.

El mundo hace todo lo contrario, fabrica los pecadores, los promueve, pero después los desprecia, los descarta, no los perdona; sin embargo, Jesús recibe a los pecadores, los abraza, los perdona y los convierte en “pescadores de hombres”, en personas, capaces de amar.

Ojalá que hoy sientas ese deseo de abrazarte con Jesús, de tirarte a sus pies, de reconocerte pequeño, pequeña y caer en la cuenta, principalmente, de la grandeza de Dios, de todo lo que Él hizo y hace por nosotros en nuestra vida.

XXII Miércoles durante el año

XXII Miércoles durante el año

By administrador on 1 septiembre, 2021

Lucas 4, 38-44

Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.

Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. De muchos salían demonios, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.

Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado.» Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Palabra del Señor

Comentario

Antes que nada, quería que recordemos algunas palabras de la carta de Santiago, donde habla sobre la Palabra –dice Santiago–, “Pongan por obra la palabra y no se contenten solo con oírla engañándose ustedes mismos, porque si alguno se contenta con oír la palabra sin ponerla por obra, ese se parece al que contempla su imagen en un espejo, se contempla, pero yéndose se olvida de cómo es”.

La Palabra de Dios por ser lo que Dios desea para nosotros, es como un espejo para nosotros mismos, nos permite conocernos, nos permite saber realmente quienes somos, nos permite saber qué es lo que necesitamos, a qué estamos aferrados, de qué cosas tenemos que liberarnos, qué cosas tenemos que proyectar y soñar.

La Palabra es todo, porque es lo que Dios quiere decirnos, lo que Dios nos enseña y por eso intentemos quedarnos con algo de los que nos dice, intentemos ponerla en práctica, intentemos meditarla.

Hoy pretendo dejarte algunas preguntas para que puedas hacer este camino, para que puedas y podamos todos, ponernos frente al espejo que es el mismo Dios, porque somos imagen y semejanza de Él, para que reflejándonos podamos ver en qué cosas nuestra imagen está deformada, o está alejada de lo que Dios quiere y en qué cosas nos estamos pareciendo más a Él, a Jesús, que es la “imagen del Dios invisible”.

Y por eso que en Algo del Evangelio de hoy vemos a un Jesús en todo su esplendor –por decirlo de algún modo–, un Jesús que enseña, un Jesús que cura dolencias y un Jesús que vence a los demonios.

Esta triple dimensión de la vida de Jesús, que se manifestó en su vida terrena, pero que sigue actuando hoy, silenciosamente. Jesús sigue enseñando, Jesús sigue curándonos y sigue venciendo a los demonios, y al mismo tiempo vemos Jesús que se aleja un poco de la multitud porque también necesita un poco de paz.

Por eso hoy hagámonos juntos algunas preguntas: ¿Qué cosas de las enseñanzas de Dios todavía no asimilás? ¿Qué cosas todavía no comprendés porque no hiciste el esfuerzo para lograrlo? ¿Qué cosas rechazás a veces de la Palabra de Dios porque no te gustan o no te caen bien? ¿Qué cosas te producen un poco de resistencia? Esto a veces nos puede pasar con la palabra de Dios o con las enseñanzas de la Iglesia. ¿Qué cosas no asumís de corazón y que en realidad son para tu bien? Me parece que hay algo que no podemos olvidar o dudar, y es que… ¿Cómo es posible que Dios puede enseñar algo que hace mal al hombre si el hombre es su propia creatura y, además, la más amada?

Animate a preguntarte ¿Qué enseñanzas de Dios dejás de lado, las cajoneás, las dejás ahí, no las reflexionás; o incluso a veces te das el lujo de cuestionar?

¿De qué dolencias necesitás que Dios te sane?, ya sea morales, espirituales o físicas; a veces acarreamos cosas físicas que quisiéramos que Dios nos libre de ellas y puede ser que nos libre, pero Jesús libera de los dolores “físicos” para que nos demos cuenta que hay algo más profundo, que existen otras dolencias morales o espirituales que son las que nos atormentan verdaderamente; como nuestras propias debilidades psicológicas; las debilidades o pecados de los otros que nos hacen sufrir; las debilidades que no sabemos sacar adelante por temor o impotencia, y por supuesto, el pecado, que es lo que nos ata y nos destruye; el pecado que no nos deja acercarnos al Padre; sin embargo, y aunque parezca contradictorio, no podemos olvidar que, ese pecado es también a veces trampolín para llegar a Él, para que descubramos el amor misericordioso de Dios ,que es Padre siempre. En mis pocos años de sacerdote conocí muchísima gente que se acerca al Padre después de fuertes experiencias de pecado, y paradójicamente terminan más cerca de aquellos que piensan que no necesitan nada, porque aparentemente “están bien”.

A veces, para con Dios actuamos como con los médicos; hasta que no nos duele algo no vamos, raramente consultamos al médico cuando estamos bien…. lo mismo hacemos con Dios.

Bueno, todos podemos descubrir las dolencias que tenemos para poder dar un salto a Jesús, para buscarlo sinceramente. Y finalmente, siguiendo con lo anterior, Jesús sigue venciendo a los demonios que nos tientan y nos alejan de su amor. Y entonces, podemos también pedirle que nos muestre el por qué estamos atormentados, qué tenemos que dejarnos enseñar y de qué cosas tenemos que dejar curarnos para poder liberarnos.

Dejemos que hoy la Palabra sea el espejo de nuestro corazón, para encontrar todo lo lindo que Dios nos dio y todo lo que Él desea transformar y sanar, no tengamos miedo a mirarnos a nosotros mismos en el espejo más puro y transparente que podamos reflejarnos, la misma Palabra de Dios.

XXII Martes durante el año

XXII Martes durante el año

By administrador on 31 agosto, 2021

Lucas 4, 31-37

Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.

En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza; «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».

Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre.» El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!»

Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.

Palabra del Señor

Comentario

Más allá de algunos excesos que haya habido en alguna época de la Iglesia o incluso hoy, con respecto a la presencia y acción del demonio en el mundo, o también otros excesos más actuales, como por ejemplo el negar o minimizar su obrar; no podemos quitar esta página del Evangelio y es claro que Jesús vino, entre tantas cosas, también a vencer al diablo, al que Él mismo llama en otros momentos como el “padre de la mentira”, aquel que viene a dividir. A ese, Jesús vino a vencer.

Y en este episodio vemos claramente cómo lo vence con su palabra: «Cállate y sal de este hombre».

El diablo es el que busca dividir y mentir, el diablo es el que divide nuestros pensamientos, los confunde y los mezcla; divide también nuestros sentimientos, tu corazón; intenta que no distingas, que mezcles todo, que no puedas discernir. Acordate que la Palabra es viva y eficaz y discierne los pensamientos, del corazón y ayuda a distinguir; el diablo al contrario, busca confundir, divide tus relaciones humanas, divide a tu familia, busca que estés enemistado, que te mantengas en tu posición, en tus pensamientos, en tu lógica, en tus sentimientos, que no cambies, y aunque sean muy viejos, quiere que sigas con rencores, con broncas, que no olvides, busca que te pelees con el de a lado, con el que estás viajando, con tu jefe, con tu compañero de trabajo, con tus hermanos, con tu marido, con tu mujer, con tu vecino; él busca eso, y te engaña, te miente para que vivas engañado y fuera de la verdad de Dios, te inclina a que pienses siempre en lo malo, que veas siempre la parte mala de la vida y no veas nada bueno.

Divide también a la sociedad, genera “mentiras culturales”, por decir así, genera pensamientos y formas de vivir que no buscan el bien de todos…

Para evitar caer en sus engaños, tenemos que conocer cómo actúa y cómo vino a vencerlo Jesús; y para eso, es mejor no centrarse en las posesiones –como en el caso de hoy– que son pocas en realidad, sino más bien en la cotidianidad, es decir cómo actúa el diablo normal o cotidianamente.

Para eso y como un paréntesis, te recomiendo un libro genial de un autor que se llama Lewis, el libro se llama “Cartas del diablo a su sobrino”, donde genialmente va describiendo cómo hace el diablo para engañarnos; pero te dejo tres consejos de un gran santo, san Ignacio de Loyola, que nos enseña a poder distinguir el actuar del demonio en nuestra vida.

Primero dice que el demonio actúa como una mujer, en que es débil ante la fuerza y se hace fuerte en la debilidad; por eso ante las tentaciones y en las pruebas tenés que enfrentarlo, no tenés que tenerle miedo, tenés que rezar, tenés que enfrentarlo también con tus pensamientos, no dejarte ganar. El diablo se hace débil cuando vos te haces fuerte; por supuesto con la ayuda de Jesús, con la gracia, con la oración, con la ayuda de la Virgen.

Segundo: dice San Ignacio que se hace como alguien que quiere enamorar, entonces como quiere enamorar a una persona que es prohibida, busca que no se sepa ese engaño; entonces ¿el demonio también que hace?; busca que vos no hables, que calles, que no cuentes lo que te pasa, que ocultes las cosas. ¿Cuál es la solución? Abrir el alma a alguien, abrir tu corazón, compartir esos pensamientos o dudas que te vienen, abrir el corazón a alguien, a un sacerdote, a alguien espiritual, alguien que te conozca.

Y tercero: dice que el diablo actúa como alguien que quiere conquistar una ciudad –así dice san Ignacio–, ¿y por dónde va entrar?; por el lugar más débil, es astuto no va a entrar por el lugar más fuerte. Por eso ¿por dónde te va a querer debilitar el demonio? Por tu lugar más débil, por tu lugar más flaco.

¿Cuál es la solución entonces? Prestá atención a tu debilidad más fuerte, fortalecé tu debilidad y ahí te tenés que hacer fuerte; porque si no entra por tu debilidad no va a poder entrar.

Bueno, espero que estos tres consejos de este gran santo también nos ayuden, no hay que tener miedo; Jesús es más fuerte, Jesús hoy nos muestra su poder, Él nos demuestra que vino a vencer el mal y nos quiere ayudar a liberarnos de esto que a veces nos puede molestar y poner piedras en el camino.

Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

By administrador on 15 agosto, 2021

Lucas 1, 39-56

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»

María dijo entonces:

«Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.»

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor

Comentario

Qué bien hace empezar este día con esta fiesta tan importante de nuestra Madre del cielo, la Santísima Virgen María, madre de Jesús, madre de Dios, madre nuestra y madre de toda la Iglesia. Para nosotros, María es el camino más seguro, más corto y más rápido para llegar a Jesús, para llegar al cielo. Tan sencillo y lindo y profundo como eso, aunque algunos, incluso católicos, les cueste comprenderlo. Pero ella es así, ella es así, siempre está ahí. En este día celebramos, nos alegramos, nos llenamos de profundo gozo porque María fue llevada al cielo en cuerpo y alma. Eso celebramos en esta fiesta, María ya está resucitada en el cielo, junto a Jesús, a Dios Padre y al Espíritu y todos los santos.

Ella se anticipó, ella llegó primero, ella nos marcó el camino. Ella nos anticipa la gloria. Ella nos da esperanza, porque con su vida y con su final, con su asunción, nos enseña que ese también es el fin de nuestra vida, estar algún día gozando con todos nuestros hermanos, con todos los santos, la eterna alabanza Dios, que es nuestro Padre. Pero María, para llegar a estar ahora en el cielo, vivió en la tierra cumpliendo siempre la voluntad de Dios Padre, desde el instante en el que le dijo que “sí” al ángel para ser la madre de Jesús y durante toda su vida. Y María lo demostró también con su propia vida, como lo dice Algo del evangelio de hoy: «Partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá». Finalmente, la voluntad de Dios, el amor, se manifiesta en obras concretas, palpables; en obras que no hacen alarde, como ella tampoco lo hizo, sino en obras que cambian la vida de los demás.

En definitiva, nuestra fe nos tiene que llevar a eso, a actuar y a obrar movidos por el Espíritu Santo, como lo hizo María, para buscar siempre hacer la voluntad de Dios y no la nuestra. Y por eso, la oración, la vida de profundo silencio que María también vivió y experimentó, fue la que la llevó a aceptar la voluntad de Dios y, finalmente, a hacer lo que él le pedía, sirviendo en este caso a su prima Isabel. Es por eso que en ese encuentro maravilloso entre María y su prima Isabel, entre Juan y Jesús, se oyó, de algún modo, la voz del Espíritu, que hizo saltar de alegría a todos esos corazones. Eso es lo que hace Jesús en nuestra vida cuando a través de otros podemos encontrarlo, como le pasó a Isabel, o también a través del servicio podemos descubrir que ese es el sentido de nuestra vida. Por eso María cantó feliz, porque ella creyó, porque ella creyó que se iba a cumplir la voluntad de Dios en su pequeña y humilde vida.

Ella creyó que diciéndole que “sí” al Señor- aunque nadie se dé cuenta, aunque incluso algunos la hayan señalado-, creyó que su alma iba a ser grande y que iba a cantar la grandeza de Dios haciendo maravillas con su “pequeñez”. Eso es lo que nos enseña siempre la vida de María, que solamente con la humildad y “pequeñez” de nuestro corazón podremos hacer cosas grandes para contribuir al Reino de Dios, que el Señor nos pide que sembremos y colaboremos para que su amor se extienda por todos lados en cosas de cada día.

No demos más vueltas. No esperemos grandes cosas para hacer la voluntad de Dios. Tenemos que descubrirla en el servicio concreto y cotidiano, en nuestra familia, en nuestros seres queridos, en mi mujer, en mi esposa, en mis hijos, en mi comunidad, en mi trabajo. Es ahí donde podemos descubrir que, de alguna manera, siempre el ángel se nos presenta y nos invita a hacer la voluntad de nuestro Padre del cielo.

Que hoy nuestra alma también “cante la grandeza del Señor” y que nuestro espíritu se estremezca de gozo en Dios, que es nuestro salvador, porque él miró la bondad y la “pequeñez” de la Virgen María, su servidora. Y por eso la llamamos feliz, porque en ella Dios hizo grandes cosas, como lo puede hacer en nosotros. «Su misericordia es grande y se extiende de generación en generación». Pidámosle al Señor que hoy nos llene de gozo y nos ayude, también, a ser humildes para un día poder ser elevados como lo fue nuestra Madre.

Memoria de Santa Marta

Memoria de Santa Marta

By administrador on 29 julio, 2021

Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo:

Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.

Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.»

Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada.»

Palabra del Señor

Comentario

Es una imagen muy bella, muy linda, la del evangelio de hoy, en este día de Santa Marta. Una escena, digamos, un pueblo, una casa, la invitación a Jesús de una mujer —Marta—para que estuviera en su casa. María, que digamos que “aprovecha” esa situación tan linda y esa invitación y se sienta a los pies de Jesús para escuchar. Mientras tanto, Marta que no para de trabajar, que no para de hacer cosas. Va de aquí para allá, seguramente con deseos de servir a su Maestro. Y la otra, su hermana, que parece que no hace nada, sin embargo, estaba haciendo mucho, escuchando.

Todo un cúmulo de signos en esta escena, en esta situación, y Jesús, como siempre, que enseña, aprovecha para enseñar. Aprovecha esta ocasión para ilustrarnos con una enseñanza que nos tiene que quedar grabada en el corazón. Jesús enseña con la vida, enseña con lo que pasa. Él es el Maestro que no necesita tiza, ni pizarrón. Es el Maestro que no necesita presentaciones Power Point, ni videos, ni publicaciones para llamar la atención.

Jesús es el Maestro que cautiva el corazón de aquellos que lo escuchan. Es el verdadero Maestro y, por eso, nos enseña y termina dándole una “lección” a Marta. No la trata mal ni la crítica, simplemente —de alguna manera—, él se lamenta: «Marta, Marta te inquietas por tantas cosas, sin embargo, hay una sola que es necesaria. María eligió la mejor parte».

Qué bueno que hoy nosotros podamos decir: quiero aprender a elegir, quiero aprender a decidirme por lo mejor, porque tantas veces perdí el tiempo haciendo tantas cosas y, sin embargo, tengo que volver a escuchar lo que Jesús me dice: “Dejá de inquietarte por tantas cosas. ¿No aprendiste en la vida que finalmente la inquietud no te llevó a nada? ¿No aprendiste que, al final de cuentas, esa inquietud te la terminé solucionando “yo”? ¿Te la terminó solucionando el tiempo o el tiempo te fue demostrando que no era tan necesario como pensabas?”

¿Cuántas veces andamos como Marta? ¿Cuántas veces, también, parece que ser como María es “perder el tiempo”? Algunos dicen eso. ¿Cuántas veces el mundo se burla de nosotros porque parece que estar a los pies de Jesús no es necesario? Hay que hacer cosas. Y que en realidad es un símbolo, porque estar a los pies de Jesús puede ser, por supuesto, rezar, adorar, tomarse el tiempo del silencio, escuchar la Palabra, leerla. Puede ser no hacer lo que el mundo piensa que tenemos que hacer.

Sin embargo, estar “a los pies de Jesús” pero para escucharlo, es lo verdaderamente necesario. En definitiva, él no desprecia la “actividad”, no está menospreciando a Marta por lo que hace. Lo que le quiere enseñar es que haciendo cosas no tiene que olvidarse de lo más importante, que aun haciendo cosas tenía que hacerlo escuchándolo a él, que aun sirviéndolo tenía que haberlo escuchado primero a él.
Marta invita a Jesús a su casa y termina “poniéndose a trabajar”. ¿Cuántas veces nosotros también hacemos lo mismo? Queremos abrirle el corazón a Dios, y le hemos abierto el corazón para que entre a nuestra vida, teniendo algún servicio, alguna actividad comunitaria, solidaria, caritativa en la Iglesia y, sin embargo, sin querer, lo fuimos dejando de escuchar. Nos olvidamos de su llamado.

Si estamos sirviendo a Dios y lo dejamos de escuchar es porque, en el fondo, no lo estamos sirviendo verdaderamente. Nos estamos sirviendo un poco a nosotros mismos. Estamos sirviendo a nuestros caprichos o proyectos y, por eso, podemos terminar quejándonos, como Marta, o podemos quejarnos por la actitud de “las Marías”, de aquellos que parece que no hacen tanto, y que en el fondo fue la más sabia y la de corazón más grande, por lo menos ese día.

Qué bueno que hoy podamos aprovechar para serenarnos un poco. Para decirnos a nosotros mismos o dejar que Jesús nos diga, con nuestro nombre: «Rodrigo, Rodrigo ¿por qué te inquietás por tantas cosas?» Decí tu nombre y también dejá que Jesús te lo diga a vos mismo: “¿Por qué te inquietás, por qué andás corriendo, qué necesidad?”

¿No te das cuenta de que, de un día para el otro, tu vida puede terminar, puede llegar a su final, a su mejor final, que es encontrarte con Jesús? ¿Y vos creés que te va a preguntar cuántas cosas “hiciste” o cuánto amaste, cuánto “escuchaste” para amar, con cuánto amor hiciste lo que hiciste? ¿Qué te va a preguntar, qué nos va a preguntar?

Dios quiera que vivamos este día escuchando a Jesús. Acordate que no son dos cosas distintas. Se puede escuchar al Maestro haciendo lo que tenemos que hacer, amando a los que tenemos a nuestro alrededor. Se puede escuchar a Jesús en la actividad en medio del mundo. Pero para eso necesitamos cada tanto decir: “Tengo que frenar, tengo que estar a tus pies”. Disfrutemos de la Palabra de Dios, la Palabra de Dios escuchada, transmitida en la Iglesia, que es la que nos alimenta cada día y nos ayuda a que no terminemos siendo “Martas” sin corazón, sino Martas Santas como el día de hoy, que celebramos la santidad de esta mujer que, finalmente, se habrá dado cuenta de lo que Jesús le decía y seguramente pudo cambiarlo, y aprendió a estar a los pies de Jesús, para terminar estando con él en el cielo eternamente. ¡Tengamos el corazón, mientras tanto, de María y las manos de Marta para ser sus verdaderos discípulos!

Solemnidad del Nacimiento de Juan Bautista

Solemnidad del Nacimiento de Juan Bautista

By administrador on 24 junio, 2021

Lucas 1, 57-66.80

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan.»

Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.»

Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan.»

Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.

El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

Palabra del Señor

Comentario

«El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre», dice la primera lectura del profeta Isaías de la misa de hoy. Algo así también podemos repetir nosotros, intentando experimentar lo mismo, sentirnos amados y llamados desde el vientre de nuestras madres. El salmo también dice algo muy lindo: «Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre. Te doy gracias, porque fui formado de manera tan admirable. ¡Qué maravillosas son tus obras!». ¡Qué lindo empezar este día pensando que cada uno de nosotros fue pensado por un Dios que es Padre! Alegrarse con saber que cada vida es sagrada desde el vientre de nuestras madres porque fuimos creados y formados de manera admirable. Porque somos amados y llamados a una misión especial, a ser de alguna manera profetas y precursores de Jesús para los otros.

Hoy la Iglesia celebra el llamado a la vida de Juan el Bautista, su nacimiento. «¿Por qué?», te podrías preguntar. Porque, según Jesús, «san Juan Bautista fue el hombre más grande nacido de mujer». Así salió de su propia boca.

Su nacimiento fue anunciado como el de Jesús. Llamado a «prepararle el camino, a predicar y a allanar los senderos» para la llegada del Salvador. Es, al mismo tiempo, el último de los profetas y es, de alguna manera, la «bisagra» entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, el que permitió la «novedad» en lo antiguo. Y por eso Jesús llegó a decir que «el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que Juan Bautista». ¿Por qué? Porque los que vivimos en la etapa del Reino de los Hijos de Dios somos, de algún modo, más grandes, ya que podemos vivir desde la gracia. Vivimos con la gracia que nos regaló Jesús, el Espíritu Santo. Vivimos el ser Hijos adoptivos de Dios Padre. Algo que san Juan Bautista no pudo experimentar, aunque, por supuesto, dando su vida, preparando el camino para el Señor, es de los grandes santos de nuestra Iglesia.

De este santo podríamos decir y aprender muchísimas cosas y, aunque no aparece en Algo del Evangelio de hoy, me gusta imaginar el momento en el que Juan desde el vientre de su madre pudo percibir la presencia de Jesús, cuando María visitó a Isabel, saltando de alegría. Quiere decir que fue profeta desde antes de nacer. Fue útil a la historia de la humanidad, a cada uno de nosotros, sin haber visto la luz del sol, aun sin haber nacido. Desde el vientre de su madre pataleó y le avisó a su madre que ahí estaba Jesús, en el otro vientre. Es una maravilla pensar esto, en el valor y la significancia que tiene cada vida, incluso antes de nacer, sabiendo que Dios tiene un propósito para cada uno que no podemos truncar por nada de este mundo. San Juan Bautista es el gran profeta, porque señaló siempre a Jesús y nunca quiso ser el centro, jamás pretendió que los demás lo siguieran a él, jamás se le ocurrió anunciar algo falso. Siempre anunció la verdad, se la jugó por la verdad y finalmente terminó dando la vida, muriendo por la verdad.

También es el humilde que no se sintió digno de desatarle la correa de las sandalias a Jesús. No se sintió digno de bautizarlo. No se sintió digno casi de «estar con él»; porque reconoció a Jesús como su gran Salvador, el Salvador de todos.

La humildad es la condición necesaria para ser un verdadero Hijo de Dios, para ser cristiano. Vos y yo podemos ser humildes. Tenemos que aprender a no ser el centro de nada. La humildad es la virtud del cristiano que necesitamos todos para que lo que reluzca en nosotros no seamos nosotros mismos, sino la obra de Dios en nuestra vida.

Es el santo de la humildad, el santo que aprendió a hacerse pequeño para que Jesús fuera quien se hiciera grande. Fue él el que aprendió a ir desapareciendo para que el que vaya apareciendo fuera Jesús. Y por eso su gran frase ha quedado para siempre en la liturgia de la Misa, que celebramos todos los días: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo».

Que san Juan Bautista en este día nos ayude, llenos de alegría, a mostrarle a los demás dónde está el Cordero de Dios; dónde está ese Cordero que quita nuestros pecados, que sana nuestro corazón, que nos libera de las cosas que nos atan, que nos da paz, que recibe nuestros agobios.

Que al mirar la hostia hoy en la Misa, en alguna Misa, nos ayude a reconocer dónde está el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo, que sigue haciéndose pequeño, que sigue haciéndose humilde, que sigue mostrándose vulnerable para que nosotros nos enternezcamos y nos animemos a amarlo cada día más y seamos verdaderos Hijos de Dios.

Memoria del Inmaculado Corazón de María

Memoria del Inmaculado Corazón de María

By administrador on 12 junio, 2021

Lucas 2, 41-51

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Ellos no entendieron lo que les decía.

El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

Palabra del Señor

Comentario

No podía ser de otra manera. Al día siguiente en el que celebramos al Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia como maestra, como pedagoga de nuestra fe nos regala esta memoria, este día tan lindo en donde contemplamos el corazón inmaculado de María. Ese corazón que no solo aceptó la voluntad de Dios diciéndole que sí al ángel, para comenzar el maravilloso camino de la salvación que ha llegado hasta nosotros en este día, sino que también María desde su corazón podríamos también pensar, imaginar y maravillarnos que le dio su sangre al mismo corazón de Cristo, llevándolo en su vientre. María no solo lo amó desde el instante de su concepción, sino que le dio su propia sangre, su propia carne, para alimentar y hacer del corazón de Jesús el corazón más grande y más amoroso que haya existido en esta tierra. Por eso, el corazón inmaculado de María también tiene que estar, de alguna manera, presente en nuestras vidas. Ese corazón que no solo alimentó a Jesús en el vientre, sino que también lo supo amar desde que lo tuvo ese primer día en brazos, cuando tuvo que dar a luz en un lugar pobre y sencillo, también cuando decidió emigrar junto con san José y escaparse del peligro de Herodes yéndose a Egipto; amamantándolo, abrazándolo, besándolo y cuidando a ese niño que era el Salvador.

Toda la vida de María fue un simple y maravilloso acto de amor para cuidar el corazón de Jesús y que ese corazón termine entregándose por nosotros en la cruz. Como decíamos ayer: «Abriéndose de par en par para que su sangre y el agua, que derramó de su corazón, sean para nosotros los signos de los sacramentos que nos dan vida: el Bautismo y la Eucaristía». Ese corazón de María que no solo estuvo con Jesús en los momentos donde él disfrutaba y ella también, junto a san José, sino que también estuvo siempre atravesado por el dolor. Y por eso María recibió esa profecía en la que se le anticipaba que su corazón también sería atravesado. «Una espada atravesará tu corazón», le dijo el profeta Simeón a María, y así fue. Durante toda su vida, María también aprendió a sufrir junto a su hijo, al hijo que también sufriría por nosotros para darnos vida. Y al pie de la cruz, María se mantuvo con su corazón alerta, amoroso, dejando que Jesús la mire, para mostrarle que aunque él se iba ella quería ser madre de todos los hermanos de Jesús, de vos y de mí también.

Por eso, en Algo del Evangelio de hoy podemos pedirle a María que nos ayude a aferrarnos a su corazón inmaculado, ese corazón que no solo aprendió a sufrir junto a su hijo, sino que también nunca cometió un pecado. Jamás decidió hacer algo en contra de la voluntad del Padre y por eso es inmaculado, por eso es un corazón que se abre de par en par hacia nosotros, sus hijos; y ella, como Madre, nos arropa, nos abraza, nos ama constantemente. Y nos da la sangre de Cristo también –que corre por nuestras venas–, la sangre de la gracia del Espíritu Santo, porque ella también es esposa del Espíritu Santo, y busca que continuamente nosotros nos abramos al amor de Dios.

María, que tu corazón inmaculado hoy, junto al de Jesús, nos abrace una vez más y nos haga sentirnos hijos y amados, nos haga sentirnos hermanos de todos, y que podamos vivir como vos también viviste. María, que tu corazón inmaculado nos llene hoy de gozo y nos colme de paz.

Fiesta de la Visitación de María

Fiesta de la Visitación de María

By administrador on 31 mayo, 2021

Lucas 1, 39-56

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»

María dijo entonces:

«Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.»

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor

Comentario

Hay escenas del Evangelio que son más fáciles de imaginar que otras. Los mismos evangelistas, aquellos que escribieron la Palabra, tienen sus diferencias en cuanto al modo de relatar los mismos hechos y esto, más que un problema, es una riqueza para nosotros hoy. Alguna vez te dije que es bueno y lindo intentar «meterse en las escenas», dicho así vulgarmente, hacer el esfuerzo por ser uno más de ese momento único. Se dice en la vida espiritual «aplicar los sentidos», o sea buscar, escuchar, gustar, oler, ver y tocar de alguna manera lo que imaginamos del relato. San Ignacio lo llama «composición del lugar», imaginarse el lugar. Es difícil lograrlo, pero si uno se da el tiempo, si uno se esfuerza para hacer de la escena algo así, como una película filmada por uno mismo o actuada por uno mismo, todo cambia, todo se hace más propio, más personal. Y entonces, desde ahí, todo es Palabra de Dios, no solo las palabras concretas de la escena, lo que dijo Jesús, sino cada detalle, cada gesto, cada silencio, cada olor, todo el conjunto de cosas y cada una por su cuenta. Tenés que animarte a hacerlo algún día. Igual hoy podemos hacer un intento, es una linda escena como para empezar.

Cerrá los ojos e imaginá el momento en el que María se decidió a partir, el viaje, la preparación de las cosas que tenía que llevar, su deseo profundo de ver a su prima, de ayudarla, las incomodidades que vivió en el camino, el calor, el cansancio, el paisaje, la llegada, el gozo de Isabel al verla, la alegría de María al escuchar esas palabras y sentir que el niño saltaba de alegría en su vientre. Si sos mujer y si sos madre, se te va a hacer un poco más fácil, lo demás corre por tu imaginación, los detalles podés agregarlo vos.

Algo del Evangelio de hoy, nos trae esta Fiesta de la Visita de María a su prima santa Isabel, Isabel que será santa. Celebramos que María después de enterarse, de recibir semejante noticia, de que estaba embarazada e iba a ser la madre del Hijo de Dios, se dispuso a visitar a su prima, para estar con ella, para acompañarla también en el embarazo, que se enteró por medio del ángel.

¡Qué lindo es empezar el día de la mano de María!, que está siempre, porque ella sabemos que no solo es la madre de Jesús, sino que también, desde hace dos mil años, es madre nuestra. Ella cada día se transforma en nuestra madre, es nuestra madre trayéndonos a Jesús a este día, al hoy. Ella vuelve a traerlo a cada pesebre, que se transforma en receptor de Jesús, en cada corazón que quiere recibirlo.

Hoy podemos pedirle eso: María, tráenos a Jesús, tráenos a Jesús como se lo llevaste a tu prima, tráenos la alegría de Jesús. Vos que lo llevaste en tu vientre y que lo llevás siempre en tu corazón, haciendo su voluntad, tráelo al hoy de mi vida, al hoy de la Iglesia, al hoy de mi hogar, de mi trabajo, de lo que sea que tenga que hacer; tráeme a Jesús, lo necesito. Quiero saltar de gozo, como saltó Juan el Bautista en el vientre de Isabel.

Se me ocurre poder decir tres cosas con respecto a este maravilloso canto del Magníficat, este canto que brotó del alma de María cuando se encontró con su prima. Es un canto que brota de un alma sorprendida por Dios, enamorada, pero, al mismo tiempo, agradecida. Estas tres cosas: sorprendida, enamorada y agradecida.

Sorprendida porque nunca imaginó algo tan grande. Ella siempre esperó algo de Dios, pero nunca imaginó que podía ser tan maravilloso. Dios siempre nos da algo más de lo que esperamos; solo hay que saber esperar, solo hay que tener paciencia, solo hay que saber que el tiempo nos da lo que necesitamos, porque –como dice el salmo– «su promesa ha superado su renombre», su promesa supera su fama; solo tenemos que saber que la gracia de Dios actúa en el tiempo, y por eso «la paciencia todo lo alcanza», la paciencia siempre nos da más de lo que esperamos. Por eso María se sorprendió tanto y lo disfrutó.

Y María también era, por supuesto, una enamorada de Dios. Al estar enamorada, supo esperar. Solo un alma enamorada sabe esperar de Dios cosas grandes, solo un alma enamorada se sorprende y está dispuesta a ser sorprendida. El que no está enamorado, siempre espera lo mismo; nunca espera nada distinto y se aburre en la rutina. En cambio, María, vos y yo podemos enamorarnos. María se dejó sorprender y se dejó maravillar por Dios, por eso también pensó en los demás, decidió visitar a santa Isabel. «Su alma canta la grandeza de Dios, y su espíritu se estremece de gozo en Dios, su Salvador». Dios quiera que hoy podamos sorprendernos y enamorarnos más de Jesús, de la mano de María. Ella fue un alma agradecida, por eso cantó lo que Dios hizo en ella, y no por lo que ella había hecho; canta agradecida al reconocer que es amada y elegida, aun siendo pequeña y sencilla.

Estos tres regalos que recibió María, también son para nosotros, para que podamos dejarnos sorprender por Dios, nuestro Padre, enamorarnos de él viviendo agradecidos.