«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy.»
Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?»
Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»
Palabra del Señor
Comentario
Qué bien hace empezar este día escuchando que Jesús nos dice: «No se inquieten. No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí». Cuánto nos ayudan estas palabras en estos tiempos difíciles que nos toca vivir. Podríamos decir que todos los tiempos fueron difíciles y todos los tiempos fueron maravillosos. Pero, a veces, parece que algunos son más que otros. O a alguno les toca vivirla un poco más difícil que a otros. Por ahí te está tocando a vos. Estás triste, estás agobiado, estás cansada, estás enojado. No sabés lo que vendrá, no sabés lo que va a pasar. Pero bueno… volvamos a escuchar estas palabras. Cortá mi comentario y volvé para atrás. Volvé para atrás y escuchá esto: «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí». Creamos en lo que nos dice Jesús. Creamos, que al creerle a Jesús le creemos al Padre, y si le creemos al Padre, qué nos puede inquietar. Es verdad, la vida se pone a veces difícil, se pone dura: la muerte, la injusticia, el dolor, la tristeza, la incomprensión, la traición, la mentira, la hipocresía. Pero no nos inquietemos, porque si no fuera así, no se lo hubiese dicho Jesús a sus amigos ni tampoco a nosotros. Bueno… ¡Vamos! ¡Ánimo! A levantar la cabeza y el corazón.
Vamos a Algo del Evangelio de hoy. Un poquito metiéndonos más en este lindo texto. Sin saber de qué les estaba hablando, Tomás hizo la pregunta que muchos quisieran poder hacer y que muchos de nosotros hubiésemos querido encontrar la respuesta. La misma que te preguntás vos, que me pregunté yo alguna vez, que se pregunta tanta gente: ¿cuál es el camino? El camino de la vida: ¿cuál es? ¿Cómo conocerlo? ¿Hacia dónde vamos? ¿Dónde va a terminar todo esto? ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué tenemos que decidir? Dónde iremos a parar, dice también una zamba argentina; dónde iremos a parar. Y, finalmente, cómo saber cuál es el camino para cada uno. Cuál es el camino, cómo conocerlo y cómo saber cuál es el camino para mí concretamente. Bueno, Jesús responde mostrando no solo cuál es el camino, sino cuál es la verdad y qué es la vida. Completo. Mucho más completo que la pregunta de Tomás. Todo lo que el hombre quiere saber en una sola respuesta, en una sola frase. Todo lo que cualquier hombre necesita –vos y yo, incluso aquellos que no lo conocen, aquellos que andan caminado por la vida sin sentido, desorientados– todo eso condensado en una Persona, no en una idea, no en una ideología, no en una ilusión, no en un sistema económico, en un proyecto, sino en una Persona.
El Camino, mirá… sabes qué, el camino no es un lugar concreto, la Verdad no es una idea, una ideología, un concepto abstracto y la Vida no es la tuya o la mía. Es la Vida de Jesús, es su vida en nosotros. El Camino, podríamos decir, empieza y no termina, o terminará en la Vida eterna, la Verdad nunca terminará de comprenderse en esta tierra porque no es nuestra y la Vida nunca terminará de vivirse. ¡Qué maravilla! ¡Qué alegría! Eso es lo más lindo. ¿No te parece?
Por eso Jesús nos anima a no inquietarnos, a tener fe en el Padre y en él, como lo venimos viendo en todos estos días. Creer en Jesús nos inserta, nos mete, nos introduce en un Camino nuevo, nos muestra una Verdad que no deja de ser un misterio también, que no deja de ocultarse a veces. Algo que no termina de comprenderse, algo que se percibe, que se vislumbra, pero que no se «agarra» con las manos, que no se toma, que no se posee, no se aferra. Y, además, nos da una Vida nueva, distinta, mejor y apasionante. Le agrega un plus, digamos así, le agrega una inyección de amor a nuestra vida.
Fijémonos si creer en Jesús no nos ayuda a que nuestra vida cambie de rumbo, a que nuestra vida encuentre una luz, una verdad diferente, a que descubramos verdades que antes no veíamos, a que tengamos más vida que antes, más amigos, más ganas de vivir, de levantarse, más ganar de amar, de agrandar el corazón, de hacerlo gigante.
Fijémonos si desde que creemos en Jesús, o desde que estás escuchando un poco más su Palabra, desde que lo seguís y escuchás en serio no empezaste a caminar como quien no quiere detenerse nunca, como aquel que camina sin parar. Descansa un poco, pero sigue, como quien sabe que pase lo que pase nada lo va a frenar, como quien sabe que a pesar de las caídas siempre puede levantarse una y otra vez, como quien sabe que ese camino siempre va a terminar bien, por más que haya dificultades. El final siempre va a ser el mejor. Ya sabemos el «final», entre comillas, de la película de la vida. Si lo comparamos con una película, como la película de la vida, siempre tendrá el mejor final, será un final feliz.
Pensemos qué sería de nuestras vidas si no fuera porque tenemos fe, algo de fe, no importa cuánto, sino por lo menos un poco de fe. Pensemos qué sería de nuestras familias sin el sostén de Jesús, que nos sostuvo en ese momento de dolor. El saber que tenemos un Camino, una Verdad y una Vida que no se terminan jamás. Pensemos hoy y recemos con esta verdad. Recemos, por favor. Tenemos un Camino seguro y firme, tenemos una Verdad que no engaña nunca y tenemos una Vida que revive todo lo que toca y rodea. Todo esto en una Persona, todo lo que necesitamos está en una Persona que vino a señalarnos el rumbo de la vida, que vino a lanzarnos como un «disparo a la eternidad», como decía san Alberto Hurtado, la vida de nuestros seres queridos también, los que partieron o están por partir, la de todos. ¿Qué más podemos pedir? Lo tenemos todo. Estando con Jesús vamos caminando en el mejor camino, porque él lo es. Estando con él nunca podemos salirnos del camino porque él es el que nos lleva. Estando con él por más que nos cansemos y no tengamos ganas de seguir siempre tendremos una mano que nos levantará. Estando con Jesús aprendemos la verdad de la vida, que no es un conjunto de enseñanzas, sino que es su propia vida, su amor, su entrega hacia nosotros. Estando con él aprendemos a vivir mejor, porque todo lo que hizo él es verdad que ilumina nuestros pasos. Estando en su camino y viviendo su verdad, toda la vida es distinta porque dan ganas de vivir y dan ganas de estar siempre. Porque no solo esta vida que es pasajera, tenemos ganas de vivirla, sino que la vida que continuará a esta será mucho mejor. Estando con él la vida de los demás, la de los que más queremos, jamás nos parecerá que terminará, porque sabemos que, pase lo que pase, él tiene «habitaciones» reservadas para todos los que están en el camino con él.
Entonces… ¿por qué nos inquietamos tanto por las cosas de esta vida que no podemos resolver? ¿Por qué hacemos un mundo, entre comillas, «de lo que no es»? ¿Por qué hacemos de las tristezas algo eterno, cuando no estamos hechos para las tristezas? ¿Por qué dejamos que el sufrimiento de la vida nuble el verdadero fin de nuestro corazón? ¿Por qué dejamos que la partida de un ser querido nos angustie tanto? No se inquieten, no nos inquietemos, no nos dejemos inquietar por las cosas que pasan y que nos pasan. Acudamos a él, pidamos más fe, pidamos más amor, pidamos más esperanza.
Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.