Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora. Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros.
Pero debía ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros. Ustedes recibieron la unción del que es Santo, y todos tienen el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ustedes ignoren la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad.
Palabra de Dios
Comentario
Bueno… llegamos finalmente, valga la redundancia, al fin del año, terminamos un año más. Más de dos mil años desde que nació el Salvador del mundo, desde que nació ese niño que cambió la historia para siempre. Solo Dios puede cambiar la historia para siempre, hacer que todo tome un rumbo distinto. Para él todo es posible. Nada fue igual desde ese día, nada es igual desde esa Nochebuena, desde esa noche santa y de paz. Nada es igual para los que creen en él, para los que creen que ese pequeño niño era nada más ni nada menos que el «Dios con nosotros». Nada es igual para los que ponen su esperanza en su corazón lleno de misericordia y de paciencia para con todos los hombres. Nada es igual también para los que no creen, aunque no se dan cuenta. No importa, él cambió la historia de la humanidad y la seguirá cambiando.
La Palabra de Dios de hoy justamente habla de la Palabra. Juan llama Palabra a la segunda persona de la Santísima Trinidad, al Hijo que no fue creado, al Hijo del Padre que existió desde siempre, que no tiene tiempo. Juan en realidad le dice Logos, que puede ser traducido como Razón, Verbo o Palabra. Quiere decir que el Hijo es la razón de ser de todas las cosas, es lo que le da sentido a todo lo que existe, así como las palabras hacen cobrar sentido a nuestros pensamientos y sentimientos.
Las palabras sin cuerpo se hacen carne, hacen material lo que nos pasa por el corazón y la cabeza. El Hijo es la Palabra, porque por medio de él fueron creadas todas las cosas, lo invisible y lo visible. Dios crea cuando habla porque sus palabras hacen lo que dicen. Sin embargo, también, como dice Juan, esa Palabra vino al mundo, pero el mundo no la recibió, los suyos no la recibieron. Pero los que la recibieron tienen el poder de ser hijos de Dios.
De ahí se entiende un poco la expresión de la primera Carta de hoy, cuando habla del Anticristo: «Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo, en realidad, ya han aparecido muchos anticristos». ¿A qué se refiere? En realidad, el Anticristo no tenemos que pensar que será una única persona. Anticristo es todo lo que se opone al pensamiento de Cristo, y por eso el Anticristo puede surgir de los nuestros, como dice: «Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros».
El Anticristo o los anticristos no necesariamente son de afuera de la Iglesia, sino que también nos puede pasar a nosotros mismos. Todo pensamiento, todo sentimiento que se opone al pensamiento y sentimiento de Cristo, en definitiva, se transforma en un Anticristo. Y por eso duele más cuando salen de nuestras filas. ¡Cuánto duele cuando hay cristianos que rechazan la verdad, se oponen y se burlan de nuestra fe! ¡Cuánto duele cuando uno de los nuestros, por decirlo de alguna manera, se aleja de la fe y termina odiándola!
Bueno, fíjate que desde el principio pasó lo mismo, pero tiene que pasar para que se ponga de manifiesto quienes siguen o no la verdad. Nos guste o no, el error hace relucir la verdad, pero nosotros, como dice Juan, «hemos recibido la unción del que es Santo, y todos tenemos el verdadero conocimiento». No nos tenemos que alejar de la verdad. No tenemos que adormecernos y bajar los brazos. Tenemos que seguir luchando. Estamos en tiempos difíciles, sí, es verdad, pero no son mucho más difíciles o distintos a los que les tocó a todos los cristianos.
El cristiano que quiere vivir en serio su fe, no siguiendo el pensamiento del mundo, no dejándose llevar por doctrinas llamativas, extrañas, no dejándose llevar por modas pasajeras que quieren diluir la fe, le cuesta, siempre le costará. Para ser cristiano en serio hay que luchar contra nuestras propias inclinaciones que nos quieren hacer adormecer la fe, o que incluso quieren que acomodemos la fe a nuestra manera de pensar. No busquemos anticristos reconocidos, no esperemos un Anticristo muy relevante, sino démonos cuenta que el Anticristo ya está –lo dice san Juan– y eso es un indicador de que estamos en los tiempos finales.
No sabemos cuándo llegará la última hora, pero se le llama tiempo final al tiempo posterior a la venida de Cristo que se consumará con su segunda venida.
Señor, danos la gracia de ser fieles a la verdad, danos la gracia de caminar en la verdad y en la vida que sos vos y que tus enseñanzas nos iluminen para dar pasos seguros. No permitas que abandonemos la fe, no permitas que acomodemos la fe a nuestros caprichos y a las mentiras de un mundo que en definitiva nos persigue y nos perseguirá siempre, porque vos mismo lo dijiste: «Si a mí me persiguieron, a ustedes también los perseguirán».