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II Lunes de Cuaresma

Jesús dijo a sus discípulos:

«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.»

Palabra del Señor

Comentario

La Palabra de Dios es viva y eficaz, hace lo que nadie puede hacer, realiza lo que veces nosotros no podemos hacer por nuestras propias fuerzas. La Palabra de Dios es eficaz porque hace lo que dice, tarde o temprano logra lo que quiere, aunque no lo parezca. La Palabra de Dios, un lunes a la mañana, es «resucitadora», ayuda a levantarnos y a decir: «Hoy me levanto», «Hoy quiero algo distinto», «Hoy puedo, hoy puedo amar más, hoy puedo vivir de otra manera». La Palabra de Dios, no te olvides, es el mismo Jesús que se manifiesta en su Sagrada Escritura y también de tantas maneras distintas.

Ayer me quedó una frase resonando en el corazón que no la pude comentar y me parece que nos puede ayudar esta semana junto con la imagen de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor, con las manifestaciones de Jesús en nuestras vidas, que no podemos olvidar si queremos seguir firmes en la «cuaresma» de nuestras vidas, en el camino hacia la Pascua. Jesús les dijo a los discípulos: «Levántense, no tengan miedo».

¡Qué lindas palabras! ¡¡No tengamos miedo, levantémonos!! ¿Cuánta gente anda tirada por ahí sin querer levantarse? ¿Cuántas personas, por ahí vos y yo también, andamos necesitando otros Cristos que se animen a tendernos la mano, a levantarnos, para animarnos y decirles que no debemos tener miedo? ¿Cuántos de nosotros nos olvidamos que la vida no es solo prueba y prueba, sino también consuelo que hay que aprender a descubrir en cada detalle? Jesús levantó a sus discípulos del suelo para que no se queden ahí tirados; así como nos levanta a nosotros hoy y nos anima a levantar a otros. Vamos, ánimo.

¡No dejemos que nos roben las ganas de vivir! ¡No dejemos que las luchas de esta vida nos quiten el ánimo de levantarnos! ¡No permitamos que un mal trago nos arruine el día! ¡No dejemos que el orgullo nos opaque las ganas de amar! ¡No dejemos que el querer ser servidos nos impida pedir perdón primero! ¡No permitamos que la violencia de otros nos ponga violentos, estamos para otra cosa, estamos para andar animando a otros, para ayudar a que sientan que Jesús está siempre entre nosotros! ¡No dejemos que la calumnia ajena nos quite la paz!

¡No perdamos la calma ante los que nos critican! ¡No dejemos que la falta de misericordia de este mundo nos endurezca el corazón! ¡No permitamos que la condena social y de los que tenemos cerca nos lleven a condenar a otros! ¡No permitamos que la falta de perdón nos atrofie el corazón y lo deje seco y duro como una piedra! Levántate, levantémonos, no tengamos miedo, Jesús está siempre y el Padre quiere que lo escuchemos cada día, con paciencia y perseverancia. Tomate un tiempo hoy para escuchar. Hagamos el esfuerzo. Intentemos hoy escuchar la Palabra dejando de hacer lo que seguro ahora estás haciendo. ¿No te das cuenta que no se puede hacer todo al mismo tiempo?

¿No nos damos cuenta que por «aprovechar» el tiempo en realidad se lo perdemos? Si mientras estamos escuchando ahora, no nos damos cuenta y tomamos conciencia de que estamos haciendo o pensando en otra cosa, frená el audio y volvé a empezar, frená el auto, frená lo que estás haciendo. ¿Qué te cuesta? Es mejor. Nadie hace más cosas que el que hace una por vez. Probemos.

Algo del Evangelio de hoy, tan cortito pero sustancioso, nos anima a levantarnos creo yo de la modorra espiritual. Nos anima a no tener miedo y a poner el corazón donde vale la pena. Porque mientras el mundo avanza, tus proyectos también, lo de tu comunidad, lo de tu parroquia, tu grupo, tu trabajo, mientras todo avanza, no debemos olvidar que lo que más tiene que avanzar es nuestra misericordia, nuestra capacidad de perdón, nuestro «no juzgar ni condenar».

¿De qué sirve avanzar en tantas cosas de la vida si no avanzamos en lo más esencial, que es lo que alivia y da paz al corazón? ¿De qué sirve tener todo y pedirle a Jesús todo, si no tenemos misericordia ni perdón para los que se equivocan? ¿De qué sirve si tus hijos tienen todo, toda la educación posible, todo lo material posible, si no aprendieron de tu boca y de tus gestos y de tu corazón a no juzgar y a no dejar de condenar?

¿No nos damos cuenta que aquí está el corazón del evangelio muchas veces tan olvidado? ¿Nos damos cuenta de por qué la Cuaresma nos quiere llevar a lo esencial? ¿Nos damos cuenta cuántas veces hemos destruido personas por nuestra falta de misericordia y de perdón? ¿Nos damos cuenta que esos que alguna vez despreciamos u ofendimos, que no perdonamos y juzgamos, es tan hombre y mujer como vos, tan débil y con tantos problemas como vos y yo? Jesús es misericordioso, pero por supuesto no es tonto, no se hará el tonto cuando nos juzgue. Nos juzgará con misericordia, como solo él puede, pero en la medida que nosotros vayamos aprendiendo a hacer lo mismo. Por eso será misericordiosamente justo.

¿Cómo nos dará la cara para pedir perdón y misericordia si nosotros hoy somos incapaces de darla? ¡Cuánta necesidad de conversión tenemos todos! ¡Qué lindo será hoy pedirla, y no tener miedo y levantarnos! ¿Sabés por qué a veces andamos tirados en el piso y con miedo? Porque no somos capaces de perdonar, de dar misericordia, de callar y no condenar tan rápido. La falta de perdón y la soberbia nos va aplastando el corazón. ¡No nos dejemos aplastar! ¡Arriba, que hoy podemos volver a levantarnos, hoy podemos resucitar una vez más y mostrarle a Jesús que estamos dispuestos a vivir como él quiere, que estamos dispuestos a vivir en paz! Para vivir en paz, tenemos que aprender a tener misericordia.

Que tengamos un buen lunes y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.