Jesús dijo a sus discípulos:
«No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.
Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande.»
Palabra del Señor
Comentario
Seguimos con la historia de Facundo, este joven que vivió una experiencia de liberación, incluso sin ser religioso, incluso considerándose ateo. Bueno, después de haberle pedido a Jesús a su manera que lo sane de esa crisis durísima que estaba viviendo, después de haber vivido esa crisis, incluso que tocó su cuerpo, dice que salió de ese lugar, de un estado donde estaba pasando todo eso y abrió la puerta y sintió como una bocanada de aire fresco que le entraba hasta en su propio cuerpo, sentía como los pulmones se le inflaron, se desinflamaron como de aire puro, de vida y se sintió nuevo, se sintió nuevo. Nunca había sentido tanta paz en su vida.
Tuvo la sensación de que algo malo había salido de su cuerpo. Tuvo la sensación, me explicaba de algún modo, de que tenía un cáncer que le había sido extirpado y empezó a ver todo nuevo, así me lo dijo: «Rodrigo empecé a ver todo nuevo. Veía a las personas con amor, a esas personas que antes incluso les deseaba el mal, personas que yo era capaz de tener violencia contra ellos. Bueno, empecé a verlas distinta». Emprendió su camino a casa, de regreso a casa para poder reconciliarse con su mujer y hasta que de golpe se encontró con una Iglesia en el camino y entró.
Entró, se tomó la cabeza, miró otra vez a la cruz y le dijo: «Yo no sé si fuiste vos, lo conoces si fuiste vos, pero si fuiste vos, gracias». Le agradeció a Jesús por esa experiencia de liberación que lo hizo ser un hombre nuevo. Una cosa increíble que yo cuando te lo estoy contando no es que no termino de creer, pero tanta es la alegría, tan impresionante es el cuento que me llena de alegría, me llena de gozo y te lo quería contar y seguir contando algo más para que tengas ánimo, para que tengamos esperanza, para que sigamos en este Adviento caminando con esperanza, sabiendo que el Señor hace lo que parece imposible, el Señor toca los corazones de tantas personas en este momento. Sí, es verdad, hay mucha crisis, hay muchas dificultades fuera de la Iglesia, dentro de la Iglesia, mucha gente que parece que está lejos de Dios pero al mismo tiempo él sigue haciendo su obra y su gracia, la gracia que se derrama a través de la Iglesia llega de maneras misteriosas a través de tantas personas.
Sigamos por este camino de la esperanza, recemos por tantos Facundos que están encontrando de alguna manera el amor de Dios en sus vidas. Un ateo, incluso un ateo, también puede empezar a creer. Y hoy en Algo del Evangelio, escuchamos estas palabras tan directas, tan fuerte de Jesús para sus propios discípulos advirtiéndoles que no basta con decir «Señor, no son los que me dicen: “ Señor, Señor”, no son, podríamos decir también hoy, los que se golpean el pecho al frente mío como reconociéndose cercanos a mí los que van a entrar en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre estarán en el cielo». Sí, es verdad, hay que rezar, hay que reconocerse débil, pecador, hay que acercarse a la Iglesia mucho, hay que sentir a la Iglesia como la comunidad, hay que ayudar.
Sí, todo eso está perfecto, pero para entrar en el Reino de los Cielos, digamos que para empezar a vivir hoy el Reino de los Cielos, para vivir como hijos de Dios, para aceptar su amor concretamente en cada cosa que hacemos, por supuesto para algún día llegar definitivamente al Reino de los Cielos tenemos que cumplir la voluntad del Padre que está en el cielo.
Porque ¿qué es el Reino de los Cielos? Bueno, el Reino de un Padre con sus hijos, con hijos que deben ser obedientes con lo que él Padre pretende. Un Rey que quiere reinar en cada uno de nosotros por medio del amor, y para eso hay que hacer su voluntad, hay que preguntarnos si estamos construyendo nuestra vida sobre la roca firme que es Cristo o simplemente estamos haciendo una religión, una fe a la carta, una fe a nuestro modo, sin escuchar lo que el Padre quiere.
Muchos son los cristianos que día a día hacen cosas por él, muchas cosas buenas pero que no siempre hacen la voluntad del Padre. A mí como sacerdote me pasa lo mismo, podemos estar haciendo un montón de cosas, puedo estar golpeándome el pecho cada día, pero si no hago la voluntad del Padre en definitiva cuando vengan las lluvias, cuando se precipite los torrentes, cuando vengan las crisis, si no estamos asentados sobre la voluntad del Padre, si no estamos haciendo lo que él pretende, en definitiva, qué estamos haciendo.
Por eso este tiempo de Adviento es para que pongamos una vez más la mirada sobre la roca que es Cristo y darnos cuenta que si hacemos lo que él Padre pretende nada podrá derrumbar nuestra vocación, nuestra misión y estando en camino, haciendo lo que él pretende siempre llegaremos a buen puerto.