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V Lunes durante el año

Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.

Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.

Palabra del Señor

Comentario

¡Qué bien nos hace empezar esta semana con deseos de ser sal y luz, con deseos de que otros sean para nosotros también sal y luz, que otros nos den un poco de su amor, del sabor que tienen para dar, que otros nos den su luz, la luz de Jesús que hay en tantos cristianos dispersos por este mundo! Porque sí, hay mucha gente buena que desea hacer el bien. No cerremos los ojos a la bondad de Dios. Hay mucho amor de Dios en corazones que son sal y luz en este mundo. Solo hay que aprender a encontrarlos.

La Palabra de Dios tiene que ser para nosotros el primer «empujón» del día, el «envión» para empezar, para arrancar la semana. ¡Cuánta gente me escribe diciendo: «Padre, ¡cuánta gente empiezo el día escuchando la Palabra de Dios! ¡Cuánta alegría, cuánto gozo me da recibir esos mensajes!». Es lo más importante.

¡Y cómo cuesta empezar a veces los lunes o por ahí es algo mío! Pareciera que todo nos pesa un poco más. Si andás por la ciudad, si andás por algún medio de transporte, o incluso en tu misma casa, seguramente vas a ver caras con «poca felicidad». Bueno, pero no importa. Empecemos hoy todos con ganas de volver a escuchar esta gran verdad. SOMOS sal, SOMOS luz. Seamos conscientes de eso y vayamos con el «salero» en la mano, y con el candelero en el corazón, en realidad el salero está en nuestro corazón también.

Sonreíle al que atiende el negocio a dónde vas a comprar algo, sonreíle a tus hijos, haceles el desayuno con más amor, sonreíle al que maneja el ómnibus, sonreíle al portero de tu edificio, al empleado, a tu jefe, a tu marido, a tu mujer, sonreí. La sal está para salar, el amor de nuestro interior está para darlo. La luz sirve para iluminar, tus palabras y tu sonrisa también. Vamos a seguir con estas lindas imágenes de la sal y luz esta semana.

La Palabra de Dios es una maravilla, nunca me cansaré de decírtelo y de decírmelo a mí mismo. Nunca terminaremos de descubrir completamente toda la verdad que encierra la Palabra de Dios, depende de nosotros seguir o no.

Me acuerdo una vez cuando celebré una misa que al final hicimos una procesión con la Eucaristía, con el Santísimo sacramento entre la gente. Y me acuerdo que fue bastante largas, alrededor de 45 minutos. Bueno, ¿cómo explicar lo que es ese momento? ¿Cómo explicarte si nunca lo viviste? Bueno, en realidad es fácil. Fue de alguna manera o es de alguna manera cuando hacemos así Algo del Evangelio de hoy. O sea, muchísima gente que se agolpa alrededor de Jesús, con enfermedades, ciegos, del corazón, con discapacidades, pero fundamentalmente con enfermedades del alma que tanto nos atormentan, como a vos y a mí.

Todos un poco enfermos, así estaban ese día tantas personas alrededor de Jesús, la única diferencia entre el Evangelio de hoy y ese día, cada vez que hacemos eso con el Santísimo sacramento es que en el caso mío yo lo llevaba en las manos para presentárselo a los demás, aunque en realidad él me llevaba a mí. Siempre en esas procesiones Jesús nos sorprende a los sacerdotes, poniéndonos ante situaciones de mucha fe que nos hacen tanto bien y por eso nos hace bien que nos sacuda el corazón y que nos diga Jesús a todos: «¿Te das cuenta que el Evangelio no es un cuento? ¿Ves que lo que lees cada día en la Palabra de Dios se repite todos los días, especialmente en los sacramentos, especialmente cuando la gente se agolpa buscando la sanación de Jesús?».

Cuando olvidamos la frescura del Evangelio, la actualidad que tiene, cuando olvidamos que lo que leemos no es una historia del pasado, sino que es un presente continuo, entonces la Palabra de Dios se vuelve algo lindo, pero no algo que transforma, no algo que cambia. Ahora… cuando uno ve con sus propios ojos que hay gente enferma que se agolpa para «tocar a Jesús», por lo menos los flecos de su manto, uno se enciende otra vez, uno se da cuenta en el corazón que Jesús está vivo.

Cuando uno como sacerdote ve que hay gente que le encanta llevar a otros y rezar por otros, buscando la sanación por amor a otros, uno vuelve a renovarse, uno vuelve a creer de una forma nueva, uno vuelve a decir que vale la pena, vale la pena ser sacerdote, vale la pena ser cristiano u tener fe. Es lindo ver el Evangelio en vivo y dejar a veces de hablar tanto y no darnos cuenta que es una realidad continúa. Es bueno ver que Jesús sigue sanando, sigue pasando por nuestras vidas.

Es sanador ver cómo la Iglesia, especialmente en los sacramentos como la Misa, se vuelve en un «hospital de campaña» para tantos enfermos de la vida, como en la Palabra de hoy, donde andaba Jesús todo se transformaba en un hospital, sencillo, pero hospital al fin. Enfermos y enfermeros por todos lados. Si estás sufriendo o viviendo algo difícil, sé que entendés de qué te hablo. Si no tenés ni un problema en tu vida, si todo anda muy bien, por ahí estarás pensando que esto no te dice nada. Puede ser.

Pero nunca creas que a vos ni a mí no nos va a pasar nada en la vida. Nunca despreciemos el modo que tienen algunos de acercarse a Jesús en el dolor, a veces un poco «alocado», tirándose incluso ante el sacerdote para tocar «el fleco de su manto». Nunca nos burlemos del que parece un poco «loco» por Jesús. Es verdad, como decimos a veces: «Hay de todo en la viña del Señor». Pero eso es lo lindo de la viña, que «hay de todo», en ese «hay de todo» también estamos vos y yo. No nos creamos excluidos.

Con sinceridad te digo que me gustaría a veces estar un poco más loco de amor por Jesús, hasta pasar por loco, como le pasó a él también. A veces me gustaría que no me importe nada y poder tirarme a los pies de él como lo vi en esa misa y como lo veo tantas veces en vivo y en directo. ¿A vos no? Si al final de cuentas, en el ocaso de nuestras vidas, ¿Qué tendrá en cuenta Jesús al vernos cara a cara? Cuanto lo hemos amado, pero con el cerebro, sino con el corazón.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo que, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.