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I Lunes de Cuaresma

Jesús dijo a sus discípulos:

«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver.”

Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, ¿y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, ¿y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”

Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.”

Luego dirá a los de su izquierda: “Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron.”

Estos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?”

Y él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo.”

Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.»

Palabra del Señor

Comentario

«No vivimos solamente de pan», del pan material, no vivimos de las cosas materiales de este mundo que nos rodean simplemente, no nos engañemos, no nos dejemos tentar por el «pan» de este mundo que perece, que se pudre, y no nos da la verdadera vida. Ahora seguro vos y muchos más están escuchando con sus hijos la Palabra de Dios. Pregúntale ahora, frená el audio y pregúntale a tu hijo o a tu hija pequeña, pregúntales incluso a tus seres queridos qué necesitan verdaderamente de vos, qué necesitan. Hacé la prueba.

Me contó una madre que su hijo es casi un «fan» de los audios, que los escucha muchas veces, y que ella le dice: «Pero ya lo escuchaste». «No, le dice él, porque quiero conocer más a Jesús». Él quiere seguir conociendo a Jesús y quiere escuchar mucho. Bueno, pregúntale a él, pregúntale vos, a tus hijos, a tus hermanos, a tus padres, a los más queridos: ¿Qué necesitan realmente de vos? ¿Qué necesitás de mí? ¿Qué es lo que realmente querés que yo te dé? Solo Dios puede saber las tantas respuestas que surgirán en este momento de los que están escuchando, pero me animo a decir que seguro que no te están diciendo: «Papá, necesito que me compres esto, lo otro, necesito que me des algo de tu sueldo, necesito un mejor auto»; me imagino que te estarán diciendo: «Ma, pa, papá, mamá, te necesito a vos, necesito que estés más conmigo, que me escuches, necesito tu presencia».

Y si le preguntamos a Jesús qué necesita de nosotros… ¿vos crees que él nos dirá que necesita de nosotros «cosas», materiales, del pan material? ¿Vos pensás que lo único que necesitamos en el día es comer o tener cosas? «No vivimos solamente de pan», sino que vivimos de todo «amor» que sale de la boca de Dios, porque sus palabras son amor, vivimos del «amor» que sale del corazón y de la boca de los otros, de la mirada y de los gestos, que brota de aquellos que nos aman.

¿Cuándo nos vamos a convencer de esta gran verdad? ¿Cuándo nos vamos a convencer que lo que necesitamos para ser felices no es un sueldo más alto únicamente, aunque ayuda, por supuesto, sino que nos necesitamos mutuamente, necesitamos vernos y sentirnos hermanos? ¿Cuándo se van a convencer mamá y papá que lo que necesitan sus hijos no es únicamente ropa, buena comida y darle «lo mejor», como se dice, una buena educación, sino que lo mejor que le podemos dar es nuestro propio corazón, nuestra vida? No vivimos solamente de pan, decíamos ayer, en el Evangelio del domingo, vivimos de algo mucho más grande y duradero, del amor recibido y dado.

El tiempo de Cuaresma es tiempo de volver a sentir esta verdad, de volver a experimentar que muchas veces nos perdemos en tantas cosas y terminamos olvidando lo esencial. Cuaresma es tiempo de purificación de tanta «inmundicia» que nos envuelve, que nos penetra el corazón y nos inmuniza de tanto dolor dando vueltas y de tanto amor perdido. No percibimos el dolor a veces que nos rodea y nos vamos olvidando del amor que nos reclama. El sistema de este mundo lamentablemente es perverso, es lindo este mundo, es verdad, es creado por Dios, pero los que lo habitamos a veces lo hacemos perverso, tiene mucho de perverso y sin querer nos vamos acoplando, amoldando a él, nos vamos mimetizando con él y podemos ser cristianos que seguimos a Jesús, pero capaces de olvidar lo elemental de nuestra fe, del tener en cuenta el dolor del que está sufriendo, al sediento, de olvidarnos del hambriento, del enfermo, del preso, del desnudo, del sin techo. Con el mundo me refiero a la mentalidad de este mundo, no a la creación que Dios nos dio.

Sin darnos cuenta en definitiva lo único que importará el día que nos veamos cara a cara con Jesús es lo que escuchamos en Algo del Evangelio de hoy… si fuimos capaces de salir al encuentro de los demás y de salir de nuestro «mundito» interior, de nuestro «mundo familiar», de nuestros corazones que se hacen a veces «barrios cerrados», «countries» donde no puede entrar nadie más que los «permitidos».

Este mundo en el que vivimos tiene mucho de perverso, disculpa mi aparente pesimismo, pero creo que es así… Este mundo con la desigualdad «fabrica» pobreza y pobres, y después los descarta, no se hace cargo, se «lava las manos», como Poncio Pilato. Es capaz de decir: «Son pobres porque eligieron serlo», y eso no es tan así. Es ahí donde debe aflorar un cristiano, es ahí donde tenemos que aparecer nosotros para luchar por aliviar el dolor de tantos «descartados» como cosas con vencimiento, nosotros no podemos transar con la lógica del utilitarismo, de que solo sirve lo que es útil para algunos. No nos lavemos las manos, estemos atentos, todos podemos hacer algo.

No esperemos que los de arriba solamente lo hagan, el mundo es así desde que es mundo, su lógica es distinta, es la lógica del «no jugarse» y de pensar que «vivimos de pan» y que con un poco de dinero todo se soluciona, y eso no es verdad. Lo que soluciona los problemas es el amor, el amor tuyo y mío, ahora y no mañana, ahora sin esperar que los otros solucionen lo que ellos mismos crearon muchas veces. Al fin y al cabo, nos juzgarán por eso, a vos y a mí y eso no nos debe dar miedo, sino todo lo contrario, ánimo para ir a lo esencial, para no gastar energías y corazón en donde no vale la pena. Jesús nos está esperando para abrazarnos y guiarnos hacia a su derecha. Así quiere el Padre encontrarnos un día a todos.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.