Topic: Mateo

Fiesta de San Mateo

Fiesta de San Mateo

By administrador on 21 septiembre, 2022

Mateo 9, 9-13

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?».

Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

Palabra del Señor

Comentario

Qué lindo es, seguir día a día, dejar «empaparnos» por las palabras de Dios que brotan por todos lados, pero especialmente de la Biblia, lugar privilegiado para el encuentro con su voz, con su dulce voz que nos habla al corazón, como, por ejemplo, con el salmo 118 que es un canto a la ley de Dios, a la palabra que nace del corazón de Dios; En un versículo dice así: “Mis ojos se consumen por tu palabra, ¿cuándo me consolarás?”

Es algo así como un «reclamo» a Dios, sí escuchaste bien; una queja que surge incluso de la misma Palabra. ¿Cuántas veces nos sentimos así?

Por ahí vos ahora no estás necesitando consuelo porque no te está pasando nada; pero por ahí otro sí, algún familiar, algún amigo o tantas personas que necesitan ser consoladas. O al contrario, por ahí vos que estás escuchando estas palabras y si necesitás ser consolado… porque estás enfermo, porque la estás pasando mal, porque estás cansado, agobiado, porque no tenés ganas ni de arrancar este día, porque no andas bien, porque muchas veces te sentís solo o sola y podrías pensar o decirle a Dios: «Me consumo por tu palabra, hago de todo para escucharte, por ser fiel, por intentar ser buena persona; y a veces no encuentro consuelo, el consuelo no llega»…

¿Cuándo me consolarás? Decile esto a Dios; no tengas miedo de reprocharle a Dios con amor y humildad, es lógico, es un sentimiento muy humano, mirá al cielo, mirá una imagen y decile a tu Padre, a Jesús o a María: «¿Cuándo me vas a consolar?».

Hoy celebramos la Fiesta de san Mateo, este hombre llamado por Jesús mientras trabajaba como recaudador de impuestos y traicionaba a su pueblo; pero que finalmente se convirtió en apóstol, en escritor y autor de uno de los Evangelios. ¿Qué locura no? Solo Jesús puede hacer eso.
Quería dejarte hoy tres cosas para meditar con Algo del Evangelio, para que vayas rumiando durante este día mientras el mundo sigue su curso.
Quiero destacar tres actitudes de Jesús de esta escena, tan cortita, pero profunda:

Primero: Jesús ve.

Dice el Evangelio que Jesús vio a un hombre, ve a Mateo en su trabajo –aunque era un trabajo indigno–, lo ve mientras él trabajaba.… Igual que a nosotros, nos ve sentados en la mesa de nuestras vidas, en donde estamos cómodos a veces haciendo «la nuestra» cobrándole cosas a los demás. Jesús mira nuestra vida de un modo distinto. No le interesa tanto lo que hacemos, sino más bien lo que somos. Lo que le interesa es mirarnos y llamarnos para que nos demos cuenta, que no podemos pasarnos la vida «sentados» en la mesa de nuestra mezquindad, de nuestro egoísmo, viendo la vida detrás de un escritorio, recibiendo a los demás con distancia, poniendo barreras. Es la imagen del egoísmo, de la búsqueda de nuestra propia «realización», pero no una realización que mira a los demás.

Bueno… pero Jesús llamó a Mateo; Jesús nos llama, no solo nos mira.

Lo segundo es eso, es que Jesús se mete en la vida de Mateo.

Se mete en nuestra vida, en la tuya y la mía, se mete en nuestro corazón. Se mete y arma un lindo desparramo, se mete en nuestra casa y termina comiendo con todos, incluso con los que nadie quería comer –con los publicanos y los pecadores–, Jesús transforma otras vidas a través de la nuestra, a través de la tuya, cuando respondes a su llamado; porque los demás ven algo «distinto». Por eso, si tu vida sigue igual o a partir de tu vida nadie se acercó a Jesús; es para que nos preguntemos si realmente Jesús está en nuestra vida. Si a través de nuestra vida, de nuestro llamado, de que Jesús esté con nosotros, nadie se acercó a Jesús; es para que nos preguntemos si Jesús verdaderamente está o no en nuestra vida repartiendo misericordia.

Y tercero: Jesús vino por los enfermos, o sea por todos, por los que se sienten enfermos y por los que no se dan cuenta que están enfermos.

¿Vos creías que eras santo? ¿Creías que a vos te llamó porque sos bueno? Al contrario; Jesús nos llamó para sanarnos, para purificarnos y si te animas a sentarte a la mesa con el reconociendo lo que sos, nunca te va a dejar solo, siempre va a haber alguien a tu alrededor, nunca vas a estar solo.

Por eso, no te consideres santo, sano; pedí ser sanado. Por eso, no tengas prejuicios; Jesús vino a sanar a todos y se vino a sentar a la mesa con todos, cada uno de nosotros ha sido llamado para recibir las enseñanzas de Jesús y para que aprendamos la clave del Evangelio de hoy: lo que significa «Misericordia». Jesús quiere misericordia para tu vida y para los demás. Tan difícil y maravilloso como eso.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

Fiesta de la Natividad de la Virgen María

Fiesta de la Natividad de la Virgen María

By administrador on 8 septiembre, 2022

Mateo 1, 1-16. 18-23

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David.

David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».

Palabra del Señor

Comentario

Entiendo, me imagino, me imagino tu cara o lo que estarás pensando con semejante Evangelio que para nosotros es un poco extraño. Tantos nombres, ¿para qué tantos nombres? ¿Qué sentido tiene escuchar este Evangelio de hoy? en el cual la verdad que no entendemos mucho y, además, hasta se hace medio pensado, cansador ¿Por qué la Iglesia quiere leer este Evangelio en este día, día de la Natividad de nuestra Madre del cielo? En esta fiesta de hoy existe también la opción de leer un evangelio más corto, en realidad la última parte del que acabo de leer -cortarlo un poquito-. Pero elegí leer el más completo porque pienso que, aunque al principio no entendamos tanto, «algo» siempre nos va a dejar si lo explicamos un poco. Me prometí al inicio de este camino de predicación a través de estos audios nunca dejar de leer el Evangelio -incluso me acuerdo que pensé en este Evangelio- y no solo no dejar de leerlo porque me parece que la palabra de Dios tiene que brillar siempre, y cada uno tiene que tomar su Biblia y hacer su camino.

Me acuerdo que también me dije: «Aunque sea el más difícil de explicar, el más aburrido, incluso que no dice nada para estos tiempos, también lo voy a leer». Porque siempre la Palabra de Dios nos puede decir algo y además, al mismo predicador, esforzarse por entender y explicarlo, también le ayuda. La Palabra de Dios no está escrita en vano. Por alguna razón, Dios en su Espíritu y por medio de los escritores sagrados quiso que quede este texto para siempre. Confío más en su Palabra siempre que en mi comentario. Algo nos tiene que decir. Algo del Evangelio siempre nos deja algo, valga la redundancia. No nos podemos rendirnos tan rápido y aunque me quede menos tiempo para comentar haré lo posible para ayudarte a meditar.

A veces -freno un poco-, a veces ponemos tanto énfasis en ciertas cosas que nos gustan, investigamos, ahondamos. Pero con la Palabra de Dios no hacemos siempre lo mismo. Imaginate que ante cada texto hagamos un esfuerzo grande por comprenderlo, ¡cuánto bien nos haría!

Bueno, entre tantas cosas que se pueden analizar de este texto quiero dejarte simplemente dos detalles de esta llamada «genealogía de Jesús» que acabamos de escuchar, que nos ayudarán a pensar, de algún modo, cómo piensa Dios, que es muy diferente a nosotros por supuesto.  ¿Cómo pensó esta historia de salvación tan maravillosa que llega hasta nuestros días, hasta nuestro corazón? En esta larga lista de nombres aparecen, por un lado, dos varones provenientes, uno- fíjate-, de un incesto y otro, de un adulterio. Y, por otro lado, cuatro mujeres, algo extraño para esa época -hoy estamos acostumbrados, pero no se las nombraba-, con historias incluso no muy lindas, no muy felices, no muy santas. También extranjeras, tres de ellas; que para los hebreos era una gran infidelidad el matrimonio con extranjeros, porque se rompía ese mandato de Dios de que no se crucen o entremezclen con los paganos. Y, lo que es peor, además tres de ellas consideradas pecadoras: Tamar, Rajab, Betsabé. Y solo Ruth se distingue de algún modo por su pureza.

Bueno, ¿qué quiere decir todo esto? No te aburras. Quiere decir que Jesús entró en la raza humana, en nuestra historia, tal y como es la raza humana, con todo lo bueno y lo malo. No con unos buenos y otros malos: con todo lo bueno y lo malo que hay en la humanidad y en nuestro corazón. En la historia de la salvación no se ocultan los pecados. Fíjate ese detalle. No se ocultan los pecadores. Se perdonan, se perdonan. Jesús puso una puerta de pureza total en el penúltimo escalón- digamos así-, su madre Inmaculada. Él quiso pasar finalmente, después de tanta historia de pecado y santidad, pasar por una puerta totalmente santa y pura. Pero aceptó, al mismo tiempo, en todo el resto de sus antepasados la realidad humana total que él venía a salvar. Dios, que escribe derecho en  «líneas torcidas», entró también por caminos torcidos, por los caminos de la humanidad -no por otros-.

Cuesta creer a veces que nuestro buen Jesús se haya hecho hombre realmente y que no esquivó nada de lo que eso significa.

La Virgen Santísima en este día, el día de su Natividad- su cumpleaños, digamos-, es el último eslabón al que Jesús quiso unirse para purificar al género humano. Y por eso tenía que ser pura, totalmente pura. Hoy recordamos el día que nació. Ella ya está en la eternidad, ya no vive en el tiempo. Recordamos que nació para ser la «puerta purísima»- como dice esa linda jaculatoria- que nos trajo el Salvador y viene a meterse en nuestra historia. No para ocultar nuestros pecados pasados, para meterlos debajo de la alfombra, para esconder las impurezas (esas cosas que queremos que nadie sepa de nuestra historia); sino todo lo contrario, para redimir esa impureza  sin ocultarla, para sanar el pecado sin negarlo.

Aprovechemos este día para dejar que nuestro Maestro se meta en nuestra vida de algún modo y purifique lo que tenga que purificar, lo que tenga que sanar. Todos lo necesitamos. Que María hoy sea esa puerta de pureza que se abra para que Jesús llegue a nuestra vida una vez más, una y mil veces más. Porque te necesitamos, Señor de la historia.

XXII Martes durante el año

XXII Martes durante el año

By administrador on 30 agosto, 2022

Mateo 13, 44-46

Jesús dijo a la multitud:

«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró».

Palabra del Señor

Comentario

¡Cada tanto es bueno levantarnos el ánimo mutuamente! La vida es así, andamos a veces a los tumbos, con caídas y levantadas, con alegrías y tristezas. Cuando uno anda cabizbajo el otro está un poco mejor, cuando uno anda un poco mejor siempre hay alguien que necesita de mi consuelo. La Palabra de Dios se transforma en nuestra vida en fuente de consuelo, consuelo recibido gratuitamente y consuelo que busca consolar a otro. ¡Qué lindo que es cuando descubrimos que podemos consolar a otros, aún cuando estamos desconsolados! No hay que esperar estar bien para hacer bien a otros. Sí, es un misterio, pero es así. Te voy a leer unas palabras del apóstol San pablo que lo dice mejor que nadie, unas palabras que siempre, desde que entré al seminario resonaron de una manera distinta en mi vida y que en estos días de retiro volvieron a aparecer muy fuertemente. Sé que te van a hacer bien, sé que alguien que está escuchando esto le ayudará y si te ayudan a vos, animate a mandárselas a alguien que creas que necesita ser consolado. Imaginate el bien que podemos hacer con un «clic», con el solo hecho de apoyar un dedo y quitarnos los miedos y el respeto humano por lo que pensarán, hay miles de personas hoy que necesitan ser consoladas, que andan por la vida como sin alma y sin corazón. Escuchá estas palabras:

«Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios. Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo» (2Cor. 1, 3-5) Por medio de Jesús nos viene el consuelo en medio de las tribulaciones, de los problemas, de los sufrimientos de cada día, de los dolores. El Padre de las misericordias es el Padre del consuelo. Este texto daría para cien udios ininterrumpidos, pero solo quiero dejarte estas palabras para que las medites un poco si te ayudan. No desesperes, no «tires la toalla» Dios consuela siempre para que podamos consolar, Dios nos consuela también en la medida que salimos de nosotros mismos y nos animamos a seguir buscando el «tesoro» y la «perla» más linda de nuestra vida.

Eso hicieron los santos, de carne y hueso como vos y yo. ¿Vos te pensás que los santos no tuvieron tribulaciones y dificultades? ¿Vos te pensás que Santa Rosa de Lima no tuvo sufrimientos y dolores? ¿Vos te pensás que los santos no lloraron y se entristecieron? ¿Vos te imaginás a Santa Rosa «viviendo en una nube» o te imaginás a una Santa Rosa luchando día a día para cuidar ese tesoro y esa perla que es Jesús en nuestra vida? ¿Vos crees que la santidad es una cosa rara para algunos locos que se les ocurrió hacer el bien o en realidad es un don para todos los que se dan cuenta que estamos hecho de barro pero para cosas más grandes? ¿Vos pensás estar toda la vida esperando hacer grandes cosas o preferís hoy empezar a darte cuenta que la clave está en hacer lo mejor que podemos y con amor, lo que Dios nos conceda cada día? El que encuentra a Jesús, el tesoro, lo más valioso del mundo, el que encuentra a Jesús, la perla más bella que existe, hace todo por cuidarlo y cuidarla. El amor de Jesús hay que cuidarlo, por eso el hombre y la mujer, vos y yo, aquellos que lo encuentran, venden todo para comprarlo, no importa, cueste lo que cueste siempre vale más nuestra vida espiritual, nuestra vida cercana a Jesús que todas las riquezas de este mundo y que todos los amores del mundo.

Los santos no fueron personas raras, Santa Rosa de Lima no fue rara, fueron personas que se jugaron en serio -algo que nosotros a veces no terminamos de hacer- y mientras se jugaron, se equivocaron como todos, pecaron como todos, pero al mismo tiempo se convencieron de algo, de que nada vale más que la vida de comunión con Jesús, el trato con Él día a día con su palabra, en la oración, el amor hacia los demás, los sacramentos y el luchar día a día para amar desinteresamente y dejar de mirarnos el ombligo esperando que otros nos consuelen. ¿Querés que te consuelen? Consolá a otros. ¿Querés ser santo o santa? No dejes de buscar y buscar el tesoro y la perla que nos dan la verdadera alegría que todos necesitamos.

XXI Sábado durante el año

XXI Sábado durante el año

By administrador on 27 agosto, 2022

Mateo 25, 14-30

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.

En seguida, el que había recibido cinco talentos fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos ganó otros dos, pero el que recibió uno solo hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. «Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos aquí: están los otros cinco que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor».

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: «Señor, me has confiado dos talentos: aquí están, los otros dos que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor».

Llegó luego el que había recibido un solo talento. «Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!». Pero el señor le respondió: «Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes»

Palabra del Señor

Comentario

Un sábado más que nos regala el Señor para disfrutar de su Palabra, de nuestra familia y un poco de descanso, si nos toca, y para que nos tomemos un tiempo más para estar con él. No nos olvidemos que él nos creó, que él nos crea y nos da todo y nos dará todo lo que necesitamos para poder seguirlo y amarlo. Hagamos este esfuerzo en este día que nos hace muy bien a todos. «¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros creemos que eres el Santo De Dios», le dijo Pedro a Jesús en el Evangelio del domingo, le dijo Pedro a Jesús ese día, después de que el mismo Maestro les había dicho: «¿Ustedes también quieren irse?». Jesús los puso a prueba como a veces nos pone a prueba a nosotros, a vos y a mí, y nos dice: ¿Vos qué querés hacer? ¿Qué querés hacer después de estar conmigo?

Después de escucharme, ¿qué te parecen mis palabras? ¿Preferís irte a otro lado o preferís buscar tus propios ídolos? ¿Preferís armar tu fe a tu medida, a la carta? ¿Preferís crearte un Dios a tu medida, olvidándote que soy yo el que te da la forma a tu corazón, el que te marca el camino? ¿Preferís buscar otras religiones? ¿Preferís buscar otras espiritualidades que están vacías, que solo prometen bienestar, pero no nos sacan de nosotros mismos?¿Qué preferís?, ¿vos también querés irte?

Este sábado volvamos a escuchar que Jesús nos pone a prueba. ¿Vos también querés irte? ¿Qué querés hacer? ¡Decidite, decidite una vez por todas a seguirme!, pero a seguirme en serio. No puedes estar a medias, o estás conmigo o estás contra mí.

En Algo del Evangelio de hoy, el Reino dice que «es como un hombre que al salir de viaje llamó a sus servidores y les confió sus bienes». Nosotros somos los servidores, Dios Padre es el dueño de los bienes, eso está muy claro. Los bienes que nos dejó no son nuestros y están simbolizados en los «talentos», que era una unidad de moneda de la época. No te imagines los talentos como algo puramente material o simplemente como nuestras capacidades humanas, nuestras destrezas, nuestras habilidades; la Palabra de Dios va mucho más allá de eso. Podemos pensar que los talentos son esos bienes de Dios que nos comparte, porque él vino a darse a nosotros y a hacernos partícipes de su propia vida. Esos «talentos» son el corazón de Dios que se abrió de par en par para darnos todo su amor. Esos «talentos» podrían ser la caridad, el perdón, la misericordia, la capacidad de vincularnos con él, de rezar, por ejemplo. Y de ahí podemos ver algunos detalles de este texto.

Primer detalle: Los bienes espirituales que Dios nos dio son para que vivamos en relación con él y podamos «ayudarlo» a hacer presente el Reino entre los demás, pero son de él, y serán para devolvérselos un día a él. Nada en nuestro. Dice san Pablo: «¿Qué tienes que no hayas recibido?». Por eso no vivamos como si los «talentos» fueran nuestros. Reconozcamos los dones recibidos para poder vivir agradecidos y descubriendo que todo lo bueno que hacemos es gracias a lo que Dios nos dio.

Segundo detalle: «Le dio a cada uno según su capacidad». Nadie es más que el otro. Nadie tiene más que el otro. Dios se encargó de darle a cada uno lo necesario para poder vivir en relación con él; le dio a cada uno según su capacidad y no a la medida humana. No nos comparemos, no tiene sentido ver las cosas como en realidad Dios no las mira. No es más el que recibió cinco, que el que recibió uno. Recibió cada uno según su capacidad. No es menos el que recibe uno, ya lo dije. No midamos con medida humana. El problema no está ahí. Lo importante está en qué hace cada uno con el don. Todos tenemos todo lo que podemos tener y está en nosotros mirar para afuera o mirar para adentro en nuestro corazón.

Tercer detalle: Hay servidores buenos y fieles y un servidor malo y perezoso.

¿Cuál somos? ¿De los que se creen que es posible perdonar, ser misericordioso y amar como el Padre nos enseña, dando todo lo que tenemos y que a veces está muy escondido, o el perezoso que entierra todo por creer que Dios exige más de lo que da y finalmente no cree que para Dios o con Dios todo es posible? Cuando llegue el final de nuestras vidas, Jesús nos esperará para abrazarnos con amor, pero para poder abrazarlo nosotros tendremos que entregarle los frutos de amor que llevamos en las manos, en el corazón, los frutos de misericordia y de perdón que él nos confió.

No es para tenerle miedo, es para confiar y empezar a probar que es posible duplicar los talentos que todos recibimos.

XXI Viernes durante el año

XXI Viernes durante el año

By administrador on 26 agosto, 2022

Mateo 25, 1-13

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: «Ya viene el esposo, salgan a su encuentro».

Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: «¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?» Pero estas les respondieron: «No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado».

Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: «Señor, señor, ábrenos», pero él respondió: «Les aseguro que no las conozco».

Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

Palabra del Señor

Comentario

Nosotros no queremos irnos, no queremos otro lugar que ir al Corazón de Jesús, porque sólo Él nos da palabras de Vida eterna. En realidad, esto lo decimos muchas veces, pero lo fundamental es que debemos vivirlo. Debemos experimentar que sin Jesús todo es distinto. Si esto no te pasa, es porque estás un poco acostumbrado, es porque la fe en tu vida no te aporta nada. Pero no es por culpa de la fe, sino porque todavía no hicimos la verdadera experiencia de conocer a Jesús corazón a corazón. Dios obra por atracción y desea que lo busquemos con amor y por amor.

Una vez alguien me dijo : «Padre, usted en la misa del domingo nos dijo que pensemos quién era Jesús para nosotros. ¿Puedo decirle quién es para mí?». «Si»le dije. «Para mí, Jesús es mi único Salvador, mi único Maestro». ¡Qué lindo!, ¿no? «¿Vio qué lindo?», me terminó diciendo, como necesitando que le afirme su afirmación. «Sí, muy lindo», le dije. La verdad es que es muy lindo que alguien diga esto frente a otros en una reunión. Que lo diga con tanta frescura y amor, sintiendo verdaderamente lo que dice y no teniendo vergüenza por lo que siente. Vos pensaras: Y bueno…, en un ambiente en iglesia es fácil. Y, sí, es verdad, puede ser, pero hay que decirlo también. Además no dijo es mi salvador y mi maestro, sino que dijo una palabra muy importante, «mi único».

Hay muchos que se creen los salvadores de nuestras vidas, muchos que se hacen los maestros, pero para los que tenemos fe solo hay un Salvador y un Maestro, solo hay un lugar donde encontramos Vida eterna: es Jesús. Eso es tener fe. Sabiendo y creyendo esto, ¿qué nos puede quitar la fe? ¿A dónde vamos a ir? ¿Quién nos puede quitar la fe?, así lo dice San Pablo: «¿Quién podrá entonces apartarnos, separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?». Si perdemos la fe, si se enfría, es por falta de amor, por falta de perseverancia, de oración, por recurrir a otras cosas que nos hacen perder el tiempo, por olvidarnos de esta verdad tan linda. Mi único Salvador, mi único Maestro: «Tú tienes palabras de Vida eterna». Volvamos a decirlo con todo el corazón. Volvamos a repetir estas palabras de Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios»

¿Sabes qué es lo que nos ayuda a mantener la fe hasta el final? Algo del Evangelio hoy nos orienta y nos da una buena pista: el ser prudente, el estar preparados. El tonto, finalmente, el sonso, el necio pierde la fe, la pierden por tontos, la perdemos por tontos, por quedarnos sin combustible en el camino, por no haber previsto que se puede acabar. El que no está prevenido, es el que no «guarda» el aceite que le ayudará a tener luz, mientras se demora Jesús y se pierde la fe. Las vírgenes necias van en el momento más importante de sus vidas. Si no llevan aceite, no se preparan, no son precavidas, no tienen en cuenta que el esposo puede demorarse, confían en su criterio y se pierden lo mejor, se quedan en la puerta.

Podemos perder la fe y perdernos de ver a Jesús por haber pecado, de demasiada confianza en nosotros mismos y pensar que podíamos solos. Me parece que el aceite de la lámpara que nos llevan estas vírgenes simboliza que no nos damos la luz a nosotros mismos, que para iluminar necesitamos de otros, del amor de otros, del amor de Jesús que nos llega por medio de los demás. Ese es nuestro mejor combustible, lo que nos hace andar. No hay otra. Cuando nos la creímos, cuando pensamos que teníamos combustible para mucho más y nos pasamos de largo en la estación de servicio –donde se carga combustible–, creyendo que llegábamos, nos quedamos a mitad de camino. Nos quedamos por el camino, nos quedamos a la puerta de la felicidad, «solos». Nos quedamos por el camino cuando nos convencemos a nosotros mismos que la felicidad, la fe y el amor depende exclusivamente de nuestras «reservas». Esa es nuestra gran necedad, nuestra gran estupidez, nuestra gran «soncera».

Mientras estemos en la tierra, siempre habrá tiempo de pedir un poco de aceite a los otros para seguir iluminando, y está bien, eso es lindo, pero al final de nuestra vida ya no habrá tiempo. Es cosa seria la llegada de Jesús al final de los tiempos, aunque no sepamos cuándo es, es cosa seria. No es para andar jugando con la misericordia. La llegada de Jesús, cuando nos toque partir es cosa seria. Hay que tomarse en serio la vida de fe. No se puede andar esquivando siempre el esfuerzo, especulando con el amor y después pretender que los otros me den lo que yo mismo podría haber conseguido por mis propios medios.

Estamos en el tiempo de la misericordia, pero no sabemos cuándo se acabará. Por eso, mientras tanto, hay que ser inteligentes, prudentes y saber que Jesús es nuestro único Salvador y Maestro. No somos salvadores y maestro de nosotros mismos para creer que podemos solos. No seamos tontos, no seamos necios. Busquemos el aceite del amor en otros que necesitamos y también, por supuesto, busquemos el amor de Jesús, que es lo único que nos da la fuerza para caminar.

XXI Jueves durante el año

XXI Jueves durante el año

By administrador on 25 agosto, 2022

Mateo 24, 42-51

Jesús habló diciendo:

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: «Mi señor tardará», y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Palabra del Señor

Comentario

¿Cuántas veces hemos acudido a lugares, a situaciones, a personas, a espiritualidades que en el fondo nos dejaron vacíos? ¿Cuántas veces fuimos y recurrimos a soluciones que parecían mágicas y rápidas y, sin embargo, nos dejaron con el corazón lleno de angustia? Por eso, una vez más, queremos decirte: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna».

Nosotros creemos. Nosotros creemos que son tus «palabras» las que nos dan la verdadera paz, que son tus palabras las que iluminan nuestro camino, que son tus palabras las que nos consuelan, que son tus palabras las que nos calman el corazón, que son tus palabras las que nos perdonan, que son tus palabras una y otra vez que nos levantan cuando nos caemos. Por eso, una vez más, «Señor, ¿a quién iremos? Perdón por haber ido tantas veces a lugares y situaciones que nos dejaron con las manos vacías, porque equivocamos el camino. El hambre y la sed de amor, el hambre y la sed de paz y de felicidad nos hacen tomar muchas veces decisiones equivocadas. Por eso, sólo con tu «Palabra » podemos aprender a discernir qué es lo que tenemos que hacer, cómo tenemos que obrar en cada instante.

Por eso tu «Palabra » es la que ayuda a conformar nuestra voluntad a la tuya, sí en definitiva es lo que pedimos cada vez que rezamos la oración que nos enseñaste, Jesús: «…que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo…». Eso es lo que queremos. Eso es lo que deseo pedirte hoy, Jesús, que me ayudes a, –como Pedro–, decirte con todo el corazón: «¿A quién voy a ir, Señor?». Perdón por haberme equivocado tantas veces, pero una vez más vuelvo con el corazón entre mis manos para entregártelo y decirte: solo quiero ir hacia vos, mi Señor, para que yo haga siempre lo que Vos deseas de mí.

Yendo Algo del Evangelio de hoy: «Ser prevenidos», tenemos que decir que no es ser temerosos. Ser prevenidos no es estar ansiosos por lo que vendrá, solamente. Ser prevenidos no es ser desconfiados y dudar de todo. Ser prevenidos es estar preparados para la venida. «Pre-venidos», de ahí viene «esperar la venida». Por eso el Evangelio de hoy nos previene, también. Nos previene para que seamos prevenidos, valga la redundancia.

Son muchísimas las cosas que nos preocupan en estos días y nos quitan el sueño y los pensamientos también cada día. Son muchísimas las situaciones que en cualquier momento nos hacen perder la paz y la tranquilidad que nos da la fe. ¿Por qué será? ¿Por qué perdemos los estribos con tanta facilidad? ¿Por qué se nos nubla el horizonte qué hasta ayer teníamos tan claro y, de golpe vemos todo negro, todo nublado y parece ser que el sol no está? Bueno, puede haber muchas respuestas. Una de ellas puede tener, con lo que hablábamos al principio sobre recurrir a situaciones que no nos dan paz porque equivocamos el camino, porque somos arrebatados, porque no sabemos decidir. Somos humanos, débiles y no siempre estamos como queremos estar y somos lo que queremos ser. Muchas cosas también se deben a situaciones que están ajenas a nosotros y nos perturban, pero también muchas tienen que ver con nosotros mismos, tienen que ver con nuestra falta de fidelidad y previsión, con nuestra falta de confianza. ¿Cómo? ¿Cuál es entonces el servidor fiel y previsor a quien el Señor ha puesto al frente en su personal para distribuir el alimento en el momento oportuno?

Somos servidores de los demás, dice la Palabra, y cuando nos olvidamos de esta Verdad, perdemos el eje, perdemos el centro y no experimentamos de que a Jesús se le encuentra en el amor concreto de cada día y Él nos vendrá a buscar a la hora menos pensada y quiere encontrarnos no haciendo otra cosa que sirviendo, que amando. De ahí esta frase tan linda de la Madre Teresa: «¿Quién no vive para servir, no sirve para vivir?», decía ella. En definitiva, estar prevenidos quiere decir estar listos siempre para amar. Amar ahora, no esperar otra cosa. «Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo». Ese es nuestro trabajo, esa debe ser nuestra gran preocupación u ocupación.

XXI Martes durante el año

XXI Martes durante el año

By administrador on 23 agosto, 2022

Mateo 23, 23-26

Jesús habló diciendo:

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: ¡la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno! ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

Palabra del Señor

Comentario

Por más que Jesús se haya encargado durante toda su vida de mostrar y enseñar que Dios es Padre, y además es misericordiosamente justo, no todos lo entendieron, ni antes, ni ahora y no siempre lo entenderán. Me refiero a que detrás de la pregunta de esa persona que se le acercó preguntando si «era verdad que son pocos los que se salvan», evidentemente había un prejuicio, una mala comprensión de la fe, ya sea por lo que había recibido por tradición de Israel, o por lo que escuchaba que decían que decía Jesús. Sin embargo, Jesús no le respondió ni que sí, ni que no, sino que lo invitó a pensar y a plantearse las cosas en serio, en profundidad, como siempre. La clave de la respuesta está en el final del evangelio: «Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos». ¿Por qué le habrá contestado eso?

¿Habrá sido porque esta persona se creía que estaba en el grupo de los salvados? O ¿Sería porque tenía una imagen de un Dios muy exigente y poco misericordioso? Si Jesús le contestó eso, podríamos conjeturar que algo especial le quería decir, a él y otros tantos, a nosotros también. Muchas veces la religiosidad, los hombres y mujeres religiosos, son los que más peligro tienen de creerse «los primeros» y olvidarse de que Dios Padre quiere que «todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad», de otro modo no podría ser Padre, no podría ser el Dios que vino a mostrar y predicar Jesús.

En Algo del Evangelio de hoy seguimos escuchando los reproches de Jesús a los fariseos. El «fariseísmo» es el gran mal del corazón de los hombres religiosos, y con esto no me refiero únicamente a los sacerdotes y a los consagrados –aunque por supuesto que es más grave cuando se da en nosotros–, sino a todo hombre que se jacta de tener fe y de creer en un Dios que es amor, tal como lo creemos nosotros los cristianos.

Hoy te propongo que pensemos en el por que muchas veces hacemos ciertas cosas; por que nos mentimos y mentimos a los demás, o si querés podemos decirlo de otra manera; nos falta verdad o nos alejamos de la verdad, que nos libera, cuando desde un pensamiento engañoso generamos palabras o frases falsas y actuamos muchas veces hipócritamente, incluso sin darnos cuenta, o bien, al revés; una acción que realizamos que está carente de verdad nos lleva a tener que justificarla con palabras falsas que hace que terminemos engañándonos y justificándonos a nosotros mismos, ¿Cuántas veces hacemos esto?

Vuelvo a decirte y vuelvo a decirme: Jesús rechaza la mentira no solo porque quiere la verdad, así en abstracto, sino porque Él es la verdad y la verdad nos hace libres, y la mentira nos hace mal, nos esclaviza. El ser veraces nos ayuda a dejar de esclavizarnos por la hipocresía. Qué difícil que es vivir en la verdad; nos da miedo mostrarnos como somos, nos da miedo mostrarnos débiles, frágiles, nos da miedo reconocer que nos equivocamos, por orgullo, y, además, porque estamos presionados por un deseo desenfrenado de ser «perfectos», intachables, exitosos, aplaudidos, nosotros mismos nos presionamos por ser cuasi perfectos; y eso es una perfección engañosa. Y a esto debemos sumarle que el mundo aplaude al supuestamente exitoso y se ríe del mal llamado fracasado, entonces vivimos más presionados todavía.

Bueno, hoy vemos que los fariseos encarnan esta manera de vivir falsa e hipócrita, ¿qué hace un fariseo? Dos cosas: descuida lo esencial y se preocupa por lo externo, por lo superficial. Descuida lo esencial, descuida la justicia, la misericordia, la fidelidad; «busca filtrar el mosquito» –que está en lo accesorio– y «se traga el camello de lo esencial».

Por eso somos fariseos cuando criticamos y vemos los pecados ajenos y nosotros no podemos ni con nuestros propios pecados y debilidades que muchas veces son más grandes que los de los demás. También somos fariseos cuando estamos preocupados y criticamos por cómo se hace esto o aquello, acá o allá pensando que nuestra forma es la mejor y no amamos en lo concreto, como cuando vemos a un pobre y no tenemos caridad. Dice Jesús que hay que practicar esto sin descuidar aquello, lo accesorio y los detalles; no es que no sea importante, pero lo más importante es otra cosa, lo esencial.

Y la segunda característica del fariseo es que se preocupa por lo externo, lo superficial, que no es lo más importante.Todos creen que es bueno, puro, santo, humilde; pero por dentro no tiene misericordia, no es justo, no es fiel, y se olvida de que, si empieza por cuidar su corazón, lo de afuera vendrá por sí solo. Se olvida que tiene mucho que cambiar en sí mismo y se distrae fijándose en las pequeñeces de los demás. El día que se ponga de manifiesto –como dice San Pablo– los corazones y las intenciones de cada uno de nosotros, nos daremos cuenta el tiempo que perdimos «matando mosquitos» porque nos enojaban y no nos dábamos cuenta que se nos llenaba la casa del corazón de camellos, se nos llenaba el corazón invadido por la hipocresía.

Que Jesús hoy nos libre de este virus del fariseísmo que nos ataca a todos y que lo único que logra es enfermar y matar nuestra vida de fe que tiene que ser libre y sencilla, humilde y amorosa.

XXI Lunes durante el año

XXI Lunes durante el año

By administrador on 22 agosto, 2022

Mateo 23, 13-22

Jesús habló diciendo:

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno del infierno que ustedes!

¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: “Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale”! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro? Ustedes dicen también: “Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar”. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?

Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él. Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita. Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

Palabra del Señor

Comentario

Buen día, espero que empecemos un lindo lunes, estés en el lugar donde estés, estés como estés, deseo que todos empecemos una linda semana. Es lindo imaginar que somos miles los que dispersos por el mundo, cada día hacemos el esfuerzo por escuchar la palabra de Dios. Es lindo imaginar que ahora, al mismo tiempo que vos y yo, alguien está luchando por amar. Vale la pena seguir luchando y escuchando, porque el escuchar es una linda lucha, necesaria, para poder estar mejor, para seguir creciendo. Cuando dejamos de escuchar la voz de nuestro Buen Dios, perdemos lo más necesario, lo fundamental para respirar un aire distinto en un mundo contaminado por la falta de amor, en un mundo lleno de smog del consumismo que nos adormece la conciencia. La conciencia es la que cada día nos debería despertar de nuestra modorra espiritual de pensar y creer que somos «casi» inmortales, sin darnos cuenta que en cualquier momento, podemos partir. Por eso es interesante empezar esta semana retomando la linda escena del evangelio de ayer en donde una persona se le acercaba a Jesús a preguntarle sobre «si era verdad que son pocos los que se salvan», algo que seguramente habrá escuchado por ahí.

¿Qué imagen de Dios habrá tenido esa persona para pensar así? O ¿Qué le habrián dicho sobre las enseñanzas de Jesús? Esto es importante, porque una cosa es el mensaje de Jesús y otra muy distinta es lo que algunos entendieron, o lo que nosotros entendemos. Una cosa es nuestra fe y decir que tenemos fe, y otra muy distinta es cómo comprendo yo esa fe recibida y cómo la transmito, algo que no siempre tenemos en cuenta. Esa pregunta estába cargada de un pre-concepto, de un prejuicio, porque no preguntó… ¿Cuántos serán los que se salvan? Sino que dijo: «¿Es verdad que son pocos los que se salvan? Seguiremos con este tema estos días.

Hay algo que queda claro de Algo del Evangelio de hoy. Pocas cosas creo que hacían lamentar y enojar tanto a Jesús como la actitud de los fariseos. Como la dureza de sus corazones. Pocas veces en el evangelio Jesús se enojó tanto como ante estas situaciones. Pocas cosas, seguramente también hoy, hacen doler tanto el corazón de Jesús como el que nosotros repitamos aquellas mismas actitudes y sigamos con el corazón duro, mientras hay tanto por hacer y amar, mientras hay tantos que nos necesitan. ¿Cuáles?, te preguntarás. Todas aquellas que brotan de la hipocresía, de la cerrazón de corazón, del orgullo que nubla y entorpece nuestro modo de obrar y pensar. Duele decirlo, pero… ¡Hay tanto de eso también en nuestra querida Iglesia! No hay que tener miedo a decirlo, no hay que negarlo.

Hipocresía hay en todos lados, de eso no hay duda, pero la peor hipocresía es la religiosa, la que surge de hombres y mujeres religiosos, como los fariseos de esa época. Tan relacionada quedó la hipocresía a los fariseos, que en el diccionario aparece la palabra «fariseísmo», casi como sinónimo de hipocresía. El fariseísmo es la actitud hipócrita que podemos tener todos. Me animo a parafrasear las palabras de Jesús intentando comprenderlas en nuestra situación actual, a nuestra Iglesia. Son los famosos «ayes» de Jesús.

¡Ay, de nosotros los cristianos, que por haber recibido el don y el tesoro más grande que se podría desear, nos paseamos por el mundo pensando y sintiendo que no tenemos que cambiar nada y que malos son los de «afuera»!

¡Ay, de nosotros los cristianos de hoy, que sin darnos cuenta cerramos la puerta de la Iglesia con nuestras actitudes, con nuestros gestos, con nuestra cerrazón a tantos necesitados que andan queriendo entrar atraídos por el Padre!

¡Ay, de nosotros los cristianos, que profesamos nuestra fe, personal y públicamente dando cátedra de amor y después nos paseamos por el mundo sin amar o amando mal, desde un pedestal!

¡Ay de nosotros los cristianos que nos golpeamos el pecho dentro de las Iglesias y después somos capaces de vivir vidas paralelas y de no atender a los que más nos necesitan!

Jesús nos libre de la hipocresía y de la incapacidad para verla en nosotros mismos. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Pidamos ver, ver en serio, ver en lo profundo dándonos cuenta que todos seguramente a veces pecamos de fariseos. Señor, libranos de la ceguera y abrinos los ojos para conocerte y conocernos profundamente, con humildad y verdad.

XX Sábado durante el año

XX Sábado durante el año

By administrador on 20 agosto, 2022

Mateo 23, 1-12

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:

«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».

Palabra del Señor

Comentario

No es fácil ser constantes en la vida. A veces se nos cae en los brazos. A veces no tenemos fuerzas para levantarlos. A veces nos entusiasmamos y después, de golpe, viene un ventarrón y se lleva todo aquello que habíamos anidado en el corazón, con una fuerza que nos supera. Pero siempre tenemos la posibilidad de volver a mirar al cielo, simbólicamente, de volver a elevar nuestro corazón a nuestro buen Dios que siempre nos está escuchando, que siempre nos está mirando y sabe lo que nos pasa. Él es el único que sabe el porqué de nuestros cansancios, el porqué de nuestras dudas, el porqué de nuestros miedos y tenemos que poner la mirada en Él, una vez más, nuestro corazón donde siempre estará la fuerza necesaria para volver a empezar, para volver a decir esto me hacía bien. Tengo que volver a hacerlo, esto es mi salvación, esto es el camino: «Vos sos la verdad y vos sos la vida», «Vos sos el que me da la fuerza para seguir cada día».

Y aunque todo el mundo nos señale y todo el mundo se nos burle, e incluso piensen que invocar a Dios y buscarlo es de «infantiles» y de personas que no piensan. Los que tenemos fe tenemos que volver a decir una vez más que este es el «camino». Que pase lo que pase, siempre será el camino. Y que pase lo que pase, en él encontramos la paz. Y este camino tiene un final feliz. El final que la Palabra de Dios siempre nos enseña. El final que todos necesitamos volver a recordar en el corazón para decir: ¡Sí, es por acá!, puedo levantarme otra vez y puedo volver a empezar, puedo volver a pedir perdón, puedo volver a rezar, a mirarlo cara a cara y a decirle que acá estoy. ¡Si es verdad!, con mis debilidades, con mis cansancios, con mis dudas, con mis vaivenes, pero acá estoy.

Hoy es uno de esos días, especialmente para los que estamos con alguna responsabilidad dentro de la Iglesia, porque Algo del Evangelio de hoy es: un llamado de atención para los que transmitimos y enseñamos la fe, pero también para los que la reciben.

La «soberbia» del alma se mete en cualquier corazón, no conoce fronteras y tenemos que aprender a percibirla tanto en nuestro corazón, para expulsarla como en el de los otros, para evitar que nos haga mal. Porque a veces la soberbia de otros a nosotros, también nos ciega y nos hace tomar malas decisiones. ¿Es posible que a veces la soberbia tenga tanta fuerza y a veces vivamos como si fuéramos los únicos en este mundo? ¿Es posible que siendo tan poca cosa, nos la creamos tanto? O dirás: bueno, no es para tanto, no somos tan soberbios todos. Es bueno que cada uno se deje interpelar por las palabras de Jesús. La soberbia, en realidad, toma mil colores y tonos distintos según la responsabilidad, según la personalidad y la experiencia de vida de cada uno. Y justamente el peor mal de la soberbia es que a veces no se ve, es imperceptible. Sólo una luz de afuera puede ayudarnos a iluminar nuestro corazón y a hacernos dar cuenta, lo centrado en nosotros mismos, que estamos y cuánto nos enferma. Eso no solo puede ser soberbio el engreído que se lleva todo por delante, el altanero, sino también puede ser soberbio el apocado y silencioso, el que parece humilde desde afuera. La soberbia no es una cuestión externa principalmente, sino del corazón. Dije que la soberbia toma mil colores.

Ahora, en el Evangelio de hoy, las palabras de Jesús son lapidarias, especialmente con los que tenían una función en el pueblo de Israel. Y sin miedo tenemos que trasladarlas al pueblo de la Iglesia de Dios, especialmente a los ministros, a los que deben servir a otros, a los que entregaron su vida para servir a los demás. Cuando la soberbia ataca a los ministros de la Iglesia, obispos, sacerdotes y diáconos, consagrados y consagradas, ataca la cabeza, y si la cabeza es «soberbia», el cuerpo también se va enfermando de este virus, que a veces es imperceptible. También pasa en cualquier grupo humano, en cualquier comunidad, hasta en una empresa.

Sé que suena muy duro, pero la verdad es que hay que decirlo, no hay que tenerle miedo, especialmente nosotros, los «sacerdotes», de decir las cosas como son y de incluso evaluarnos a nosotros mismos, pero siempre con amor.

Cuando la soberbia se entremezcla con un cargo, con una posición eclesial, con una cuestión de poder, se puede transformar en una bomba de tiempo que: «más grande entre ustedes se haga servidor de los otros», «porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado». Estas palabras de Jesús, todos los «sacerdotes» deberíamos grabarlas en el corazón, vivirlas y no escaparlas. Y los laicos deberían repetirlas y decirlas con caridad a quien vean que pone «cargas en los demás, que ni ellos mismos pueden llevar». A quien escuchen que predica una cosa y después hace otra. A quién le gusta ser sacerdote para tener poder. A quién le gusta disfrutar de tener un privilegio. A quién cree ser más importante por ser llamado padre, maestro, doctor o por tener un título y haber estudiado un poco más y saber algunas cuestiones de fe. A quién somete y manipula las personas a su cargo, aun incluso sin darse cuenta. El problema no es solo del que manipula con su poder, sino también del que se deja manipular. Muchas veces la culpa, como se dice, no es sólo del –chancho–, sino del que le da de comer.

La soberbia se retroalimenta y no se extirpa del corazón hasta que Jesús no nos abre los ojos y nos ayuda a darnos cuenta, cuánto tiempo hemos perdido por andar; enfermos sin síntomas asintomáticos. No vamos a ser creíbles en este mundo que siempre espera de nosotros lo más de lo mejor, si no somos «humildes». Sin verdadera humildad, no hay evangelización profunda, no hay testimonio posible, duradero y eficaz, sencillamente porque el que nos salvó no será, creo yo; sí él no se la creyó, si Jesús fue tan humilde, ¿qué nos queda a nosotros?

Rezad siempre por los sacerdotes, rezad siempre por nosotros, los ministros de la Iglesia. Recemos por todos los que les toca servir, por aquellos que Dios eligió para que sean humildes y a veces no lo son. Todos los necesitamos. La Iglesia los necesita, vos también.

XX Viernes durante el año

XX Viernes durante el año

By administrador on 19 agosto, 2022

Mateo 22, 34-40

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?»

Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor

Comentario

Jesús desea que el «fuego de su amor ya esté ardiendo en la tierra», así decía la Palabra del domingo, sin embargo, no puede arder en la tierra si antes no arde en nuestros corazones. Esa es la clave, corazones ardientes y enamorados del amor de Dios, cristianos que hablemos menos y amemos más. Es inútil y desgastante hablar mucho, reunirse un sin fin de veces en reuniones organizativas, escribir muchos libros para que alguien los lea y no hacer nada. Muchas veces en la Iglesia perdemos mucho tiempo, mientras los demás nos esperan ahí, a la vuelta de la esquina, mientras los más pobres nos necesitan, mientras la tarea es inmensa, siempre mayor de lo que podamos hacer, pero no importa, debemos seguir adelante. El fuego de Jesús trae la división a nuestro corazón para que elijamos siempre el amor y la entrega, y no la charlatanería y la pérdida de tiempo.

Hay una cara del Evangelio que muchas veces no se ve, por diferentes motivos, pero no se ve. ¡Es una lástima!, pero creo que es así. Lleva años en la vida dar pasos en el «ver», en un ver que, en realidad es una imagen de la vida, no solo referido a la acción del ver, sino que se refiere a una «lectura», una interpretación que se hace de la vida, de lo que pasa, de lo que nos dice Jesús. Pero… ¿Por qué no se ve bien? Muchas veces no se ve porque es «más fácil» no ver en profundidad las cosas, ver en serio implica un esfuerzo y eso tiene una consecuencia, cambiar. Otras veces no se ve porque no se «tiene capacidad» para ver, somos «cortos» de vista, miopes, somos ignorantes del ver y por eso el hombre anda por la vida «viendo» lo que se le antoja y no lo importante, y además lo más común, es que lo que se le antoja pocas veces es lo más esencial de la vida. También están los que «no quieren» ver, y como se dice «no hay peor ciego que el que no quiere ver», el que mira para otro lado para evadirse de la realidad, para «hacer la suya», para justificar sus ambigüedades, para tener algo que avale sus mentiras, su doblez de corazón, su hipocresía. Creo que es un tema lindo esto del «ver», algún día lo retomaremos en nuestros audios.

¿Qué parte del Evangelio, del anuncio de Jesús a veces no se ve? Creo que un tema olvidado, y que también tiene que ver con el Evangelio del domingo, es el rechazo, las pruebas que tuvo que pasar Jesús y por eso, también nosotros. A Jesús lo pusieron a prueba muchísimas veces. En realidad, podríamos decir que su vida fue una gran «prueba». Dios se sometió a la prueba de este mundo que «no ve bien», de un mundo ciego de amor, ciego de verdad, ciego de belleza y lo que es peor, convencido además de que «ve bien».

El fariseo de Algo del Evangelio de hoy pone a prueba a Jesús. Como lo hace el mundo con Dios y con la Iglesia. Un amigo que desde hace poco que se convenció de lo lindo que es seguir a Jesús, en realidad recibió la gracia de la conversión, me dijo algo así: «Amigo, desde que estoy siguiendo a Jesús, me estoy dando cuenta quienes son mis verdaderos amigos, me estoy quedando con menos amigos» Es así, le dije, basta que uno empiece a decir lo que piensa, que rápidamente los que se autodenominan «abiertos» y «liberales» empiezan a «crucificarte» con sus comentarios y actitudes por no pensar cómo piensan ellos. Mi amigo me contestó: «Prefiero estar con Jesús» ¡Ese es mi amigo le dije! ¡Qué alegría encontrar conversos que viven la fe a veces, más convencidos que los que estamos desde hace tiempo en el camino! Debemos saber que, depende en el ambiente que nos movamos, si realmente nos jugamos por Jesús y la Iglesia, su Esposa, vamos a vivir el rechazo, la burla y la indiferencia, de los que se jactan de no creer o de creer a su manera o incluso muchas veces de los miembros de la misma Iglesia, como les pasó a muchos santos, que no fueron comprendidos por superiores, sacerdotes, obispos y Papas.

No podemos dejar de «ver» estos momentos de la vida de Jesús. Si los ocultamos o no los queremos ver, o preferimos ponerles edulcorante a las escenas del Evangelio vamos a la larga a sufrir más, porque armaremos un evangelio a nuestro modo y cuando llegue la cruz «saldremos corriendo» pensando que nos engañaron. Jesús no engañó a nadie, ni a sus discípulos, ni a nosotros. En realidad los evangelistas no engañaron a nadie, dejaron por escrito todo lo necesario para que conozcamos al verdadero Jesús. Ahora, depende de nosotros «ver» toda la realidad y también alegrarnos porque, en definitiva, Jesús ganó siempre, ayer, hoy y siempre ganará. Él siempre «ganó» las discusiones a todos los que le discutieron, no por la fuerza y su lógica en los argumentos, sino por la fuerza del amor que terminó triunfando en la cruz, en la prueba. Jesús, no perdió nunca porque aprendió a «perder», a contestar y a callar, a vivir y a morir, a frenar o seguir de largo. En realidad, Él nunca discutió, sino que mostró la verdad y calló: «Quien quiera entender, que entienda». No discutamos con un mundo o una persona que no quiere dialogar, solo mostremos la verdad que reluce por sí misma cuando la vivimos, pero necesita tiempo, mucho tiempo. Tengamos paciencia, no nos enojemos. No te enojes con los que te «ponen a prueba», es parte de la vida, es parte de vivir en la verdad. Cuanto más cerca de la verdad estemos, más nos confrontarán y nos «buscarán» para hacernos «pisar el palito».

Acordémonos que el único Evangelio que leerán algunos es nuestra propia vida, coherente, sencilla y verdadera. No nos olvidemos que muchos no desean creer en Dios, pero si pueden creer en el amor, y Dios es amor, por eso amar al hombre también es, de algún modo, amar a Dios y amando a Dios amamos más a los hombres.