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II Martes durante el año

Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: «¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»

Él les respondió: «¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?»

Y agregó: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado».

Palabra del Señor

Comentario

Saber descubrir a Jesús, cuando es señalado por otros, como Juan Bautista, no es tarea fácil. Hay que ser humildes para dejar que a través de otros podamos descubrir su amor en nuestras vidas. Nos gusta a veces «cortarnos» solos, o bien «idolatrar» a los que nos señalan a Jesús, creer que son ellos los mesías. Ni una cosa ni la otra.

Muchas veces se escucha decir por ahí, o incluso nos dicen a nosotros, los sacerdotes: «Yo no creo en los sacerdotes». Y me gusta responderles: «Yo tampoco. Yo creo en Jesús». Sé que por ahí te sorprende la respuesta, hasta te puede llegar a escandalizar. Pero quiero que me entiendas lo que quiero decir. No creemos en Jesús por aquel que lo «señala», por su credibilidad, sino que creemos en él por él mismo, por ser quien es, por reconocerlo como Hijo de Dios. Si fuera por nosotros, si fuera por los que lo «señalamos», si fuera únicamente por nuestra credibilidad, bueno, serían muy pocos los capacitados para señalar.

Solamente los santos de los santos. Por eso la credibilidad de la Iglesia, la mía y la tuya porque somos todos la Iglesia, no está dada únicamente por lo buena que podemos ser, por lo bueno que es la Iglesia, sino por lo bueno que es Jesús. Él es creíble, Jesús es el sostén y la razón de nuestra fe. Por supuesto que en la medida que más nos acercamos a él, en la medida que más fieles somos a su voluntad, a su amor, más factible será que los demás nos crean y crean en la verdad que anunciamos. Pero al mismo tiempo en la medida en que más amamos a Jesús, más creemos en él, menos importante es quién es el que nos «señala», solo es un medio.

Y nada más que eso. Cuando tenemos bien claro esta verdad, nada ni nadie pueden separarnos del amor de Jesús. Aunque te decepciones de un sacerdote, te decepciones de mí, te decepciones de tu catequista, de quien sea, si realmente te quedaste con Jesús, nada te apartará de él y, al mismo tiempo, nunca dejarás que los demás te vean como un Mesías, sino simplemente como un mediador, que incluso puede equivocarse, y mucho.

Algo del Evangelio de hoy nos muestra otra vez un «señalar» distinto al de Juan el Bautista, un modo de señalar que no es para edificar, para mostrar la bondad, sino para juzgar. «¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?». Es el «señalar» acusador. Es el señalar infantil, aniñado, inmaduro, que se regocija de mostrar lo que el otro está haciendo mal. ¡Cuánto hay de esto en nuestros corazones a veces! ¡Cuánto hay de esto incluso en los hijos de la Iglesia! ¡Cuánto hay de esto entre hermanos! La Iglesia da para todo, porque está formada por seres humanos, da para lo mejor y también para lo peor, porque es santa y pecadora.

A veces me maravillo del tiempo que pierden ciertos personajes dentro de la Iglesia o sectores, pero no hay que generalizar, ciertas personas, ciertas espiritualidades, ciertos modos de vivir la fe, esos que les encanta «levantar el dedo» acusador para encontrar el error, la debilidad, y tantas cosas más en los otros, mientras la realidad nos pasa por encima a todos, mientras tanta gente necesita otra cosa, mientras miles de personas necesitan de Jesús, de un Jesús Cordero, que abraza y perdona, que no juzga ni condena. Muchos se justifican diciendo que están buscando la verdad, que hay que anunciar la verdad.

«Hay que buscar y decir la verdad, hay que corregir cuando se ve algo mal», dicen con mucha seguridad. Y me pregunto… ¿de dónde sacan tiempo para elaborar hasta páginas de internet, blogs, escritos, videos de todo tipo y color, para marcar los errores de todo el mundo, mientras el mismo Evangelio muestra que no hay nada peor que «señalar» los errores de los otros y que el dueño de la ley es Jesús, y que la ley está al servicio del hombre y no para condenar? No sé cómo tienen tanto tiempo para esas cosas. A veces me parece increíble.

La ley dada por Dios es para salvar y sanar, no para condenar y señalar. Ahora, que haya personas, como vos y yo, que no la viven en su plenitud no es ninguna novedad, ni vos ni yo somos santos.

Mientras el mundo siga siendo mundo, no alcanzaremos la plenitud, no amaremos como él quiere que amemos. Podremos hacer todo lo posible, pero no podremos ser perfectos. El que «señala» y critica, el que tiene tiempo para juzgar y le resta tiempo a la posibilidad de amar, es porque todavía no descubrió al verdadero Jesús, a ese que señaló Juan el Bautista. Todavía conoce muy poco de él, aunque se sepa el Catecismo y toda la teología de memoria.

Conocerá algo de lo que le dijeron de él, «tocará de oído», como se dice, conocerá una doctrina, una ética, un manualcito para ser cristiano, pero no es cristiano de verdad. No se dejó empapar todavía de la Palabra de Dios. No hay que confundir verdad con ser implacables. Decir la verdad no quiere decir ser fariseos y señaladores de los errores ajenos.

Por otro lado, no hay que confundir misericordia con relativismo, es verdad. Tener misericordia no es que nos dé lo mismo todo. Amor y verdad, verdad y amor. Amor con verdad, verdad con amor, como nos enseñaba nuestro papa Benedicto XVI. Todos tenemos un fariseo dentro del corazón, cuidado, siempre queriendo aparecer.

Solo mirando a Jesús, viendo sus actitudes, escuchando sus palabras, dejándonos perdonar, podremos aprender a no «señalar» a los demás para destruirlos, sino siempre para construir y amar. Pidamos con amor que nos libre de este pecado, que no nos deje caer en esa tentación tan tentadora.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.