• www.algodelevangelio.org
  • hola@algodelevangelio.org

Feria de Navidad

Hijos míos:

Nosotros amamos porque Dios nos amó primero.
El que dice: «Amo a Dios»,
y no ama a su hermano, es un mentiroso.

¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve,
el que no ama a su hermano, a quien ve?
Este es el mandamiento que hemos recibido de Él:
el que ama a Dios
debe amar también a su hermano.

El que cree que Jesús es el Cristo
ha nacido de Dios;
y el que ama al Padre
ama también al que ha nacido de Él.

La señal de que amamos a los hijos de Dios
es que amamos a Dios
y cumplimos sus mandamientos.

El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos,
y sus mandamientos no son una carga,
porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo.
Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.

Palabra de Dios

Comentario

¿Sabías que, si alguna vez lograste hacer algo que humanamente parecía imposible, lograste entregarte hacia alguien dándote a vos mismo y después pensaste cómo fue posible hacer esto; sabías que eso no pudo haber venido de otro lado que de Dios? Si nosotros no somos capaces de amar, de tener caridad hacia alguien que nos parecía imposible, si hemos sido capaces de perdonar… pensá. Y sabés que pudiste perdonar lo que parecía imposible o te agachaste, te hiciste otro cercano a alguien que estaba sufriendo.

Fuiste capaz incluso de, no sé, limpiar a una persona darle parte de tus bienes. Pensá en la obra de caridad más grande que te ha salido del corazón en tu vida. Bueno, ¿sabías que eso no pudo haber venido de otro lado, de otro lugar que no es de Dios mismo?

«Nosotros amamos porque Dios nos amó primero». El amor procede de Dios, la caridad procede de Dios. El amor humano procede del amor humano, de nuestros afectos, de nuestras relaciones humanas naturales, amistades que hemos elegido, familiares, pero incluso –vos sabés muy bien y yo también– a veces en la familia necesitamos caridad, no el simple amor humano, no el vínculo de sangre, no alcanza. A veces nos cuesta amar muchísimo a nuestros seres queridos, porque, bueno, no los hemos elegido.

Por eso el amor más simple, podríamos decir, el más fácil es el de la amistad, que es el que se elige. Pero bueno, no quiero irme por las ramas. Lo que quiero decir es que la caridad procede de Dios, la caridad es el amor a los otros por amor a Dios; y como Dios nos amó primero, y hemos experimentado ese amor y tenemos que seguir experimentándolo, es de ahí donde surge la fuerza, incluso la necesidad de amar a los otros como Dios nos ama. Por eso el que dice que ama a Dios, pero no ama a su hermano, es un mentiros.

Es un mentiroso, a veces me sale decir en las confesiones cuando hay ciertas personas que se acercan y dicen: «Padre, yo no tengo pecado». Paradójicamente a veces pasa eso en las confesiones, le cito la Carta de San Juan que dice: «El que dice que no tiene un pecado es un mentiroso». Fíjate lo de hoy también. Cualquier acto de falta de caridad contra un hermano es de alguna manera un acto y una falta de amor hacia Dios. El que no ama a su hermano es un mentiroso diciendo que ama a Dios.

Claro, es fácil decir que amamos a Dios, que no vemos y que es bondadoso con nosotros, nos perdona siempre y nos escucha, es fácil decir que lo amamos pero finalmente despreciar a un hermano, por ejemplo, es un signo claro de nuestra falta de amor a Dios.

El que ama a Dios ama a todo lo que nace de Dios, todos nosotros, vos y yo, nacemos de Dios, hemos nacido de Dios. Hasta el peor delincuente en este mundo, hasta la persona más despreciada por el mundo, es amada por Dios como nos ama a vos y a mí, porque «Dios es Padre y hace llover sobre buenos y malos». Por eso qué bien nos hace terminar este tiempo de Navidad planteándonos verdaderamente nuestra fe, nuestra fe está vacía si no podemos o si nos decidimos amar a los demás.

Una cosa es lucharla, todos tenemos que lucharla para amar, todos tenemos que volver a empezar, todos tenemos que volver a decir: «Señor, ayúdame, ayúdame a perdonar, ayúdame a ver mejor a esta persona, ayúdame a verla con tus ojos». Eso es una cosa; ahora, otra cosa es cuando hemos decidido a no amar. Si decidimos no amar, rechazar toda lucha interior, en el corazón y nos golpeamos el pecho, como se dice habitualmente, vamos a Misa, rezamos, recibimos la Eucaristía, pero nos decidimos a no amar, a defenestrar a los demás, a criticar con voluntad, con decisión, a despreciar a otros.

Bueno, el amor de Dios no está en nosotros…no está en nosotros. Y eso es lo peor. Ese es el peor de los pecados, porque incluso a veces pasa al revés. Hay personas que no vienen a Misa, no reciben los sacramentos y a veces aman a los demás con un amor que procede de Dios y no se dan cuenta, y perdonan y son bondadosas. Entonces la señal que amamos a Dios es que cumplimos sus mandamientos, su mandamiento o sus mandamientos, pero que está resumido en uno solo: amar a los demás como él nos ha amado.

Por eso hay que seguir insistiendo en que Dios nos ama infinitamente; y si Dios te ama infinitamente, tenés que ser capaz de amar. Tenemos que ser capaces de amar como él ama. Los mandamientos no son una carga, porque la caridad en definitiva es un yugo liviano, un yugo suave que nos aligera la carga, en realidad para ayudarnos a amar mejor y más.

Que el Señor nos conceda a todos la gracia de sentirnos a todos amados, experimentarnos a todos amados por él, para que realmente podamos amar a nuestros hermanos.