Topic: Marcos

VIII Sábado durante el año

VIII Sábado durante el año

By administrador on 3 junio, 2023

Marcos 11, 27-33

Y llegaron de nuevo a Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por el Templo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se acercaron a él y le dijeron: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio autoridad para hacerlo?»

Jesús les respondió: «Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas. Díganme: el bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?»

Ellos se hacían este razonamiento: «Si contestamos: “Del cielo”, él nos dirá: “¿Por qué no creyeron en él? ¿Diremos entonces: “De los hombres?”» Pero como temían al pueblo, porque todos consideraban que Juan había sido realmente un profeta, respondieron a Jesús: «No sabemos.»

Y él les respondió: «Yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas.»

Palabra del Señor

Comentario

¡Buen sábado! Espero que empieces, que empecemos un buen fin de semana. Después de haber escuchado cada día la Palabra de Dios, no podemos bajar los brazos. Siempre los días que podemos descansar un poquito más, los días que cambiamos de actividad, también son días para tener una oportunidad y volver a escuchar de otra manera, escuchando algo que ya escuchamos para repasarlo por el corazón, o bien escuchar mejor lo que no escuchamos, o escuchar mejor lo que hoy se nos propone para escuchar. Por eso, ¡a levantarse una vez más este sábado!, en el que terminamos esta semana de recorrido de la Palabra de Dios, donde una vez más Jesús nos habló al corazón, a todos.

¿Cuántas personas son las que reciben la Palabra de Dios, la meditan, la escuchan, la mastican en su corazón para poder sacarle fruto? ¿Cuántas personas? En realidad, no importa –como siempre digo– la cantidad, sino cuántas son las que le sacan fruto. Solo Jesús lo sabe. Por eso, no te canses de escuchar y no te canses de ayudar a otros a que puedan escuchar. No pienses que por un rechazo ya no quieren escuchar más, sino que a veces cada uno tiene sus días, a veces no escuchamos con tanta atención, pero no dejemos de insistir.

Bueno, y en este final de semana también, como decíamos ayer, llegamos al final de una sección del «camino» del Evangelio de Marcos, donde Jesús ya se encamina decididamente a Jerusalén para entrar a ciudad santa, que representa toda la religiosidad de un pueblo, toda la historia de una relación con Dios; en donde también había autoridades que, sin darse cuenta y a veces creyéndose más que los demás, se creían los representantes de Dios en la tierra, pero no siempre cumplían bien su función. Pero vamos por partes.

Primero, dice el Evangelio, Algo del Evangelio de hoy, que Jesús llegó a Jerusalén. Bueno, Jesús caminaba, caminaba por Galilea, por los distintos lugares donde quiso predicar, pero se encaminó a Jerusalén. Sabía a dónde tenía que ir. Eso es algo que también nos ayuda a nosotros. ¿Sabemos a dónde estamos yendo? ¿Sabemos a dónde nos lleva el camino que estamos transitando? Hay que tener bien en claro hacia dónde vamos. Jesús siempre tuvo en claro que finalmente tenía que llegar a Jerusalén, que ahí debía ser el lugar donde iba a entregar su vida. Bueno, ¿vos y yo sabemos a dónde vamos, qué estamos haciendo en esta vida?

VIII Viernes durante el año

VIII Viernes durante el año

By administrador on 2 junio, 2023

Marcos 11, 11-26

Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; y después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania.

Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre. Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos. Dirigiéndose a la higuera, le dijo: «Que nadie más coma de tus frutos.» Y sus discípulos lo oyeron.

Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que transportaran cargas por el Templo. Y les enseñaba: «¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.»

Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.

Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: «Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado.»

Jesús le respondió: «Tengan fe en Dios. Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: “Retírate de ahí y arrójate al mar”, sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá. Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán.

Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas.»

Palabra del Señor

Comentario

Este viernes, ya cercanos al fin de semana, cada uno con el cansancio a cuestas de la vida que llevamos, creo que nos puede hacer bien contemplar el momento en el que Jesús llega a Jerusalén, cuando «termina su camino» –simbólicamente– o cuando llega a donde quería llegar, a entregar la vida. Por otro lado, escuchamos en otros evangelios que Jesús les había anticipado a sus discípulos que su destino era llegar a Jerusalén en donde sería maltratado, crucificado, matado y, finalmente, resucitado, pero ellos no terminaban de comprender nunca. Su ceguera no se los permitió, como nos pasa también a nosotros, que seguimos a Jesús, pero muchas veces no terminamos de comprender que no pasa lo que Jesús dice que va a pasar.

En estos días escuchamos como Jesús había emprendido su caminar y en ese camino, había encontrado diferentes situaciones: un hombre rico que no se animaba a seguirlo, los discípulos que se peleaban por un puesto y no comprendían lo más profundo del «ser» de Jesús y a lo que había venido y, finalmente, el ciego, Bartimeo, que por su fe fue salvado, ¿te acordás? Que por su fe no solo fue curado de su ceguera física, sino que fue curado de su ceguera espiritual, y comenzó a seguir a Jesús. En definitiva, lo que nos enseñaron estos relatos es que la fe nos va curando de la ceguera espiritual y nos permite seguir libremente a Jesús por decisión propia. Y por supuesto, sin fe, no podemos «ver más allá»; sin fe, nos perdemos de muchísimas cosas; sin fe, no solo no vivimos como quiere el Señor, sino que además no estamos en comunión con los demás, no nos abrimos a cosas nuevas, no nos abrimos al amor, vivimos en nuestro pequeño mundo, mirándonos el ombligo y, además, somos capaces de cuestionar hasta al mismísimo Dios.

Y por eso, Jesús, en Algo del Evangelio de hoy, nos propone la fe, nos invita a tener fe; tanta fe que incluso seamos capaces de «mover montañas». Entendiendo esta frase como un símbolo, por supuesto no podemos reducir esta expresión a pensar que, con la Fe, con la fuerza de la Fe o poder de nuestra mente, confiando, podemos realmente «mover» una montaña. Con esta expresión, Jesús se refiere a algo «más profundo»; más bien, se refiere a las «montañas» que tenemos que mover en nuestra vida; aquellas que son obstáculos, que no nos permiten caminar; a esas «montañas» que no nos animamos a subir, porque parecen «imposibles»; a las «montañas» de los tropezones de la vida, que solo podemos mover con la fe o que nos ayuda a levantarnos y a través de ella, la fe, nos damos cuenta que es posible, que es posible dar un paso más, es posible levantarse si uno está al costado del camino; tirar el manto, tirar ese pecado que arrastramos y no nos deja seguir, o superar cualquier situación de nuestra vida que parezca «imposible», por habernos alejado de él.

Lo importante es tener fe, confiar, fiarse de Jesús, rezar como si ya hubiéramos obtenido lo que deseamos, dejando todo en manos de él, incluso si no pasa lo que nos gustaría que pase. Eso también es tener fe.

Hoy te invito a que nos dispongamos a rezar, pidiéndole al Señor lo que necesitamos, pidiéndole a él que nos cure de la ceguera, para que nos animemos a seguirlo, pidiéndole también una gracia para alguien que vemos que la necesita, para algún enfermo, para alguien que sufre. En realidad, la fe «mueve montañas», porque la fe «mueve corazones» y ¡la montaña más difícil de mover, muchas veces, es nuestro corazón!

VIII Jueves durante al año

VIII Jueves durante al año

By administrador on 1 junio, 2023

Marcos 10, 46-52

Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!» Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!»

Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Entonces llamaron al ciego y le dijeron: «¡Animo, levántate! El te llama.» Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.

Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»

El le respondió: «Maestro, que yo pueda ver.»

Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

Palabra del Señor

Comentario

¡Qué paradoja! ¡Qué ironía!, como se dice. ¡Qué aparente contradicción escuchar este Evangelio, cuando finalmente es un ciego –un cieguito, le diría yo, Bartimeo– el que termina dando un salto y siguiendo a Jesús por el camino!

Terminamos una sección del Evangelio de Marcos que se llama así: «la sección del camino», cuando Jesús se decide a caminar hacia Jerusalén, para finalmente entregar su vida, y les va anunciando a los discípulos que va a ser entregado, maltratado, para terminar, sufriendo por nosotros, y al final resucitar. Y en ese camino, en el fondo nadie lo entiende, ni siquiera sus propios discípulos.

Acordáte cómo el lunes se acercaba ese hombre rico, que se arrojaba a los pies de Jesús, y por su mezquindad, por no ver el amor de Jesús, no se termina de animar para seguirlo, tanto su mezquindad como su incapacidad para ver a quién tenía enfrente. Ni siquiera una mirada llena de amor lo convence para «dejar lo que tenía» y seguir a Jesús.

Después, el martes, escuchábamos como Pedro, de algún modo, «regateaba» con Jesús y buscaba «algo» a cambio: «Nosotros lo hemos dejado todo, y para nosotros, ¿qué vendrá?». Sin embargo, Jesús le prometía todo. Ante la mezquindad de Pedro, Jesús le promete todo. Ante nuestra mezquindad, también nos promete todo. Y ayer, Juan y Santiago que se peleaban por un puesto y los Diez que se indignaban. En el fondo, los doce discípulos eran tan débiles como nosotros, no comprendían a quién estaban siguiendo.

Bueno, y hoy termina esta sección, como te dije, con este cieguito que nos conmueve a todos. ¿A vos no te conmueve? «¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!». Muchos lo querían callar, pero él seguía gritando, y Jesús, en medio de la multitud, lo escuchó, como nos escucha a nosotros.

Él es el único que escucha el grito de angustia y necesidad de los hombres, es el único que escucha al ciego que necesita «ser curado». Todos lo quieren callar, todos quieren callarnos a veces, pero Jesús nos escucha. ¡Qué maravilla! «¡Ánimo, levántate! -le dijeron- Él te llama», y el ciego arrojó su manto y se puso de pie, seguramente lo único que tenía en la mano. Dejó todo para acercarse a Jesús, no como el rico.

Él le preguntó, y nos pregunta también a nosotros; Jesús nos pregunta: «¿Qué querés que haga por ti?, ¿qué querés que haga por vos?, ¿qué necesitas? ¿Necesitas algo o no necesitas nada?». Esa es la «gran pregunta». No podemos reconocerlo, no podemos seguirlo por el camino, si no reconocemos que algo nos falta, que Jesús algo nos puede dar, que de alguna manera estamos un poco «ciegos». Y por eso, en realidad, son los discípulos los que «no ven» –eso también nos enseña el Evangelio– y el único que finalmente terminará viendo y siguiendo a Jesús con convicción, será aquel que reconoce que «no veía». Lo mejor que tiene este cieguito, es que reconoce su necesidad, por eso él dice: «Maestro, que pueda ver». Y ante esta demostración de necesidad profunda, de humildad, es cuando Jesús le dice: «Vete, tu fe te ha salvado». «Y en seguida –dice Algo del Evangelio- comenzó a ver y lo siguió por el camino».

Los hombres ricos, de corazón y de cosas materiales también, vos y yo que a veces estamos tan llenos de «cosas» y nos creernos no necesitados, ricos que «andamos buscando un puesto por este mundo», ricos de «andar regateándole a Dios algo a cambio» por lo poco que hacemos; finalmente, como estamos ricos, no podemos dejar nada, no nos animamos a dejar nada y por eso a veces no seguimos verdaderamente a Jesús. O por ahí estamos también ricos de tantas cosas, como los discípulos, ricos de «poder», y andamos detrás de Jesús, pero, en el fondo, no lo estamos siguiendo; estamos siguiéndonos a nosotros mismos –un reconocimiento, un puesto–, estamos sometiendo a los demás con nuestro poder.

Qué lindo es el ejemplo de este Bartimeo, de este ciego que nos ayude a darnos cuenta de que todos necesitamos ver, que vos y yo –que estamos escuchando ahora el Evangelio, hace tanto tiempo– necesitamos seguir «aprendiendo para ver».

El Evangelio de Marcos nos quiere mostrar que, en definitiva, todos estamos ciegos y que solamente se cura de esa «ceguera espiritual», que no nos permite ver más allá de las cosas, aquel que se reconoce «ciego».

«Señor, que yo pueda ver. ¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!». Ojalá que hoy demos un salto y nos acerquemos a Jesús, para que él nos pregunte: «¿Qué quieres que haga por ti?». Cúrame, Señor, cúrame de mi ceguera, cúrame de lo que no puedo ver, cúrame de mis pecados, cúrame de no poder ver el amor que tengo a mi alrededor, cúrame de no ser un hombre a veces tan espiritual como podría, de no reconocer todo lo que tengo en mi interior, que está tapado por tantas cosas, que, en definitiva, no me dejan ver.

VIII Martes durante el año

VIII Martes durante el año

By administrador on 30 mayo, 2023

Marcos 10, 28-31

Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros.»

Palabra del Señor

Comentario

Algo del Evangelio de hoy me ayuda a querer cada día más a Pedro. ¡Cómo lo quiero a Pedro! Pedro es tan humano, es tan como nosotros y no como a veces presentamos a los santos. Pedro siempre representa lo que muchos de nosotros llevamos en el corazón, lo bueno y lo no tan bueno. Pedro siempre pregunta lo que muchos no se animan a preguntar, como nos pasaba en el colegio. Pedro siempre acierta y se equivoca primero, como marcando el camino, abriendo una brecha que muchos no se animan a transitar y eso es lindo, ayuda mucho.

Se me ocurren dos cosas que nos pueden ayudar.

Primero. A Pedro y a nosotros también nos puede salir a veces la mezquindad de adentro del corazón y al entregarnos estar buscando recompensas, ¿Y a nosotros? ¿Y yo que me la paso sirviendo, y yo que dejé un montón de cosas por Vos? Sin querer podemos caer como el hombre rico de ayer, en una mezquindad, en una entrega medida, a medias, en una entrega por conveniencia, en una entrega que “no mira la mirada de Jesús”, esa mirada  con amor. Cuidado.

Especialmente los consagrados ¿Qué buscamos? Es el peligro de todo apóstol, de todo cristiano, de todo sacerdote, de todo consagrado, o incluso de todo laico que se entrega día a día, es mi peligro y el tuyo. ¡El que anda pidiendo algo a cambio, sin querer se puede transformar en una especie mercenario, un funcionario y no en un servidor! ¡Cuidado con ser un mercenario de Jesús! Es humana la pregunta de Pedro, pero hay que pedirle a Jesús que nos vaya purificando, conduciendo nuestra intención. ¿Para qué servimos?

Segundo. Al mismo tiempo hay algo muy lindo y que surge gracias al arrebato de Pedro. Jesús promete y promete en serio, no como nosotros, no como las promesas políticas. Jesús promete y cumple. Te puedo asegurar que el ser sacerdote me llenó de casas, porque puedo quedarme y alojarme en mil lugares gracias a la generosidad de tanta gente que nos tiene como padres y muchas veces como hijos. Haber dejado algo por Jesús, me permitió tener miles de hermanos y hermanas, la Iglesia me llenó de hermanos, predicar la Palabra de Dios cada día me llena de hermanos y hermanas. Dejar mi hogar por amor a Jesús me lleno de buenas madres, aunque la Virgen María y la que me dio la vida son las mejores, pero tengo muchas y eso llena de alegría todos los días. También tengo más padres, que se preocupan de mí, como se preocupa el mío a su modo. Me concede bienes continuamente, nunca tendré hambre ni sed, porque Jesús nos provee de todo. Siempre digo con gracia que jamás un sacerdote se morirá de hambre. Esto es verdad, te lo aseguro.

Seguro que vos de alguna manera también lo vivís, con tu grupo de oración, con tu movimiento, con tu parroquia. Y al mismo tiempo, como dice Jesús, todo esto también va acompañado de sufrimientos por amor al Reino de Dios, es inevitable. Al mundo no le gusta la Palabra de Dios, le molesta. Pero al final, vendrá lo mejor, vendrá la Vida Eterna. ¿Qué más podemos pedir? No seamos mezquinos. Con lo poco que damos, Jesús nos da y nos dará algo mucho mejor.

Busquemos hoy el Reino de Dios y su santidad, y todo lo demás vendrá por añadidura.

VIII Lunes durante el año

VIII Lunes durante el año

By administrador on 29 mayo, 2023

Marcos 10, 17-27

Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»

Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»

El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»

Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.» El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!» Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.»

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.

Palabra del Señor

Comentario

Tomando algo de evangelio de hoy, tengo ganas de llenarnos de preguntas, hacer una especie de lluvia de preguntas, al texto, a mí y a cada uno de los que escuchamos estos audios. Alguna pregunta podrá encontrar respuesta, otras no, pero será el comienzo para que algún día sí, por algo se empieza.

Muchas veces se dice y se puede escuchar, que aquel que se encontró alguna vez con Jesús, en su paso por la tierra e incluso hoy, no quedó igual, no queda igual; que aquel que se encontró con Él por ser tan irresistible su persona no pudo decir otra cosa que sí, no pudo resistir a su amor. Bueno, es lindo ese razonamiento, y es verdad, pero le falta una parte, le falta una posibilidad, le falta el drama de la respuesta del hombre del evangelio de hoy y de tantos hombres a lo largo de la historia, por ahí de vos o de mí. ¿Cuál respuesta? El no, y con ese no, la tristeza y la pena. Sí, lamentablemente existe esa posibilidad. ¿Existe la posibilidad de ver a Jesús cara a cara y terminar yéndose triste? ¿Existe la posibilidad de haber sido mirado por Jesús con amor y terminar yéndose apenado? ¿Es posible que vayamos hacia Jesús, que nos arrodillemos frente a Él llenos de ansias y de amor y que terminemos yéndonos con las manos vacías, peor de lo que fuimos? ¿Es posible acercarnos a Dios intentando negociar con Él la salvación después de la muerte, pero olvidándonos de la propuesta de empezar a vivir esta vida de una manera diferente desde ahora? ¿Es posible que Jesús nos ofrezca dejar algo para seguirlo, por algo más lindo y pleno, para compartir lo que tenemos con los demás y que nos neguemos, que nos vayamos con la cabeza gacha? ¿Es posible que sigamos sin entender lo que significa ser cristianos, lo que quiere decir seguir a Jesús, que sigamos creyendo que creer es cumplir los mandamientos y nada más? ¿Es posible que la riqueza, del corazón y material, nos impida disfrutar de la propuesta liberadora de un Dios que se despojó de todo para encontrarse con todos? Todo es posible.

Lamentablemente sí. Somos capaces del sí y del no. Pensalo, rezalo, meditalo en tu vida. Pero lo lindo del evangelio de hoy, la linda noticia es que termina con una posibilidad más posible, más linda. Para Dios todo es posible. Para Dios es posible destrozar todas las mezquindades que nos impiden animarnos a lo imposible, a lo que el mundo nos plantea como locura.

Para Jesús es posible desarmarte con su mirada y ayudarte a que de una vez por todas descubras que lo mejor es seguirlo a Él, amarlo a Él, dejando de lado tus riquezas que te impiden disfrutar lo mejor de la vida, la posibilidad de amar, de ser libre y ayudar a otros que la pasan peor que nosotros, a otros que necesitan de nuestra ayuda, de nuestro amor.

Fiesta de San Marcos

Fiesta de San Marcos

By administrador on 25 abril, 2023

Marcos 16, 15-20

Jesús se apareció a los Once y les dijo:

«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.

Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán.»

Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.

Palabra del Señor

Comentario

Si todos nos animáramos a escuchar y vivir realmente estas palabras tan lindas y desafiantes de Jesús de Algo del Evangelio de hoy: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación…» Todos y todo, se merece que gritemos que Jesús nos ama y quiere darnos su amor. Todos se merecen que vos y yo hoy nos animemos a predicarles la palabra de Dios, esas palabras lindas que Él tiene para decirnos. ¿Por qué alguien tiene que quedar afuera? ¿Por qué vamos a privar a otros de escuchar la palabra de Dios? Hoy más que nunca no tengas ni miedo ni vergüenza de enviar este audio con la palabra de Dios a otra persona que necesita tanto de Él como nosotros. Ayudame, ayudémonos mutuamente a lograr que más corazones se enamoren de Jesús, para que crean en Él, para que lo busquen, para que lo amen. Muchas veces las personas “menos pensadas” son los que más ansias tienen de Él, aunque en principio no parezca. Este es el mandato de Jesús, que vayamos por el mundo, que nos animemos a hablar de Él, y aunque no viajemos a otro lugar, aunque nos quedemos en donde estamos, hoy la tecnología nos permite llegar a lugares que jamás hubiéramos pensado.

Te propongo que hoy te levantes, y lo digo como imagen, porque por ahí ya estás levantado, ya arrancaste el día o lo estás arrancando. Hoy levantate y decite a vos mismo que hay que levantarse. Que se puede seguir y que se debe seguir, que hay mucho por delante. La Palabra de Dios nos anima a levantarnos, a dejar el cansancio a un costado, a dejar la tristeza, a dejar el aburrimiento y la pesadez. La Palabra de Dios es viva y eficaz, nunca te olvides, y da vida eficazmente al que la escucha, la mastica y la medita. Dejemos que hoy nuestro corazón desborde de alegría y seamos conscientes de que sus palabras quieren viajar por todos lados, y que nosotros somos sus instrumentos, de que nosotros somos los encargados de predicar, de evangelizar.

Hoy es la fiesta de San Marcos, uno de los evangelistas, uno de los que nos dejó por escrito la vida de Jesús, su obra, sus palabras, sus gestos. Gracias a él, nosotros hoy podemos conocer a Jesús. Se sabe hoy, por los estudios, que Marcos no fue discípulo directo de Él, pero de alguna manera siguió la tradición de Pedro, discípulo y amigo del Señor. Los Hechos de los apóstoles muestran a Marcos como un compañero de misión de Pablo y luego de Bernabé, por eso se sabe con certeza de que recibió de modo casi directo los relatos más frescos de la vida de Jesús.

Las palabras que nos regala la Iglesia en Algo del Evangelio de hoy, son las palabras de Jesús antes de ascender a los cielos, podríamos decir que es el legado de Jesús, su deseo final, pero al mismo tiempo, su deseo siempre presente, que no pasará de moda jamás. ¿Qué desea Jesús? ¿Cuál fue su deseo antes de ausentarse físicamente de sus discípulos? No puede ser otra cosa, no podríamos esperar otra cosa que el deseo ardiente de que todos los hombres conozcan la mejor noticia que puede recibir el hombre, hambriento y sediento de amor. ¿Cuál? Que Dios se hizo hombre, murió y resucitó por nosotros para sanarnos y darnos una vida nueva.

Básicamente ese el anuncio que comenzaron a desparramar por el mundo los amigos de Jesús y que llegó a nuestro tiempo, y que sigue llegando y que sigue expandiéndose. Esa es la misión básica y fundamental de la Iglesia. Esa es tu misión y mi misión, si realmente creemos en lo que decimos que creemos. No hay que complicarse mucho la existencia con cosas raras. Hay que andar por el mundo diciendo con la vida y con los labios, esta verdad. El que quiera creer que crea y que disfrute, el que no quiera creer que no crea, no debería ser un motivo de enojo para nosotros, se lo estará perdiendo. Dios juzgará a cada uno según su conciencia y sus decisiones, eso a nosotros no nos corresponde juzgarlo.

¿Vos crees en esto? Si crees, ¿Alguna vez anduviste por la vida anunciando esta verdad que cambió la vida de tantos hombres y mujeres? Si ya lo hiciste alguna vez ¿te cansaste o lo seguís haciendo? Los discípulos fueron a predicar por todas partes, ¿y nosotros? ¿Nosotros qué estamos haciendo? ¿Qué hacemos cada día? ¿Pasa algún día de tu vida sin que hables de Él? Anunciar la noticia de Jesús nos llena el corazón de alegría, nos llena el corazón de paz, porque descubrimos que no hay nada más grande que podamos darle a los demás que el mismo Jesús, porque solo Él cambia los corazones de las personas. La fe solo crece dándola, solo se enriquece cuando nos animamos a hablarle a los demás de lo bien que nos hace creer, de lo lindo que es creer, de lo maravilloso que es intentar cada día vivir según las enseñanzas de un Dios Padre que nos ama y solo desea que nos amemos entre nosotros y disfrutemos esta linda vida que nos regaló. ¿Todavía estás pensando si vale la pena hablar de Él?

Sábado de la Octava de Pascua

Sábado de la Octava de Pascua

By administrador on 15 abril, 2023

Marcos 16, 9-15

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.

En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.»

Palabra del Señor

Comentario

Por qué no intentar en este sábado de la octava de Pascua; con la cual terminamos esta gran celebración de este gran día que es el de la Pascua, la Resurrección del Señor, el  “paso” de Nuestro Señor por la muerte para darnos vida; por qué no intentar lo que no hacemos hace tiempo que es hacer una síntesis de los evangelios de esta semana, que son tan ricos y nos pueden ayudar muchísimo  finalmente a vivir la experiencia real y concreta de que Jesús está vivo, en nuestra vida. Porque, en definitiva, de eso se trata ser cristiano: en descubrir la presencia de Dios real y concreta en nuestra vida como una persona a la cual queremos seguir porque nos enamoramos, porque descubrimos su amor. Eso es ser cristiano.” No se empieza a ser cristiano por una idea o por una doctrina; sino se empieza a ser cristiano verdaderamente cuando nos encontramos con una Persona, y cuando esa Persona cambia el rumbo de nuestra vida”; así lo decía en su momento el Papa Benedicto XVI, nos cambia el sentido de nuestra vida.

Como decía san Juan Pablo II: “Cristo nos da todo, no quita nada; no tengan miedo a Cristo, ábranle las puertas de par en par”.

Bueno; en esta semana de Pascua de la Octava, hemos contemplado estos evangelios donde se nos muestra a Jesús que se aparece a sus amigos; a sus discípulos, a las mujeres, y por qué no pensar también en la aparición de Jesús a su madre la Virgen Santísima, que, aunque no está relatada también podemos imaginarla, tal como lo plantea san Ignacio de Loyola.

Es una oportunidad para poder reflejarnos y vernos también cómo en nuestra vida, Jesús de alguna manera se nos apareció, se nos manifestó, aunque siempre de alguna manera “velado”, oculto; por eso tenemos que hacer un esfuerzo, por eso tenemos que abrir las puertas de nuestro corazón.

Y para repasar y ver algunas frases, algunas situaciones de los evangelios de esta semana nos pueden ayudar. Por supuesto que cada uno de nosotros puede tomar el evangelio que más nos gusta, incluso el de hoy; porque Algo del Evangelio de hoy es como una especie de “resumen” de los evangelios de la semana.

Marcos sintetiza tres apariciones y las hace bien concretas y sencillas; en cambio los otros evangelistas se explayan un poco más.

Entonces utilicemos esta especie de “síntesis” del evangelio de Marcos de hoy, para ver la síntesis de esta semana y quedarnos con una frase, con una situación, con algo que nos ayude a rezar, a emocionarnos, a volver a nuestra Galilea y descubrir aquel momento en el cual nos encontramos con él y ahora por ahí está todo “apagado”; o no, o nos encontramos en esta Pascua con Jesús más plenamente y esto nos impulsa a seguirlocon alegría; o no y estamos en la apatía total…

Pidamos la gracia, pidámosle al Señor poder encontrarlo, pidámosle al Señor como decía el evangelio del lunes: alegrarnos. «Alégrense» —dice Jesús. Pidamos alegrarnos verdaderamente con la presencia de Jesús Resucitado. Y Jesús nos plantea –como el lunes– ir a Galilea; ir a ese lugar original donde lo conocimos alguna vez, donde escuchamos hablar de Él y por ahí nos olvidamos… Pensá en eso, y cómo las mujeres se postraron, se tiraron a sus pies de la emoción.

El martes veíamos cómo Jesús consolaba también a María diciéndole: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Y podríamos dejar que Jesús nos pregunte qué es lo que nos pasa, por qué lloramos, por qué a veces seguimos en la tristeza, por qué nos desanimamos tan fácil. Jesús nos viene a traer alegría y paz. Y aunque a veces conviva con la tristeza; la paz que viene a traer Jesús es una paz que nos da la certeza de su Presencia.

O también como el miércoles, pensar en la presencia de Jesús con los discípulos de Emaús, que los acompaña, aunque ellos no se dan cuenta. Él siempre está a nuestro lado, aunque no lo vemos, siempre dispuesto a explicarnos las Escrituras para que “arda” nuestro corazón y que finalmente se nos manifiesta en la Eucaristía para poder experimentarlo verdaderamente. Y así el jueves veíamos cómo Jesús nos trae la paz: «La paz esté con ustedes»; y al mostrarles sus manos y sus pies, los discípulos se llenaban de alegría y admiración; pero también por otro lado se “resistían” a creer. A veces nos cuesta creer. Pidamos la gracia de creer. Él está, está presente.

Y ayer ese gran evangelio de la pesca milagrosa donde Juan pega el grito: “¡Es el Señor!”, y Pedro desaforadamente pero lleno de amor, se tira al mar y recorre cien metros para encontrar a su Señor; toda una prueba de su inmenso amor.

Ojalá tuviéramos ese deseo profundo de que cuando nos dicen “allá está el Señor”, pudiéramos tiranos de cabeza –por decirlo así–, jugarnos la vida, cambiar el rumbo de nuestra vida para transmitir la alegría de Jesús Resucitado.

Ojalá que esta semana de Pascua nos encienda de vuelta en lo profundo de nuestro corazón para decir: “Vale la pena ser cristiano, vale la pena creer en Jesús, vale la pena hablarle a los demás sin miedo de que Jesús está vivo”.

Cómo nos cuesta a veces ¿no?, cómo nos cuesta hablar en nuestros ambientes de Nuestro Señor como alguien concreto, como una Persona a la cual amamos.

Ser cristiano, es seguir a Jesús, ser cristiano es enamorarse de Él y no tener vergüenza de ser testigos de su Resurrección.

III Viernes de Cuaresma

III Viernes de Cuaresma

By administrador on 17 marzo, 2023

Marcos 12, 28b-34

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?».

Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que éstos.»

El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.»

Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Comentario

Es bueno volver a escuchar lo que a veces la mala memoria o la rutina nos hace olvidar: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y Él te habría dado agua viva.» No me voy a cansar de repetirlo, porque a fuerza de escuchar y escuchar nuestro corazón se puede ensanchar y ensanchar, y esa es la idea. Si fuéramos conscientes, si supiéramos cuánto nos ama Dios, cuántos dones nos ha dado por medio de su Hijo, nos pasaríamos la vida, el día, pidiéndole lo que realmente nos hace falta y no tantas cosas que a veces en realidad no necesitamos. ¿Qué necesitamos? ¿Qué necesitás realmente? Una tuve la gracia de celebrar un casamiento de una pareja que volvió a la fe después de muchas búsquedas, después de muchas idas y venidas. Felices, decidieron regularizar su matrimonio y dejar que Jesús consagre el amor que de hace tanto tiempo se tenían. Tienen un hijo pequeño, que es un regalo de Dios, como todos los niños, pero este es muy especial. Después de la celebración, mientras a los esposos les tiraban arroz me quedé con él frente al altar mirando a Jesús y le dije: «Santi, ¿rezamos? Sí, me respondió. Nos arrodillamos juntos y rezamos cada uno lo suyo.

Cuando terminamos le pregunté: ¿Qué le pediste Santi? Primero le di gracias, me dijo – y eso ya me conmovió – porque hoy es el día más feliz de mi vida, hoy se cumplió lo que siempre soñé. Y después le pedí a Jesús que me regale dos hermanitos (es hijo único) una mujer y un varón. ¿Por qué dos? le pregunté. Porque si somos más, vamos a ser más felices entre todos» Una maravilla. Por algo Jesús nos dice que tenemos que hacernos como niños ¿no? Si conociéramos el don de Dios, los dones de Dios que a veces tenemos en nuestras narices, disfrutaríamos más la vida, le pediríamos a Jesús que nos dé de su agua, que nos dé lo esencial, como lo supo pedir este niño.

Mientras tanto… ¿Qué tenemos que hacer nosotros? Escuchar. Algo del evangelio de hoy nos enseña que primero hay que escuchar. No ama el que no escucha y no escucha el que no ama. ¿Cuál es el primero de los mandamientos? le preguntaron a Jesús. “Escuchar para amar” “Amarás, si escuchás”. Es lindo saber que el mandamiento también es una promesa… Amarás, amarás… Vamos a terminar amando, pero si empezamos por escuchar. Escuchar es lo primero que quiere Dios de nosotros, sin escucha no hay posibilidad de amar, no hay amor que prospere.

A veces creo que los cristianos queremos empezar por el final y nos olvidamos del principio. Siempre es bueno empezar por el principio, “crece desde el pie, musiquita, crece desde el pie” dice una canción. Todo crece desde el pie. ¿Cómo pretender que Dios sea todo si no le damos lo primero y principal que es el oído que hace que las palabras lleguen al corazón? ¿Quién se puede enamorar de alguien al que jamás escucha? Por eso es bueno volver a escuchar que el primer mandamiento en realidad, es escuchar. No se puede amar a quien no se escucha. Mirá a tus hijos, a tu marido, a tu mujer, a tus hermanos, miralos y preguntate con sinceridad si es posible amarlos de verdad, si en verdad no los escuchás, si no te tomás el tiempo para saber qué piensan, qué sienten, qué necesitan, sentándote un rato con ellos. Cuando empezamos a escuchar a los que tenemos al lado nos llevamos muchas sorpresas, para bien y a veces para mal. Nos sorprendemos para bien, cuando de golpe descubrimos una riqueza inimaginable en personas que antes no teníamos en cuenta. Nos sorprendemos para mal cuando de golpe nos distanciamos de personas que en realidad no conocíamos bien, porque en el fondo no nos escuchábamos. ¿No será que con Dios nos pasa lo mismo? ¿No será que nos alejamos de Dios porque nos perdemos de escucharlo? ¿No será que nos enamoramos perdidamente de Él cuando nos decidimos a escucharlo?

El amor a Dios brota y crece casi naturalmente cuando se escucha, la escucha es como la lluvia que riega las plantas, porque el escuchar cosas lindas, cosas de Dios, nos purifica el corazón para poder verlo nítidamente y una vez que lo vemos empezamos a amarlo con el todo corazón, con toda el alma, el espíritu y las fuerzas. En cambio, cuando las cosas quieren ser al revés, o sea obligarse a amar a un Dios que no se escucha y no se sabe bien quien es, es casi tan imposible como estar ciego o sordo y querer enamorarse a la distancia de alguien que ni siquiera veo ni escucho.

Empecemos por el principio y el camino será más posible y lindo. Probemos hoy escuchar y que el escuchar nos abra el corazón para amar, a Dios y a los demás, porque en realidad, escuchar ya es empezar a amar.

VII Martes durante el año

VII Martes durante el año

By administrador on 21 febrero, 2023

Marcos 9,30-37

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará.» Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.

Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?.» Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.

Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos.»

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado.»

Palabra del Señor

Comentario

La invitación de Jesús a amar a los enemigos suena bastante dura e imposible de cumplir, sin embargo, es remedio para nuestro corazón necesitado de amor y deseoso de amar. Sería muy pobre una interpretación del texto que escuchamos el domingo únicamente moralista, o sea como un mandato más para cumplir, para que seamos más buenos. Eso no alcanza, de hecho, remontándonos al comienzo del sermón de la montaña no debemos olvidar que Jesús no vino a abolir la ley, sino a darle cumplimiento, a ayudarnos a comprenderla y a vivirla, para experimentar en el corazón la plenitud del amor que nos propone Dios Padre. La ley, solo nos marca el camino, pero no nos da la fuerza para caminar, por lo tanto, quedarnos con el simple “amen a sus enemigos” no nos basta para poder lograrlo. Hay que ir más profundo, eso te propongo, preguntarnos y preguntarte: ¿Por qué Jesús nos pide esto? ¿Por qué Dios Padre le pidió a su Hijo que nos diga esas palabras? Pensemos por unos instantes, si Jesús no nos pide imposibles… ¿Por qué parecen tan imposibles estas invitaciones de Jesús?

Creo yo que en parte porque no las terminamos de comprender. Nada de lo que nos pide Jesús es ajeno a nuestra esencia, es contrario a nuestra naturaleza, por eso debemos descubrir en el fondo de nuestro corazón el porqué es necesario responder al mal con el bien, al odio con amor, a la violencia con paz, a la falta de perdón con perdón. Por la sencilla y profunda razón que fuimos creados por amor y para amar, y todo lo que atenta contra esa necesidad de nuestro ser, nos terminará enfermando o destruyendo, tarde o temprano. Incluso, podríamos decir, que nuestros egoísmos, nuestras broncas, enojos, odios, rencores, deseos de venganza, son el lado opuesto, la otra cara de la moneda de nuestro de deseo de ser amados, que, al no ser saciado, al no sentirse satisfecho, reacciona de un modo inadecuado haciendo lo contrario, pero en realidad, buscando ser amado. Todos podemos amar como Dios nos ama, porque todos somos sus hijos, y porque todos somos hermanos, por eso debemos empezar por reconocer que el amor, incluso hacia el que no es tan bueno, es una necesidad de nuestro corazón, es un grito de auxilio desde el fondo de nuestra alma, que no vive plenamente si tiene algún rencor en el corazón, algún enemigo que destruir.

Ayer no pudimos comentar demasiado, pero recordá que Jesús se metía en medio de una discusión entre sus discípulos y algunos escribas, para después finalmente terminar dialogando casi solo con el padre de este niño endemoniado. Obviamente fue mucho más fecundo el diálogo de Jesús, que la discusión de sus discípulos. Hoy, algo del evangelio escuchamos nuevamente que los discípulos iban discutiendo por el camino, justamente después que Jesús les había abierto su corazón y les había contado que sería entregado y matado en la cruz. ¿Qué contraste no? El contraste entre la actitud de Jesús, que evidentemente no le gustan las discusiones y le gusta el dialogo cara a cara, y los discípulos que no entienden nada todavía, discuten y además discuten por ver quién es el más grande.

Cualquier parecido a nuestra realidad en pura coincidencia, ¿no? Esto no solo pasa en el mundo, en los trabajos, en los colegios, en las universidades, en las familias, pasa en la Iglesia, les pasó a los discípulos también. No entendemos a Jesús mientras Él nos habla y lo que es peor como dice el texto de hoy: “no comprendían esto y temían hacerle preguntas”, no dialogamos, no le preguntamos, no lo escuchamos. Y como no lo escuchamos, escuchamos nuestro corazón y con nuestro corazón lo bueno y no tan bueno, escuchamos nuestras pasiones y lo que nos aleja de los demás. La carta de Santiago dice algo que nos puede ayudar: “Hermanos: ¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros? Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra.” Es la ambición por ser más grandes que los demás lo que nos lleva a pelear y discutir por miles de cosas. Pensá en todas las discusiones de tu vida diaria: ¿por qué discutís con tu mujer, con tu marido, con tus hijos, con tus amigos, con los compañeros de trabajo, con desconocidos? ¿No será porque querés ser más grande teniendo razón? ¿No será que tenemos que aprender a dialogar y no discutir? ¿No será que tenemos que dialogar más con Jesús para aprender a dialogar más con los demás? Lo que está claro, es que a Jesús no le gusta discutir y no le gusta que discutamos, le gusta mucho más escucharnos o bien hacernos sentar y decirnos: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos.»

VII Lunes durante el año

VII Lunes durante el año

By administrador on 20 febrero, 2023

Marcos 9,14-29

Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo.

Él les preguntó: “¿Sobre qué estaban discutiendo?”.

Uno de ellos le dijo: “Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo.

Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron”.

“Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo”. Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.

Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que está así?”. “Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos”. ¡Si puedes…!”, respondió Jesús. “Todo es posible para el que cree”.

Inmediatamente el padre del niño exclamó: “Creo, ayúdame porque tengo poca fe”.

Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más”.

El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: “Está muerto”. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”.

Él les respondió: “Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración”.

Palabra del Señor

Comentario

Qué difíciles parecen a veces algunas palabras de Jesús. Qué difícil es volver a escuchar como en el Evangelio de ayer, que tenemos que amar a nuestros enemigos. Qué difícil es, a veces, cuando en el fondo no profundizamos el mensaje y la Palabra de Dios y nos quedamos justamente en lo superficial, en aquello que a simple vista nos choca y nos duele porque en el fondo nos confronta con nuestra propia debilidad. ¿Amar a los enemigos? ¿Yo puedo amar a mis enemigos, puedo amar a los que me hacen mal, puedo amar a los que en el fondo no siento amar? ¿Es posible amar si no lo siento? Tantas preguntas y cuestiones que surgen del Evangelio de ayer que intentaremos ir desmenuzando a lo largo de esta semana. Pero así nomás, me animo a decirte hoy que sin el amor de Jesús obviamente no podemos amar como Él ama. En realidad, Él nos ama para que amemos. Él nos da su amor para que podamos hacer lo que parece imposible. Porque nada es imposible para Dios. Nada es imposible para el que tiene fe, para el que confía en que Él está. Él nos da la fuerza para poder amar así.

Hace unos días me contaban una anécdota tan linda de una pequeña que va al Santísimo, a la adoración, junto con su abuela y de golpe ella se encontraba hablando con Jesús. Ella le hablaba a Jesús cara a cara, con sencillez y en voz alta. La abuela le dijo: “shhh, tienes que hacer silencio”. La pequeña le decía: “abuela no hagas así, si acá no hay nadie que tenga que dormir”, pensando que lo que estaba buscando era hacerla dormir. Ella le seguía hablando a Jesús: “Él me mira por ese ojo grande que tiene” le decía también, refiriéndose a la Eucaristía, a la hostia consagrada, que es la custodia. La miraba, la amaba, le daba su amor a esa pequeña que en su pequeñez pero maravillosa comprensión del misterio que tenía en sus narices, lo expresaba de esa manera. “Me mira por ese ojo grande”. Y la verdad es así. Él nos mira así. Es un gran ojo que está observándonos con amor continuamente, la Eucaristía, pero también, todo lo que hacemos. Y no un ojo que nos mira para juzgarnos, para decir mira que Yo estoy acá para decirte lo que tenés que hacer, sino que en realidad te está diciendo, mirá que Yo te estoy mirando; mirá que Yo te miro con amor; mirá que es posible amar así; mirá que podés amar a tus enemigos; mira no tires la toalla, no pienses que todo es lo mismo. No pienses que da lo mismo amar o no amar. No pienses que tenés que ser como los del mundo que aman así no más. Nosotros estamos para cosas más grandes, pero no porque somos mejores sino porque nos damos cuenta que Él nos mira, con ese ojo grande como lo sentía esta pequeña.

Algo del Evangelio de hoy es una maravilla, imposible de comentar en dos minutos, como tantos evangelios que son tan ricos. Me da pena solo tomar algo, pero bueno, como me decía un sacerdote: “No te preocupes si hoy no podés decir todo, otro día, otro año, podrás decir algo más”. Son varias las personas, varias las situaciones de esta escena, por eso te dejo “picando” algunas cuestiones para que puedas pensarlas y rezar por tu cuenta.

Jesús llega en medio de una discusión: Escribas vs. Discípulos. Cuasi partido de futbol. Mientras tanto, la “pelota”, el problema, está en otro lado y no lo solucionan. El niño está endemoniado (mientras ellos discuten). El niño tiene un problema, desde su infancia, y mientras tanto los otros discuten. Las discusiones, en general, no solucionan los problemas. Los agrandan. Discutir para ver quién tiene razón no lleva a nada. En realidad, deberíamos poder dialogar para encontrar soluciones.

Por otro lado, el padre del niño no tiene suficiente fe, pero lo lindo es que es sincero, se da cuenta y lo reconoce. Qué lindo que vos y yo podamos decir; Señor la verdad que no tengo tanta fe, a veces me cuesta creer. Su forma de hablar es la de un hombre con poca fe: “Si puedes…”. ¿Cómo si puedes? El que cree, jamás duda de que Dios puede lograr algo, aunque pueda pensar que si es o no lo que Dios quiere. Por eso, este hombre terminó diciendo con todo su corazón: “Creo, ayúdame porque tengo poca fe”. Creo, pero ayúdame. ¿Es lindo no? “Creo, pero ayúdame, ayúdame a creer más, a creer que podes siempre. Lo que pasa es que tenés que querer, tiene que ser Tu voluntad, no la mía”. Dios puede todo, pero no quiere todo lo mismo que nosotros y es bueno reconocerlo.

Jesús puede todo, pero no quiere todo lo mismo que nosotros, no somos su padre, somos sus hermanos y no decidimos la voluntad de Dios. Por eso necesitamos de la oración para “ganarle” a estos demonios que nos atormentan y atormentan a otros, a tantas personas alejadas de Dios y que queremos acercarnos. Necesitamos hablar con nuestro Padre. Necesitamos escuchar su Palabra, no podemos vivir sin escucharlo. No podemos “echar” de otros y de nosotros, las cosas que nos hacen mal porque andamos discutiendo, porque perdemos el tiempo en cosas que no hacen a la fe, sino a nuestros egos, y mientras tanto, vamos perdiendo la fe, vamos debilitando nuestra fe. Hay cosas en la vida, te diría que casi todo, se solucionan con más fe y la fe se alimenta con más oración y con más escucha.