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XI Domingo durante el año

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:

«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha».

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia.

Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones:

«No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente».

Palabra del Señor

Comentario

Buen día, buen domingo, buen día del Señor. El domingo es el día del Señor, en el que nos deberíamos dar cuenta que no hay nada más importante que él. Que él se merece toda nuestra atención, todo nuestro corazón, todo nuestro espíritu, porque él es el que nos ha dado la vida, él es que nos ha dado todo gratuitamente para que nosotros demos gratuitamente. Si los católicos comprendiéramos que el domingo es el día del Señor, ¡cuánto cambiaría nuestra vida! Muchas veces, sin darnos cuenta, hemos ido transformando el domingo simplemente en un día de descanso para nosotros, y es verdad, tenemos que descansar. Es necesario descansar, pero descansar en el Señor, descansar de otra manera, descansar con nuestras familias, con nuestros seres queridos, y descansar también dándole un tiempo a él. Él necesita que nosotros necesitemos de él. Él tiene sed que tengamos sed de él. Él tiene sed que tengamos sed de alimentarnos finalmente de él mismo, que es nuestro Salvador. Por eso, ya nos dijo tantas veces, que él es el Pan de Vida y que, si comemos de él, tendremos Vida eterna, viviremos de una manera distinta en esta tierra para alcanzar un día la plena eternidad cuando estemos con él cara a cara. Por eso, no nos olvidemos que este es el día del Señor y que él se merece algo de nuestro tiempo. Escuchá este audio de otra manera, escuchá este audio en otro lugar, date un tiempo, tomá tu Biblia, lee este texto que acabamos de escuchar, reléelo porque tiene tanta riqueza como todos los textos de la Palabra de Dios.

Y Algo del Evangelio de hoy tiene bastantes partes, podríamos decir, bastantes cosas para tocar y desmenuzar, es como una síntesis de muchas acciones que Jesús hizo y que quiere que nosotros también hagamos. Por eso, vamos a detenernos un poco hoy en la cantidad de verbos que existe en este texto que nos marcan, de alguna manera, lo que Jesús hizo y sigue haciendo. Vuelvo a repetir: lo que hizo y sigue haciendo. «La palabra de Dios es viva y eficaz». En este momento Jesús está recorriendo todas las ciudades y todos los pueblos. Así empieza el texto. Jesús sigue recorriendo tantos lugares dispersos por el mundo, donde hay tantas personas que necesitan de su amor, de su palabra. Jesús recorría, «Jesús enseñaba, dice, en las sinagogas de ellos». Jesús sigue enseñando especialmente en nuestros templos, en las iglesias, a través de aquellos que él eligió para transmitir su palabra. Jesús sigue enseñando en aquellos que leen la Palabra de Dios en silencio y aprenden de lo que él dijo. Jesús nos sigue enseñando de tantas maneras distintas. En este momento está enseñándonos. ¿Y qué enseña? La Buena Noticia del Reino, «proclamando la Buena Noticia». Jesús proclama hoy en día también a través de su Iglesia que existe una Buena Noticia, que él vino a salvarnos y que el Reino está entre nosotros. Y ese anuncio, esa proclamación, por supuesto, redunda en sanación. Jesús sanaba todas las enfermedades y dolencias. Jesús sanaba a aquellos que se acercaban con fe y sigue sanando a los que se acercan con fe. Por eso, no nos sorprendamos si hoy el Señor realiza alguna sanación, en tu corazón y en el mío, de alguna manera, con alguna palabra, con algún gesto, con alguna acción de alguien. Jesús nos quiere sanar de tantas enfermedades y dolencias de nuestras vidas.

«Jesús sigue viendo a la multitud y tiene compasión», dice el texto. Vio y tuvo compasión, porque nos ve fatigados y abatidos, cansados. A veces andamos en esta vida «como ovejas que no tienen pastor». Dando vueltas en círculos sin saber a donde ir, sí, por ahí con todo, pero en el fondo con nada. Por eso, hoy también levantemos la cabeza y veamos a los demás, a tantas personas que tienen necesidad de compasión y que nadie los ve, porque solo Jesús los ve.

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder, los envió también. Tres acciones que muestran la maravilla de un Dios que eligió a doce hombres comunes y corrientes como nosotros, también enfermos, con dolencias, con tristezas, con debilidades para darles el poder.

¿Te imaginás lo que debe haber sido ese momento en el que Jesús les dio el poder verdaderamente y los envío para que ellos hagan lo mismo? ¡Qué maravilla que deben haber sentido los discípulos al darse cuenta que podían realizar acciones maravillosas que no venían de ellos mismos! De la misma manera, hoy el Señor en la Iglesia nos convoca, nos reúne, porque solo él puede unirnos, nos da el poder y nos envía para que hagamos lo mismo, para que sanemos, para que busquemos a los que están perdidos, para que resucitemos a los muertos, para que purifiquemos a los leprosos, para que ayudemos a expulsar a los demonios.

Por eso, alegrémonos hoy de que él Señor nos da gratuitamente tanto amor, tanto poder para sanar, y por eso tenemos que dar gratuitamente como hemos recibido.

Que tengamos un buen domingo y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.