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VI Viernes de Pascua

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.

La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.

También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquel día no me harán más preguntas.»

Palabra del Señor

Comentario

¡Qué lindo es escuchar que Jesús nos puede dar una alegría que nadie nos podrá quitar! Que nos da una alegría que nadie nos puede quitar. ¡Qué bien hace escuchar eso! ¡Qué lindo que es ir terminando la semana escuchando esta buena noticia!

Para expresar esto, me parece que no hay imagen más elocuente, más gráfica, más «decidora», que la imagen del parto, la imagen del «dar a luz» que utiliza Jesús en Algo del Evangelio de hoy, para querer manifestarnos lo que tenemos que vivir en lo cotidiano. Pero no nos olvidemos que no estamos solos, no nos olvidemos de esto que estamos meditando desde el Evangelio del domingo, no estamos solos y nos hace tanto bien recordarlo. Por ahí vos estás solo, por ahí vos estás sola porque no tenés familia, porque estás enfermo, porque estás viviendo una situación difícil. Por ahí tenés todo, pero incluso te sentís solo o sola. Bueno, no estamos solos. Jesús no nos dejó huérfanos, Jesús quiso quedarse entre nosotros y en nosotros, pero para no sentirse solo hay que seguir amando, hay que seguir del encierro. ¡Vamos! Vamos que podemos. Tenemos que experimentar que jamás estaríamos solos.

Podríamos decir que la vida es esto, retomando la imagen del parto: una gran experiencia de «dar a luz», dar a luz continuamente diferentes realidades. Jesús vino a eso. Vino a pasar por este mundo para finalmente «dar luz». Para que, a través de su vida, su luz, la luz, llegue también a nosotros, a tu vida y a la mía. Pero él lo vivió personalmente. Él supo pasar eso que nosotros a veces no queremos pasar porque tenemos miedo. Parece que no sabemos qué viene después.

Nuestra vida es un gran parto. A veces lo decimos como connotación negativa: «Esto fue un parto», como expresando el dolor que vivimos, la dificultad experimentada. Pero pensémoslo positivamente. Veamos el otro lado del parto o el final. En realidad, la vida es «dar a luz». Es un conjunto de vivencias, situaciones, en las que damos y se nos da luz continuamente. Así es nuestra vida espiritual, nuestra vida cristiana, nuestra vida cotidiana. Porque la vida cristiana no está ajena a lo que vivimos. El mensaje de fe no está ajeno a la realidad de nuestras propias vidas, por supuesto, al contrario, debe meterse profundamente en nuestra vida. El que quiere escaparle a esto. El que pretende una vida sin partos, sin dolores, sin traumas, sin crisis. El que quiere buscar otro camino. El que quiere pensar que la vida no es de alguna manera un paso, un continuo ir hacia aquello que no se ve de aquello a lo que se empieza a ver, del dolor hacia algo mejor, del sufrimiento hacia algo más lindo, de la tristeza hacia lo que se puede transformar en gozo, de la muerte a la vida. El que piensa que la vida no es esto, todavía no entendió la vida, no entendió nada y se le escapa lo mejor de la vida. Porque a esto no se le puede escapar. La vida tiene esto, nos guste o no.

Escuché justo una frase o leí una frase en estos días que decía así: «Dale tiempo a la vida y la vida te explicará lo que no entendés». Dale tiempo a la vida. A veces, la vida misma, el tiempo, nos da las razones o nos ayuda a entender lo que hoy no entendemos. Pero hay que estar atentos. Jesús con su Pascua nos quiere enseñar eso: la vida es «pasar». Hay que pasar y por eso la imagen de «dar a luz» es algo tan lindo y que nos puede ayudar en este día. Hay que «pasar» por la tristeza para encontrar el gozo que nadie nos podrá quitar. Hay que «pasar» por la soledad, como venimos escuchando estos días, para experimentar lo lindo que es estar acompañado. Hay que «pasar» la soledad para darnos cuenta de que no estamos solos en realidad. Hay que «pasar» por el pecado muchas veces para saber lo lindo que es la misericordia. Hay que «pasar» por el dolor para darnos cuenta cuanto amamos a esa persona. Hay que perder un amor para valorarlo verdaderamente. Hay que esforzarse para encontrar la alegría de lo buscado. Hay que empezar desde abajo para llegar arriba. Hay que estirar la mano, para dar una mano. Hay que pasar, hay que pasar.

Pero, para eso, tenemos que aprender a vivir en paciencia. Hay que aprender a soportar y esperar para dar a luz. Eso vive una madre cuando lleva en su vientre a un hijo. Eso vive una madre cuando tiene que dar a luz. Pero miremos otra vez lo positivo: es para dar luz, es para dar un nuevo nacimiento, es para dar vida, para transformar el mundo. Una vida transforma al mundo. La vida de tus hijos transformó tu propia familia, transformó tantas cosas… Acordémonos de la primera vez que tuvimos a un hijo en brazos, a tu hijo en brazos. ¿Importó algo más? ¿Importó el dolor? Acordate del olorcito a bebé de tus hijos. ¿Hay algo más lindo que eso? El dolor desaparece cuando se da a luz.

Bueno, en esta vida, este viernes en tu vida concreta de hoy, en la mía, hay que aprender a vivir partos. Hay que aprender a veces a sufrir para encontrar cosas mucho mejores. Hay que aprender a renunciar, a morir a nuestros caprichos para encontrar el amor. Hay que aprender a morir al pecado para encontrar lo lindo que es la gracia y la vida en Jesús. Hay que aprender a callar para encontrar lo lindo que es hablar en el momento justo. Hay que aprender a vivir la soledad para disfrutar lo lindo de una buena compañía. Tenemos que aprender tantas cosas y, a veces, solamente se aprende pasando por ciertos momentos para poder «dar a luz». Si sos padre, si sos madre, no prives a tus hijos de vivir «partos» naturales en sus vidas. No hay que tenerle miedo a los momentos difíciles, porque a través de los momentos difíciles aprendemos la maravilla que es la alegría de encontrar luz cuando todo parece oscuro, cuando todo parece difícil. De todo lo malo siempre se puede sacar algo bueno, de todo lo que parece muerte siempre podremos rescatar algo de vida. Nunca estamos completamente solos como para pensar que nada nuevo puede venir.

Ojalá que tengamos un buen viernes. Ojalá que pidamos «dar a luz» diferentes situaciones. Ojalá que encontremos la alegría de estar con Jesús, sabiendo que él siempre nos ayuda a sacar resurrección de aquello que parece que está muerto o perdido.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.