• www.algodelevangelio.org
  • hola@algodelevangelio.org

I Jueves de Cuaresma

Jesús dijo a sus discípulos:

«Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.

¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.»

Palabra del Señor

Comentario

Vivir también de las palabras que salen de la boca de Dios es todo un desafío, es el camino de toda nuestra vida, de todo cristiano. Es necesario aprender a alimentarse de lo que realmente vale la pena y sacia el corazón, pero al mismo tiempo nos deja siempre con «más hambre» para después, y nos permite seguir deseando todo lo que viene de él. Por eso, en cada Cuaresma se nos invita a escuchar y alimentarnos más de las palabras que salen de la boca de Dios, a tomar conciencia que tenemos muchas veces el oído del corazón atrofiado de tanto escuchar «pavadas» y que hemos perdido la capacidad de escuchar y ver más allá de lo que oímos y vemos, como decíamos ayer.

Escuchar las palabras que salen de la Sagrada Escritura, de la Biblia, pero también las palabras que nos llegan por otros caminos, por otros medios, como las personas que tenemos al lado o de tantas maneras que Dios utiliza para hablarnos, es lo que realmente nos ayuda.

Lo lindo, lo que realmente ayuda, es aprender a escuchar a Dios en todo y en todas las cosas, sabiendo que lo espiritual aprendemos a percibirlo desde lo material, pero para eso… jamás hay que renunciar a escucharlo en su palabra escrita de cada día, en definitiva, es lo mismo, a través de un libro Dios nos habla. Porque ese es el momento más sustancioso que nos ayuda a estar atentos en todo el día y saber qué nos dice en los acontecimientos y personas. Seguiremos con esto hasta que termine esta semana.

Algo del Evangelio de hoy nos enseña a alimentarnos bien de las palabras de Dios. La frase final dice así: «Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos», es la regla de oro para ser un verdadero hijo de Dios, para vivir por los demás y no para nosotros mismos y también es la frase que nos ayuda a entender bien la primera parte del Evangelio que fácilmente puede interpretarse mal.

¿Qué tenemos que pedir? ¿A quién y qué tenemos que buscar y llamar? El peligro de interpretar mal estas palabras puede hacer que en vez de ser palabras de aliento y consuelo se puedan transformar en palabras de desazón y desconfianza en Dios que es Padre. ¿Por qué digo esto? ¿Por qué nos tenemos que preguntar? Todo lo que le pedimos al Padre, ¿él nos lo tiene que dar? ¿Tan fácil es todo? ¿A qué se refiere? ¿Dios es el que complace o debe complacer todas nuestras necesidades materiales y espirituales en cuanto se las pida, en el momento en que yo quiera?

¡Cuánta desilusión en tanta gente que se enoja con Dios Padre porque no le dio lo que le pidió! «Padre: Dios no me escucha. ¿Por qué no me escucha? ¿Por qué le pido algo siempre no me lo da? ¿Por qué no sana a la persona que yo quiero? ¿Por qué no me ayuda con este o tal problema?». Por eso tenemos que ir más profundo. Pensalo, te animo a que lo pienses.

¿A qué se refiere entonces la Palabra de hoy? Se refiere principalmente a la frase final. Pedirle al Padre sin desfallecer, sin cansarnos, esperando siempre que nos abrirá lo que necesitamos justamente para ser buenos hijos y por eso, finalmente, buenos hermanos. El buen hijo es buen hermano. Pedirle todo aquello que nos ayude a hacerles a los demás lo que nos gusta que nos hagan a nosotros.

Nuestro Padre del cielo es el primer y gran interesado en que entre nosotros seamos buenos hermanos y por eso nos enseña por medio de Jesús, su Hijo, qué tenemos que pedir, buscar y llamar. Pedir ser hijos en serio, pedir ser hermanos de todos, no cansarnos de buscar y llamar para que renazcan en nosotros los mismos sentimientos de Jesús. El Padre jamás niega su Espíritu a quienes se lo piden y es su Espíritu el que nos hace hijos y hermanos.

Es por eso que te estarás dando cuenta que los tres consejos que se nos da en la Cuaresma no pueden separarse. Así lo dice un santo muy claramente y creo que nos puede ayudar a reflexionar hoy, dice así: «El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia –que sería la limosna– es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse.

Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros, no posee ninguno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que prestes oídos a quien le suplica, aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica». No podemos pedirle a Dios cosas que nosotros no deseamos dar a otros. El que pide perdón, debe darlo. El que busca amor, debe también entregarlo, transmitirlo. El que llama deseando tener paz, debe vivirla con nosotros.

Imaginemos hoy esta situación: todos arrodillados, o todos, no sé, mirando al cielo, en una actitud de súplica, pidiendo como podamos y nos salga, la gracia y la fuerza para hacerle hoy a alguien lo que nosotros siempre deseamos que se nos haga. Imaginemos que esto es posible y que el Padre del cielo nos dará esa fuerza, nos dará lo que necesitamos para amar cada día más.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.